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Desde la barrera (Análisis muy personal de los sanfermines)

Publicado 08/07/2017

Nieves Angulo, nangulo.es, inesby.com, fiesta de San Fermin, san fermines, sanfermines, alcohol, toros, sangre, fiesta, tradición, violación.

 

Yo, que no soy nada tradicionalista y mucho menos seguidora de los festejos mal llamados “culturales”; yo que soy una simple observadora y oteo por aquí o por allá, porque me encanta escudriñar desde mi punto observatorio, que normalmente suele ser a través de fotografías o bien noticias en prensa o televisión, lo que veo de los sanfermines año tras año, es un festejo rancio y desde luego muy casposo que además y le pese a quien le pese, va en franca caída cuesta abajo y sin frenos, va en declive. Si alguna vez fue una fiesta de la que sentirse orgulloso (no es mi caso), desde luego hablamos en pretérito, ahora es un bochorno decadente. Sigo con mi particular análisis y veo que este festejo, es una disculpa para los que se sienten muy machos, muy aguerridos, mostrarlo en público, corriendo delante de unos toros descomunales y de vez en cuando arrearles con un periódico ¡pobres animales!, no saben que cuando terminen la carrera y después de tener alguna que otra caída debido a la velocidad y al suelo adoquinado y resbaladizo, les espera la muerte, no será rápida, primero les harán sufrir lo indecible, aunque los taurinos dicen que no, que no sufren, que es un pequeño castigo para bajarles la bravura, el nervio.

Prosigo, considero también que es otra disculpa para beber hasta perder el sentido, con lo que esto conlleva. Las imágenes de gente borracha es desoladora y vergonzosa. Unos beben porque creen que beber es sinónimo de diversión, otros lo hacen porque lo hacen los demás, otros para desinhibirse y otros, quizá la mayoría, porque les encanta beber. Estos bebedores, beben mucho y mal, porque suelen mezclar las bebidas y entonces llegan los mareos, vomitonas e incluso comas etílicos. Las chicas pasan calor y visten fresquitas y ligeras y llega el borracho de turno y piensa que “todo el monte es orégano”, que las chavalas piden guerra y ¡hala! A meter mano donde se pueda, el caso es degradar a la mujer, humillarla. Algunos mamonazos llegan más lejos e intentan una violación, normalmente en grupo, porque son cobardes y por desgracia a veces no se queda en intento, sino que llegan a violar. Posteriormente fanfarronean de su insana hazaña y bueno, ya se sabe: “ellas son unas guarras que lo estaban pidiendo y deseando”. Si este estudio os parece poco detallado, iré más lejos y daré otra vuelta de tuerca con esta pregunta: ¿Por qué la televisión pública emite año tras año los sanfermines?

Me parece una desvergüenza y un anclaje en el pasado, máxime cuando desde hace muchos años cada vez hay más personas anti taurinas, que abogan por la defensa y protección de los animales en general. Aunque el análisis va encaminado a los sanfermines, voy a hacerlo extensible a todas aquellas fiestas donde se maltratan animales y que tienen lugar a lo largo y ancho del territorio español. Cuando oigo hablar de las costumbres de tal o cual fiesta popular, me da la risa, porque la mayoría de estas “tradiciones culturales”, a parte de no datar de siglos, como nos quieren hacer creer, sino de unos cuantos años, suelen ser obra de algún mozo pasado de copas que empezó a hacer el gilipollas, por ejemplo: lanzando tomates a todo quisqui y luego le siguieron unos cuantos amiguetes más y como se divirtieron tanto (según cuentan porque lo normal es que no recuerden nada de lo que hicieron bajo el poder de los vapores etílicos) pues quisieron repetir la misma insensatez los años siguientes y así, por arte de magia, llamaron a algunas aberraciones, “tradición y cultura”. Yo a los sanfermines no lo denominaría cultura, precisamente, y puestos a seguir tradiciones, abogo porque vuelva la horca en las plazas del pueblo, la Inquisición y la lapidación, creo que estas prácticas también eran tradición y algunos hasta se lo pasaban estupendamente viéndolas y participando activamente. Esto es lo que yo capto desde fuera, desde mi punto de observación y esta es la imagen que da España en el exterior, por eso nunca tendrá un turismo de calidad.

Nieves Angulo