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Una maravillosa tarde de Junio

Publicado 03/06/2011

 

Nieves Angulo, nangulo.es, N.Angulo, relatos cortos, relato de humor, gafe, una maravillosa tarde de junio, gaviotas, playa, La Coruña, smartphone, youtube, música.

 

¡Ah! qué sol más rico y qué calorcillo, cuando termine de comer me bajo a la cala.

Estoy feliz, hoy me ha dado un respiro el mal tiempo, sinceramente este clima no parece de primero de Junio sino de finales de Septiembre.

Acabo de comer y me lavo el “patio de butacas”, o sea dientes para los que no sean tan chulos como yo.

Me cambio de ropa y me pongo unos pantalones holgados de algodón y una camiseta a juego, eso si, aunque sea para la playa voy monísima y conjuntada siempre, nunca se sabe quién te puede estar mirando.

He recuperado unos cascos para mi smartphone porque los auriculares me resultan molestos, se me salen de las orejas al dos por tres así es que aquí voy yo con mis cascos grandes, muy grandes, parezco la hormiga atómica y además he notado que el otro día cuando los probé se pelaban porque tenía las orejas, el pelo y los hombros con restos plastificados negros, los terminaré de pelar yo en la playa.

Cojo mi bolsón y meto el smartphone, los cascos, kleenex, las llaves, gafas de sol (hay que evitar los gallineros ojeriles, patas de gallo para los finos), un libro que nunca leo en la playa o casi nunca porque me da resol y me molestan los ojos, pero lo bajo por si acaso, y el cojín para apoyar la cabeza que me compré en un chino hace tiempo para hacer ejercicios con la rodilla en casa, es muy pequeño y hortera, viene dibujado Shin Chan, unos dibujos animados que nunca he visto pero sé que existen por los zapping.

¡Hala! ya estoy, al banco. Sí, yo me pongo en un banco porque la arena me es incómoda y las rocas también, así es que me tumbo en uno cualquiera al lado de la cala y pasando de todo.

Me imagino a los que pasean por mi lado diciendo ¿y eso? Pues eso soy yo, por supuesto, tumbada al sol como un lagarto y llevando el ritmo de la música con los pies, los hombros, la cabeza y lo que se precie, pero no me importa, debe ser la edad, alcanzas un puntito en que te importa realmente poco o nada que te miren o lo que piensen los demás, sobre todo si son desconocidos ; hablando de música, tengo que renovar el álbum musical del smartphone porque llevo meses oyendo lo mismo y estoy tomando manía a Amy Winehouse y Robbie Williams, hoy escucharé directamente de la red.

Cierro los ojos, relax, sol, ritmito, calorcito....¡Aggghhh!!, ¿qué es esto?, siento un peso en el estómago y humedad, sensación entre caliente y fría, he oído o más bien sentido un ¡PLAFF! abro los ojos, me incorporo y… ¡qué asco!, me ha cagado una gaviota, o una docena porque el tamaño es importante. Mamá no me regañes, ya sé que hace años hubiese dicho “me ha defecado una gaviota”, pero te puedes imaginar que después de vivir tantos años con un malhablado y aunque me sigue sonando fatal la palabra “cagar”(lo que es la educación), pues digo que me ha cagado una put… puñetera gaviota, ¡qué olor!, ¿qué hago? Si, si, si, un kleenex, bueno más bien cuatro y esto no sale y huelo que apesto.

Me acerco a la ducha de la playita, con los cascos colgando, el cojín de un brazo y el bolsón al hombro, abro la ducha y ¡halaaaaa! agua por todo el cuerpo menos en el kleenex que he puesto debajo de la ducha, ¡joder! (perdón mami, te juro que no digo un taco más), esto no me puede estar pasando estoy empapada de agua y cag.. bueno defecada por un pajarraco abominable.

Los pájaros de este tamaño deberían tener váter aparte; tomen nota señores del Ayuntamiento para poner cagaderos públicos de gaviotas o en su defecto regalar parasoles a los viandantes o paracagadas.

Nada, esto no sale y huelo fatal, además de tanto restregar con los kleenex tengo rojo el estómago ¿o puede ser que me esté haciendo una reacción la dichosa mierda del pajarraco? Vaya usted a saber lo que echan estos bichos por sus anos. Desde luego la ropa la decoloran y los coches, he oído que hasta salta la pintura ¿será verdad? Bueno, no me importa, me voy a subir a casa, menos mal que solo son 60 pasos que los contó mi chico un día, bueno, 60 suyos y 150 míos que parezco una china andando cuando la vendan los pies, tengo el pasito muy corto pero qué queréis si mido 1’50 escasos.

Me paro en el semáforo y la verdad es que la gente me mira y yo que creía que pasaba de todo gracias a mi edad y no me importaba nada de nada. Me siento de lo más humillada y expuesta, pero saco pecho, más, levanto la cabeza y así, erguida, subo los pocos metros que me separan de mi portal.

¡Joder! (perdón), ahora me tropiezo con una baldosa y ¡uff qué susto! no me he caído, menos mal, que ya llevo mucho tiempo sin besar el suelo, qué taquicardia.

Sigo andando pero algo va mal. ¡Joder! de nuevo, digo “narices” se me ha roto una alpargata de esparto con el tropezón y llevo medio pie fuera y ¡claro! arrastrándolo para no volver a tropezar, pero ¡coño! digo, ¡qué mala suerte!, parece que me ha mirado un tuerto.

Nada Nievitas, vuelve a sacar pecho, vuelve a erguir la cabeza y continúa hasta casa, eso si, con unos cascos que parecen dos ensaimadas, parezco la puñetera Dama de Elche, mojada por la ducha, con el estómago con una cagada  caca imposible y maloliente y arrastrando un pie para que no se me salga del todo la alpargata y perderla por el camino.

¡¡¡Vamos!!, unos metros más, que tú puedes, de peores situaciones has salido.

Tú, si tú, no te rías, esto es parte de vivencias escalonadas e imaginación, pero te podía haber pasado a ti ¿o no?.

 

 

Nieves  Angulo

 

Enlace: Definición de gafe