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Cuidado con Nancy's

Publicado 14/12/2010

 

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos cortos, cuidado con nancy's, humor, ligar, travestis, gays, bares gays, hombres bajos, amor, muñeca hinchable, bancos.

 

Me llamo Tomás y trabajo de cajero en un banco.

Soy un hombre sencillo y me considero buena persona, vivir y dejar vivir, esa es mi máxima.

Estoy enamorado locamente de una clienta a la que veo puntualmente una vez por semana, los viernes, ella no lo sabe, pero a mi me mantiene ilusionado la espera de cada viernes para poder verla.

Ella es muy alta y grande, siempre me han atraído las mujeres grandotas, no sé si será porque yo soy bajito, mido apenas 1'55 m y eso que llevo zapatos especiales con aumento interior, bueno lo dicho, me enloquecen las mujeres grandes, será para compensar jejeje...

Se llama Antonia y tiene una tienda erótica en la misma calle del banco donde trabajo.

Debido a mi corta estatura no me he comido muchos roscos o colines, ¡vamos!, que no ligo, tengo que tirar bastante de los servicios que te ofrecen las mujeres de la noche, o sea, las putas, pero no me gusta mucho, casi prefiero hacerme una “paja”, a veces me quedo más satisfecho, si acudo a los servicios de las “lumis” más que nada es por sentirme acompañado de otro ser humano, aunque a veces algunas no parecen humanas, parecen más bien muñecas hinchables...hablando de muñecas hinchables, a lo mejor me podía comprar una, grande, enorme, con grandes pechos donde mullirme...agggggggg...pero qué hago, ya estoy divagando y tengo cola en la caja...¡¡¡siguiente, el 228!!

Hoy es viernes y no ha venido mi amor, ha venido una empleada en su lugar, he preguntado por ella, por mi Antonia y me ha respondido con un encogimiento de hombros...qué antipática.

He cenado y me voy a ir a algún bar a tomar algo, espero que se me pase la tristeza, iré caminando, hace buena noche.

He entrado en un bar en el que no he estado nunca, no tiene mala pinta, se llama Nancy's, espero que no sea de alterne, hoy no me apetece estar con rameras.

Estoy en la barra y me he pedido un gintonic, nunca he entendido por qué lo llaman así ya que te ponen un poquito de gin y un muchito de tonic, tendría que llamarse al revés ¿no?. Hay ambientillo y suena música brasileña, me gusta esta música...hablando de brasileñas ¿cómo irá depilada Antonia, llevará hechas las brasileñas?...¡ayyyy, me estoy poniendo tontorrón!

Acaba de entrar una mujer que me ha sobresaltado, en un principio pensé que era mi Antonia, alta, voluptuosa, pero no, esta es más grande si cabe...me gusta, ¡Huy, qué bien, se sienta a mi lado!

De la manera más tonta hemos empezado a charlar, ella ignora mi estatura ya que estoy encaramado a un taburete cual loro en el palo, por cierto, porqué harán tan altos los taburetes…¡joder! me cuesta subirme a ellos, me tengo que impulsar y a veces, lo juro, he tomado hasta carrerilla, entiendo que los hagan altos, tienen que quedar a la altura de la barra, pero por lo menos podían hacer más accesible la subida, espero que esta tía se vaya antes que yo, porque las paso putas también para bajarme, prácticamente me dejo resbalar como las babosas...¡vamos! que no es un plato de buen gusto verme.

Seguimos charlando de una y mil cosas, me gusta, se llama Bert...qué nombre más raro, me lo ha tenido que escribir en una servilleta porque yo la llamo de todo, menos por su nombre...me pregunta si quiero bailar una samba, la contesto que no sé bailar sambas y ella dice que me lleva...desde luego, cuando me vea en el suelo seguro que me lleva, como el que lleva un fardo...pero me dejo caer del taburete y me voy a bailar con ella, ¡total!, ya llevo tres tonicgin y me da todo igual. Me ha gustado su reacción, no ha puesto cara de susto al ver mi tamaño, todo lo contrario, me ha cogido poco menos que en volandas y ha dicho – Huy, qué ricura, con lo que me gustan recogiditos – pues venga, a bailar se ha dicho. Baila de maravilla, me lleva que es un gusto, al final nos hemos sentado en una mesa y hemos seguido bebiendo y charlando, lo estoy pasando genial y lo mejor de todo es que no me acuerdo de Antonia, de momento no sufro...¡huy, me ha besado, con lengua y todo, bueno, más que con lengua, parece que me ha introducido en la boca una 9mm parabellum, nos estamos calentando, al menos yo y terminamos en mi piso que está más cerquita. La he preguntado si no será prostituta y me ha mirado con cara de mala hostia...¡pero bueno, qué te piensas, soy una tía normal con calentón, como tú!...y seguimos al asunto, me ha tirado en el sofá y me saca los pantalones y los calzoncillos a la vez, no salen porque no me ha quitado los zapatos, que yo, por mi parte, empiezo a quitar, no tengo manos suficientes porque quiero desnudarla, ¡ay que tetas...madre!!, seguimos besándonos por todo el cuerpo, estoy caliente como una plancha al vapor, bajo las manos por sus caderas, por sus nalgas, tanteo su entrepierna, ella jadea, yo jadeo y.....¡¡¡¡¡ahggggggggg..!!! ¿qué es esto? ¡Tiene un pene como la torre de Pisa!...me levanto despavorido del sofá y me pego una hostia ya que tengo los pantalones en las rodillas que me impiden correr, Bert por su parte me grita...-¡eres gilipollas, retrasado!, ¿es que no te has dado cuenta que era un bar de gays, de que soy travestí?, porque vamos, está clarito- continúa diciéndome Bert- si todavía tengo voz de contralto.

Salió del piso chillando por el pasillo y algunos vecinos se quejaron, eran las 4 de la madrugada. Me quedé desolado, ¿cómo no lo había notado?...está claro, los no sé cuantos tonicgin que llevaba encima y la ilusión de estarme tirando a mi Antonia.

Pasé una semana infernal, el viernes por la mañana llegó Antonia como siempre a mi ventanilla, más guapa que nunca, la pregunté con cortesía qué la pasó la semana anterior y me contestó que un simple resfriado pero que ya estaba bien, para mi asombro me dijo si quería tomar un café con ella esa tarde...y quedamos, mi primera cita con Antonia...¡dios existe!

Pasamos la tarde juntos, charlando de una y mil cosas, me dijo que le gustaban recogiditos y yo me empecé a asustar, me parecía estar viviendo en “deja vu”, esta vez no me pillarían con la guardia baja, estaba a base de cafés y además expresos.

La invité a cenar a casa y una cosa llevó a la otra, cuando empezamos a besarnos la pregunté: ¿Antonia, no serás travestí?...Lo último que recuerdo es un gran dolor en la mandíbula y sueño, mucho sueño.

Han pasado 3 meses, se me siguen moviendo los dientes de abajo y Antonia no me habla, pero yo lo voy a seguir intentando...y la explicaré...y ella me escuchará.

De momento me sonríe, eso es un paso hacia adelante.

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Por supuesto, este relato es fruto de mi fertil imaginación

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