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Vizconde

Publicado 30/10/2019

 

N.Angulo, nangulo.es, toros, festejo, fiestas con animales, dolor, vacas, España, Plaza de toros de las Ventas, plazas de toros, matanzas.

 

Me llamo "vizconde" y peso cerca de 700 kilos, soy negro y tengo una planta envidiable, o eso dicen los humanos que me cuidan.

En estos momentos estoy exhalando mi último aliento y veo pasar la vida ante mí, aquí recostado en la arena, ciego de dolor y de sangre, lo peor es que voy a morir sin saber por qué.

Hasta ayer mi vida discurrió apacible y feliz, dormía, comía, jugaba, paseaba por el campo y follaba a mis dulces compañeras las vacas, hermosas y fogosas.

Hoy, sin embargo, me han trasladado en un camión con otros hermanos hacía un destino que desconozco, me han tenido varias horas en un sitio oscuro y silencioso, no sé que prepara mi amo.

Abren una puerta y veo mucha luz al fondo, salgo alegre, juguetón, me llaman, veo algo brillante y algo rojo ondeando delante de mis ojos.

Frente a mí hay otro animal, se parece a mi amo, es lo que llaman un animal racional, porque dicen que está dotado de razón; hace tonterías delante de mí y empieza a dañarme, ¿querrá jugar?, no, esto no parece un juego.

Sale otro animal racional y me clava unas agujas largas y de colores en el cuerpo, me daña, me hace sangrar, agacho la cabeza y la sangre ciega mis ojos, la verdad es que  para ser un juego me está pareciendo un tanto doloroso, me estoy empezando a cabrear y cuando me cabreo, me pongo muy furioso. Me vuelve a clavar otras dos y luego otras, me duele terriblemente, mujo y me tiemblan un poco las patas. Voy hacia él, quiero atacar, quiero causarle dolor, pero sale corriendo y se esconde. Me deja esos pinchos clavados y aunque me muevo mucho, no logro despegarlos de mi piel, de mi carne...duele.

Ahora sale otro animal, a este le conozco y me teme, se llama caballo, lleva otro animal racional encima de él con una barra muy larga y me llaman, yo voy para ver si quieren jugar y darles a entender que ya me aburre este juego y me lastima, que quiero volver a mis apacibles campos. De nuevo me clavan esa cosa larga en el cuerpo ¡¡ayyy, cómo duele!!, ya estoy cabreado de verdad, si quieren jugar, pues jugamos. Embisto al caballo y el animal racional que va encima casi cae, pero me vuelve a clavar una y otra vez ese pincho tan largo y yo me enfurezco, pero siento que me voy debilitando, lloro y vuelvo a mugir, parece que ya han tenido bastante y se van.

Correteo un poco por la arena, oigo gritos y me paro, de repente vuelve a aparecer el animal racional de los brillos y corro hacia él, está frente a mí y mueve el trapo rojo, yo  levanto la cabeza, le voy a clavar un cuerno para que sepa lo que es el dolor, sobre todo cuando no te han hecho nada y te atacan porque sí, no aguanto el dolor, me quiero ir, ¡¡vaya, he fallado!!, solo le he dado un revolcón, ahora el cabreado es el animal racional, aunque parece que quiere seguir jugando porque me pasa el trapo rojo por delante varias veces, pero yo estoy cansado y muy dolorido, no quiero jugar más y me alejo de él, no le  quiero dañar, pero es posible que lo haga porque la furia me supera.

Ahora suenan unas voces y música y el animal racional cambia un trapo por otro y viene con otra barra larga, está claro que quiere seguir haciéndome daño, ¿por qué?

Nosotros los animales no racionales, no dañamos a otros animales porque sí, ni nos regodeamos haciendo sufrir causando dolor, solo luchamos a muerte cuando nos quieren robar una vaca o tenemos hambre y nos cabreamos mucho.

El animal racional de los brillos, me pasa el trapo por delante una y otra vez y yo sigo la mancha, si es eso lo que quiere, pues ¡hala! a seguir al trapo. Ya parece que se cansa, se pone frente a mí y me mira fijamente, yo muevo las pezuñas y no sé si dar la vuelta o pegarle otro revolcón porque me parece que quiere hacerme daño de nuevo. Le tengo frente a mí, muy concentrado, muy cerca, puedo olerlo, viene hacía mi y me clava esa aguja larga en el lomo, con mucha fuerza, me ahogo en mi propia sangre, grito, lloro, qué dolor más intenso, jadeo, me falta la respiración y me voy hacía la sombra, me acerco a unas tablas de madera y me tumbo buscando solaz. Mi respiración es agitada, resuello, voy a morir y me hago la última pregunta, ¿por qué los animales racionales matan sin sentido y festejan las matanzas? se supone que como son racionales, razonan, entienden, son inteligentes y me da rabia morirme sin una respuesta, sin una razón, mientras estoy aquí pensando, viene de nuevo mi enemigo y me clava algo en el testuz, es corto pero muy doloroso, por fin expiro mi último aliento.

Nieves Angulo