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Yo, anoréxica

Publicado 05/11/2019

nangulo.es, N.Angulo, bulimia, anorexia, enfermedad mental, hospital, mujer, trastorno alimenticio, salud, juventud, adolescencia.

La Anorexia –del griego α (no) y ὀρέξις (apetito)– es un trastorno alimentario, que se caracteriza por la falta anormal de apetito, y que puede deberse a causas fisiológicas –como por ejemplo, una gastroenteritis–, que desaparece cuando cesa su causa; o bien a causas psicológicas, generalmente dentro de un cuadro depresivo –por lo general en mujeres y adolescentes–, y que puede ser muy grave.

Anorexia nerviosa primaria: sólo existe el miedo a subir de peso.

Todo empezó con un simple…

- No logro quitarme los cinco kilos que cogí el verano pasado - dije yo - ¿Verdad, que estoy gorda?

- Pero qué dices, si tienes un cuerpo precioso - respondió mi mejor amiga.

…Y en ese momento comenzó todo, acababa de cumplir 17 años.

Empecé a saltarme los desayunos.

A los tres meses de no desayunar, la báscula me informó de que había perdido peso.

Me veía gorda, empecé a prescindir de la cena.

Cinco meses más tarde mis amigas comentaron que estaba adelgazando bastante, dejé de pesarme.

Me veía gorda, empecé a picotear la comida.

A los 18 años (o sea solo un año después) inicié la toma de laxantes y diuréticos.

Con 19 años, me preparaba yo misma una dieta y mi tabla calórica.

Mi madre, ya por aquél entonces, estaba terriblemente preocupada por mi obsesión en cuanto a la alimentación, discutíamos continuamente y los gritos en casa ya eran un denominador común. Llevaba años divorciada de mi padre pero mantenían una buena relación, decidió hablar con él.

Cuando mi padre me vio, llevábamos unos meses sin vernos, se alarmó de tal manera que decidió llevarme al médico, chilló e increpó a mi madre su negligencia y falta de cuidados hacia mí y se escandalizó de mi extrema delgadez (eso decía él) porque yo realmente estaba gorda como un botijo.

Me llevó a vivir con él.

Me negué a visitar al médico, yo estaba bien, gorda, pero bien. Era mayor de edad y no me podían obligar, también me negué en redondo a hacerme análisis de sangre ¿para qué? Yo alegaba que estaba bien y sana, que era mayor de edad y dueña de mí misma.

Antes de los 20 años, empecé a perder pelo y se me retiró la menstruación por ciclos trimestrales más o menos. Lo terrible es que me veía más gorda que nunca.

Dejé los estudios y encontré un trabajo en una tienda de ropa, me fui a vivir sola y compartí piso con otras dos chicas.

Con 21 años, tenía algunos tic’s nerviosos, llevaba el pelo muy corto porque tenía poco y así disimulaba, ya era un hecho para todo el mundo que tenía anorexia, para todos, menos para mi que insistía en que estaba sana y que no era anoréxica porque estaba gorda.

Mis padres pidieron una orden para ingresarme en un centro médico.

Yo abandoné el trabajo y mi piso.

Ya llevaba tiempo con dolores abdominales, vómitos, lloraba por cualquier motivo, pero me seguía viendo gorda, inmensamente gorda…me empecé a preocupar.

Yo misma llamé a mi madre y juntas acudimos al médico.

Cuando el doctor me vio, era tanto el daño que me había causado, que las pruebas médicas dieron como resultados: engrosamiento glandular debido a los vómitos, también por los vómitos, caries, desgaste de la raíz dental, me faltaban dos piezas dentales, tenía desgarramiento del esófago e inflamación de garganta que me impedía tragar, espasmos estomacales, problemas digestivos, anemia, falta de hierro y de potasio debido a tanta ingesta de diuréticos, daño hepático, arritmia cardíaca, pérdida por temporadas del ciclo menstrual, alopecia y un largo etcétera.

Decidieron ingresarme inmediatamente en un hospital.

Me trataron con: psicoterapia, terapia de comportamiento, terapia medicamentosa, terapia familiar, terapia alimenticia, terapias, terapias, terapias….

Me escapé y me encontraron a los tres meses en un estado deplorable.

Me ingresaron de nuevo.

Tenía poco menos de 23 años cuando entré en coma.

Llevo 13 días en coma, como último recurso me alimentan  por sonda, se llama alimentación parenteral (vía intravenosa).

Mamá, me gustaría parpadear, mover algún dedo, poder apretar los labios para mandarte una señal, para hacer que te sientas bien, para decirte que tú no eres culpable de nada, que no llores, que no te castigues.

Hoy ha sido mi funeral, he muerto con el cuerpo destrozado después de más de 6 años de continuo castigo.

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este artículo es fruto de mi imaginación, no he conocido ni conozco a ninguna mujer anoréxica, pero las hay y espero que este artículo sirva de reflexión.