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Inspector, empezó ella

Publicado 14/12/2010

 

Nieves Angulo, nangulo.es, inspector empezó ella, relatos cortos, blog, post, escritura creativa, rebajas, ropa, moda, Roberto Verino, El corte inglés, vestidos.

 

Siempre me he considerado una mujer educada y tranquila, no me gusta la violencia en ningún sentido, ya sea física o verbal, sin embargo, he de decir, que lo acontecido el día de autos, me descolocó totalmente, no esperaba esa reacción por mi parte.

No quiero, no obstante, adelantar acontecimientos así es que empezaré por el principio.

Debido a la crisis que sufre el país, miro bastante mis gastos, digamos que me he vuelto más austera, pero tampoco me gusta renunciar a las cosas buenas de la vida.

En noviembre del año pasado, había echado el ojo a un vestido precioso, atemporal, como suele ser mi estilo en el vestir, el problema es que costaba una pequeña fortuna que no estaba en disposición de gastar, entonces pensé esperar a las rebajas. Normalmente en esa boutique no vendían mucho debido a los elevados precios, así es que me la jugué.

El día que vi por primera vez el vestido, a mi lado había otra mujer mirándolo también y me comentó lo precioso que era; no suelo hablar con desconocidos, soy bastante reservada, pero como estaba ensimismada y embelesada mirando el escaparate, respondí de modo automático confirmándola con mi respuesta que efectivamente era una maravilla de vestido. Seguimos ambas un rato más mirando el escaparate y al irse la mujer, la oí decir, habrá que esperar a las rebajas. Este comentario me cabreó un poco y la dirigí una mirada asesina que ella afortunadamente no vio.

Curiosamente, como la boutique me pillaba de paso en mi ruta habitual hacia mis obligaciones, paré varias veces a mirar el escaparate, la verdad es que me empezaba a obsesionar el dichoso vestido, también coincidí un par de veces con la mujer del primer día y terminamos por saludarnos con amabilidad. Empezaba a sospechar si no me estaría siguiendo la “dichosa” señora, ¡pues qué fastidio!, ¿no tiene otra cosa qué hacer?

...Y por fin llegó el gran día, pusieron los carteles anunciadores en el escaparate la noche antes y nada más y nada menos que comenzaban con un 50% de rebaja o más en algunas prendas, me sentía dichosa, el vestido seguía en el escaparate, iba a ser mío, mío, mío.

Ahí estaba yo, en la entrada de la tienda antes de que abrieran sus puertas, quería ser la primera, estaba emocionada, excitada. Con la vista recorrí la calle, al mirar ligeramente a mi derecha, vi en el portal de al lado una cara que me pareció conocida, era la mujer que miraba conmigo el escaparate desde noviembre, ambas nos reconocimos e hicimos un pequeño movimiento con la cabeza en señal de saludo, francamente se me empezaba a atragantar la susodicha, tenía cara de arpía.

Eran las diez y dos minutos cuando la encargada de la boutique abrió las puertas, debo reconocer que ahí me pase un pelín, ya que la dí un empujón para quitarla de en medio y apenas la saludé, solamente emití una especie de gruñido, pero conseguí entrar la primera y me dirigí directamente a los colgadores de los vestidos, enganché el mío, miré la talla y perfecto, este era....¡al probador!.

La dependienta amablemente me iba preguntando si necesitaba ayuda y yo dirigiéndome al probador, negué con la cabeza, mientras tanto la arpía buscaba el vestido de su talla...jejejejeje, busca, asquerosa, busca, yo ya tengo el mío.

Me desnudé con rapidez y me enfundé el vestido, había tomado la precaución de llevar en una bolsa unos zapatos de tacón para ver el efecto...¡ohhhhh...quedaba fabuloso!! realmente el vestido parecía hecho para mí, mientras me miraba al espejo de manera critica por delante, por detrás, de perfil...oí un pequeño ruido en el probador de al lado, parecía una especie de jadeo, no le dí la menor importancia y seguí con mi minuciosa inspección...

