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¿País aconfesional?

Publicado 09/02/2017

Nieves Angulo,nangulo.es, laicismo, aconfesional, religión, Constitución española, España, hipocresía, pareja de hecho, catolicismo, boda católica, sacerdocio.

 

Mirando hacia atrás, cuando hace apenas un mes y medio que se acabaron las fiestas navideñas, me vienen a la mente las preguntas, que me hago siempre por estas fechas, ¿realmente España es un país aconfesional?.

Yo diría que no, o al menos, nuestro comportamiento no es tal.

Ya no es porque se celebren las navidades solamente, también se celebran fiestas en nombre de tal o cual santo, virgen, patrón o similar.

Quiero creer que realmente lo que nos atraen de estas fiestas, son los días de vacaciones que disfrutamos, más que la creencia en sí, quiero creer, pero la realidad me demuestra lo contrario.

Por otro lado, en la mayoría de las familias españolas, se sigue educando a los hijos, bajo las directrices católicas, apostólicas y romanas; no entiendo entonces, porqué nuestra Constitución insiste en que somos un país aconfesional, no me cuadra, la verdad. Seguramente es por cuestión de “pose” ¿eso nos hace más modernos?

Los españoles siguen llevando a sus hijos a colegios religiosos.

Les obligan a elegir la asignatura de religión.

Lo real, la verdad, es que somos muy pocos los aconfesionales.

Son pocas las parejas que no bautizan a sus hijos, que no les hacen recibir la primera comunión y que esperan a que crezcan para que ellos mismos tomen la decisión de ser o no, aconfesionales.

Sigue habiendo una gran mayoría que “predica”, pero no con el ejemplo.

Cada día hay más bodas por la iglesia, con toda la parafernalia y gastos que eso conlleva. Estas parejas se someten además a un curso pre-nupcial en las iglesias, donde un cura les somete poco menos que al tercer grado y les proclama las maravillas de la castidad antes del matrimonio.

Son pocas las parejas que hoy en día reconocen abiertamente que se casan por la iglesia porque lo desean, porque son creyentes.

Hay muchas personas, que tienen doble moral y mienten al decir: "yo me caso por mis padres", "no, si a mi esto no me va", "es que si no me caso, doy un disgusto a la abuela".

¿No entendéis que la decisión es vuestra? Sois vosotros los que os casáis, nadie lo hace por vosotros, así es que sois vosotros los que tenéis que tomar la decisión, se trata de vuestra vida y nadie la vive por vosotros; lo que me lleva a sospechar, que os encanta celebrar el ritual del matrimonio eclesiástico y no queréis confesar, que a vosotras os enloquece vestir de blanco, de princesitas, con corona, velo, una larga cola y demás y a vosotros, de chaqué o de caballero trasnochado.

Esta es la realidad.

Pensar que en 1981 me casé por el juzgado, después de vivir cinco años con mi pareja.

¿Dónde han ido a parar las luchas nuestras, por las libertades religiosas, si ahora, tantos años después, estamos donde estamos?

Dimos el paso, porque no se reconocía a las parejas que convivían, no existía la figura de “pareja de hecho”, como tales parejas, yo hoy, no me hubiese casado, nunca he creído, ni creo, en los papeles, sino en los sentimientos. Llevo muchos años de convivencia con mi pareja, con sus días mejores y peores y no miento al decir, que se me han pasado los años volando.

Después de escribir y reflexionar sobre este artículo, llego a la conclusión, de que las personas son hipócritas, mienten por defecto, son cobardes y muy, pero que muy “borregos”, que consideran que en esta vida, hay que hacer lo que hace la mayoría, no se arriesgan, no osan vivir según lo que les dicte su conciencia.

Vaya decepción al comprobar, que los años pasan, el tiempo transcurre, pero los problemas, costumbres, rituales, etcétera... son los mismos. Los que no avanzamos en absoluto o lo hacemos con mucha lentitud, somos las personas.

Fuera la doble moral y atrévete a ser quien eres, sin que te importen las consecuencias.

Nieves Angulo