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En apenas tres minutos

Publicado 01/09/2016

 

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Esta orgía de luz y color dura apenas tres minutos, pero qué tiempo más sublime, qué vivido, qué disfrutado, amigos míos.

Hoy eran las 07:30 de la mañana cuando me he asomado a la ventana de mi dormitorio a esperar anhelante, como quien espera la primera cita con un nuevo amor, a que se produzca la magia.

He mirado el horizonte y he observado como el cielo, antes oscuro, apenas se cubre  poco a poco de un tímido y precioso color azul pálido con manchas rojas, como si un artista las hubiese plasmado ahí, al tun tun.

Y comienza el festín matinal y veo como asoma una franja naranja muy brillante. Hay veces que forma una perfecta línea horizontal, pero hoy era perpendicular, depende de las caprichosas nubes que manchan el cielo y cubren por momentos al astro rey.

Esa raya se va haciendo más y más grande a medida que pasan las milésimas de segundo y va transformándose, primero en una media naranja y luego en un perfecto círculo muy parecido a un exquisito queso de bola.

También el color cambia y pasa de un naranja con reflejos rojos a un tono amarillo que no pierde el brillo ni por un instante.

Apenas tres minutos que me hacen desear vivir 24 horas más para contemplar de nuevo esta obra de arte, que me ofrece la vida de manera gratuita.

Apenas tres minutos que me hacen sonreír y pensar que ojalá esta felicidad que siento fuese eterna.

Me deleito en esa belleza sublime hasta que mis ojos ya no soportan más esa fuerza solar.

El sol se expande y va perdiendo su forma circular y perfecta mientras va diseminando sus rayos.

Apenas tres minutos y me vuelvo a la cama a ver si robo una hora más de sueño, pero es imposible, no me relajo y al final tomo el libro de la mesilla de noche y leo hasta que el estómago reclama un poco de alimento, entonces, me incorporo y me voy a la cocina para preparar el desayuno.

Son apenas tres minutos, que me llenan de energía y me dan un poco de felicidad y esperanza hasta un nuevo amanecer.

Nieves Angulo ©