...Y ahí empezó todo, de repente saltó algo por encima de mi cabeza, parecía un gato grande u otro tipo de animal, me dejó medio grogui y me hizo perder el equilibrio, caí por efecto de la embestida quedando tirada en el suelo del probador y dándome con la silla; saliendo poco a poco del aturdimiento inicial, pude ver con asombro que lo que me había saltado encima era nada más y nada menos que la arpía, había volado prácticamente de su probador al mío por arriba, francamente no me lo podía creer, mientras recuperaba poco a poco la conciencia, oí gritos fuera y dentro del probador, los de fuera los profería la dependienta que me preguntaba una y otra vez qué había sido ese ruido y si necesitaba ayuda, los de dentro, más que gritos, eran una especie de gruñidos o jadeos y los emitía la loca arpía y asquerosa, compañera de escaparate. Intenté levantarme, pero me puso un pie en el estómago y me dijo que me desnudara, que ese vestido era suyo, que llevaba su nombre, yo ya había salido totalmente de mi aturdimiento inicial y la contesté que había otros vestidos y que estaba loca, -no hay otros- me contestó gritando enfurecida, - no de mi talla, es este el que llevas puesto y me lo vas a dar.

Mientras esto acontecía dentro de mi probador, la tienda se fue llenando de clientas y se oían murmullos y risas nerviosas por lo que ocurría dentro.

Me incorporé furiosa y al hacerlo, debido a que la orate tenía su pie en mi estómago, perdió el equilibrio y salió prácticamente volando, dando con su cabeza en la puerta del probador, yo por mi parte empecé a gritar como una loca -¡¡¡socorro, me quiere quitar mi vestido, llamen a la policía!!!.

La dependienta por su parte quería entrar en el probador, pero no podía, se lo impedía el cuerpo de la ladrona de vestidos, -abran la puerta señoras, por favor, abran la puerta- y yo por mi parte seguía gritando como una histérica, se oían porrazos en la puerta y la loca del suelo se iba incorporando poco a poco, me miraba con ojos furiosos y desequilibrados, hasta creo que la bizqueaban un poco y juraría que babeaba.

Me levanté de la silla con rapidez y aprovechando un pequeño espacio que dejó la esquizofrénica al levantarse, corrí a la puerta del probador y pude abrirla, entraron en tropel la dependienta, la encargada y dos clientas, esto se iba pareciendo cada vez más a la escena del camarote de los hermanos Marx, no me lo podía creer, esto no me podía estar pasando a mí.

La dependienta por su parte nos dijo que había llamado a la policía y que estaban a punto de llegar.

Yo me senté fuera, jadeando, algo aturdida y muy avergonzada.

La esquizoide por su parte salió despacio del probador y de nuevo se abalanzó sobre mi, esta vez no me pilló con la guardia baja, la enganché de los pelos y tiré con todas mis fuerzas, ella mientras tanto me daba tirones al vestido mientras gritaba, -mío, es mío, cabrona, lleva mi nombre, desgraciada, dámelo.

Por supuesto el vestido no aguantó estos embates y cedió por las costuras de las axilas, la perturbada se quedó con la manga derecha del precioso vestido, mi vestido.

Entre la encargada y una clienta nos separaron y en ese instante llegó la policía.

Nunca me he sentido tan desprotegida, nos condujeron a comisaria ya que en la tienda no se aclaraban a través de tanto grito y algarabía. Íbamos la cabrona y yo sentadas en la parte de atrás del vehículo policial y esposadas, nos dábamos empujones con los hombros y yo iba gritando "inspector, empezó ella". los polis me mandaban callar y me decían que no eran inspectores.

No quiero contar al detalle por toda la humillación que pasé, el desamparo que sentí ante esta rocambolesca situación, solo narraré lo más importante: El vestido no estaba rebajado, (50% de rebaja o más en algunas prendas), nos tocó pagar a partes iguales la dichosa prenda y los desperfectos que habíamos ocasionado en la boutique, más una multa por escándalo, me tuvo que ir a buscar mi hijo pequeño y pagar una fianza, mi marido estaba trabajando.

Han pasado tres meses desde este suceso, estoy yendo a un psicólogo, tengo unos pequeños tics y pesadillas donde sueño que soy atacada por un gran oso blanco, mi marido no me habla, mis vecinos se ríen de mi, se creen que lo hacen a mis espaldas, pero yo les oigo y sufro una barbaridad, pero esto no es lo peor, he tenido que pedir una orden de alejamiento ya que la arpía me seguía a todas partes...aún así, de vez en cuando la veo, por el rabillo del ojo la veo, acechándome y la oigo gruñir... os lo juro, la oigo gruñir.

Yo no fui, empezó ella ¿o no???

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, cualquier suceso parecido es pura coincidencia.