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España en vías de extinción

Publicado 17/10/2017

Nieves Angulo, nangulo.es, ambición, incendios, Galicia, Asturias, Sierra de Mariona, Valencia, Parque Nacional de Doñana, Doñana, ecología, pirómano, política, ayuntamiento, España, corrupción.

 

Galicia, como muchos lugares de España, se compone de pequeñas parroquias, localidades, municipios, comarcas, concejos, etcétera, etcétera y sus gentes a lo largo de los siglos han ido adquiriendo tierras, aquí y allá. Unos campos que han ido heredando sus descendientes. En Galicia, me contaban, que era costumbre, hasta hace relativamente poco, apenas unas décadas, dejar a la mujeres en herencia las pequeñas tierras que miraban al mar (en caso de que fuesen ciudades o pueblos costeros), porque consideraban que carecían de valor, no contaban con la especulación que se llevaría a cabo en un futuro de las grandes constructoras que arrasan para edificar desde pisos a chalés, pasando por pequeños o grandes complejos hoteleros; a los hombres, sin embargo, les dejaban tierras para ganadería y/o labranza, y donde se pudiesen construir sus hogares. Como veréis, la mujer siempre ninguneada, hasta por sus propios padres.

Como los antepasados compraban pequeños trozos de tierra sin importar las medidas, se daba y da la circunstancia que a lo mejor un trozo de tierra de fulanito de tal, lindaba con el otro trozo de tierra de zutanito de cual.

Tampoco se escrituraba, esos pequeños terruños pasaban de padres a hijos con el boca a boca o la "piedra", es decir: “Fillo, desde ese poste, hasta esa piedra, nos pertenece”; a lo mejor se trataba de un trozo de tierra de 20 x 40 metros, más o menos.

Ahí empezaba el lío, como cada uno adquiría permiso (o no) para hacer sus casas en sus pequeñas tierras, no era raro que se delimitase la linde con un árbol frutal o un simple caminito de guijarros de apenas 1/2 metro de anchura. Muchas muertes entre vecinos, denuncias, peleas y demás, han pasado de generación a generación por culpa de a quién pertenecía ese 1/2 metro y según tengo entendido, los líos siguen a día de hoy en algunos pueblos o aldeas.

Con los años y ya cansados de tantos líos y broncas, los parroquianos empezaron a ofrecer dinero a los dueños de los campos colindantes para hacerse con un buen terreno mayor, pero como todos estaban a lo mismo, ahí no vendía ni dios.

Y llegaron ellas, las constructoras y empezaron a ofrecer cantidades de dinero por pequeños terruños a los diferentes dueños que en un principio se negaban a vender porque ellos preferían negociar con los vecinos. Las constructoras por su parte siguieron insistiendo y los vecinos empezaron a ceder, así es que al final, todos vendían porque sino se quedaban aislados con 15 o 20 metros de tierra que finalmente no les valdría para nada.

¿Qué hacer con tantos metros cuadrados de tierra en un monte que mira al mar, pensaron los constructores? Nos va a costar un riñón en maquinaria y mano de obra desbrozar o talar árboles ¡Eureka! Vamos a quemar los montes porque las tierras se pueden recalificar para construir, además podemos vender la madera que no aprovechemos nosotros.

Negocio redondo... Y fueron llamando a unos cuantos pirómanos, mientras invitaban a comer a los alcaldes y concejales de urbanismo y hablaban sobre los permisos necesarios para construir entre bocado y bocado, entre copa y copa y con los vapores del alcohol y las panzas llenas, intercambiaban favores, promesas de sinecura y otras prebendas, además de aceptación de sobornos.

Escribo sobre Galicia porque durante muchos, muchísimos años, hice turismo por esas tierras, además viví cerca de 14 años en La Coruña, pero podéis cambiar Galicia por cualquier otra Comunidad Autónoma española, el resultado será el mismo.

A la clase política le puede la ambición, corrupción y sobre todo, el desprecio a los ciudadanos, que lo tienen merecido debido a su apatía ante tanto despropósito.

En fin que España está en vías de extinción, en venta, hipotecada, arrasada y dominada por degenerados ante la impasibilidad de los españoles.

Nieves Angulo