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He llegado para quedarme

Publicado 14/12/2016

Nieves Angulo, nangulo.es, belleza, vejez, estética, ácido hialurónico, colágeno, magnesio, botox, juventud, muerte, arrugas, celulitis.

Pues me cabrea reconocer eso, la falta de reconocimiento.

No se me dedican muchas páginas, a no ser para quejarse.

Tampoco me realizan odas, versos e incluso narrativas como se escriben para la Parca.

¿Por qué soy tratada como una inferior?

¿Acaso mi tiempo no es más duradero que el de la Parca?

La muerte al fin y al cabo es eso, un instante.

Ya sé, ya sé que no soy popular, no estoy bien vista. Pocos son los que me aguantan con estoicismo. También es cierto que soy proclive a la hipocresía, me explico, muchos presumen de llevarme bien, de soportarme, pero un 99% de las veces mienten. Se aprenden frases hechas para soltarlas en reuniones y quedar estupendamente, pero mienten.

Soy peor que la muerte, lo reconozco.

Me transformo en fealdad, incluso en rostros y cuerpos que poseyeron belleza.

Muchos son los que luchan contra mí blandiendo armas que pueden pagar, o no.

La muerte es pintada con la guadaña, con una capa negra y muy tenebrista.

Lo mío es un poco a poco, un pequeño cuchillo con el que voy quitando de allí y poniendo acullá y transformando en algo irreconocible.

Provoco que muchas gentes dejen de lado los espejos, que se convierten en su peor enemigo.

Con ese pequeño estilete voy esculpiendo arrugas, grietas, manchas, surcos, rictus, verrugas.

Yo no siego la vida de un plumazo, la voy menoscabando, la deslustro.

Y sí, lo reconozco, también voy asentando enfermedades.

Soy una ladrona, lo asumo; robo hidratación en los cuerpos, colágenos, frescura, vitalidad y marchito, ajo. Muchas veces me quedo con las memorias y dejo vuestros cerebros un tanto descolocados, fallidos.

En fin, que jodo a la gente, es mi labor y me divierte que me lleven como un estigma.

Me ofende como ya he dicho que no se escriba sobre mí, o que solo me dediquen unas pocas líneas, como de “consolación” jaja una paradoja puesto que yo no consuelo precisamente a nadie.

No entiendo este desprecio hacia mí, puesto que soy el preludio, quien os conduce irremediablemente y os posa ante las plantas de la ilustre dama, la muerte.

No engaño a nadie, al igual que sabéis que vuestro fin es morir, debéis preparaos para darme la bienvenida puesto que normalmente voy antes que la señora de la guadaña, salvo raras excepciones en que la dama de negro se adelanta y se queda con cuerpos aún briosos, pero no nos engañemos, lo normal es que yo la preceda.

Me debéis respeto ya que soy una artista que esculpo y deformo rostros y cuerpos con más oficio que Miguel Ángel, Benvenuto Cellini o Donatello.

Espaldas erguidas sucumben a mi cincel y las hago curvas al igual que curvo las barrigas. Dejo caer pechos, culos y tripas. Reblandezco pieles, hurtando su firmeza.

Algunos dicen que tengo algo bueno...no sé. Posiblemente quieran convencerse de ello jaja.

Las piezas bucales se van quedando en el camino y me hago collares con dientes y muelas que algún día vistieron y arroparon encías.

No voy a seguir hablando de mí, y aunque estoy segura que alguno de vosotros sabe quién soy, permitid que me presente como es debido...

Soy la vejez y sé que me despreciáis...pero peor para vosotros.

Asumid de una vez que os voy a poseer, cuanto antes os hagáis a la idea, mejor.

Ya podéis gastar una fortuna, que tarde o temprano, vosotros sucumbís, y yo, gano.

Nieves Angulo ©