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Esto no es para mí

Publicado 02/07/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, humor, ficción, qué leer, escritura creativa, gimansios, monitores de gimnasios, gimnasios madrid, deporte, mancuernas.

 

Mirando mis papeles he encontrado una especie de diario jejeje y ni me acordaba, lo voy a compartir con vosotros, sobre todo si puede valer de ayuda a alguien esta experiencia.

Durante un tiempo fui a un gimnasio y escribí una especie de diario para plasmar en él mis avances, tampoco es algo que haya contado a nadie así es que hoy os haré partícipes de esta experiencia, creo que ha llegado el momento del desahogo, bueno...ha llegado el momento, porque coincide con que ya no tiemblo, ni me da la risa tonta cuando hablo de ello.

Como está escrito con borrones y en presente, lo pasaré a limpio y haré un documento nuevo, eso sí, sin omitir nada.

Me apunté al gimnasio para coger tono muscular y endurecer el cuerpo, los años no perdonan.

El gimnasio no estaba muy lejos de casa y tenía una oferta bastante tentadora, solo le vi un inconveniente, nada más quedaban plazas a las 7:30 de la mañana (cosa que me parece indecente), con lo cual, tenía que madrugar y la verdad no me gusta mucho levantarme temprano, si puedo evitarlo. 

Como soy positiva, la negatividad del madrugón la miré por el lado bueno y pensé que me vendrían bien unos cambios de hábitos.

El primer día me levanté a las 6:30 con la intención de darme una ducha tonificante y que me espabilase, por supuesto, estaba zombie, quería además tomar un desayuno frugal, normalmente mis desayunos suelen ser ligeros, este día lo aligeré un poco más no fuese a ser que me diese la paliza en el gimnasio y echase la pota como se llama vulgarmente a la acción de expulsar el vómito.

El paseo hasta el gimnasio me vino bien, conseguí llegar a la puerta aparentemente fresca y lozana, me terminé de espabilar cuando me atendió en recepción el que iba a ser desde ese instante mi monitor, lástima no tener foto de él porque la insertaría inmediatamente, alto, moreno, bien formado, requetebién formado..¡vamos...formadísimo!!! y con unos ojos como dos esmeraldas, no es que haya visto muchas esmeraldas en mi vida, pero suena poético y qué decir de la mandíbula...mejor lo dejo y vuelvo a la cuestión.

Después de mostrarme los aparatos y darme la tabla de ejercicios recomendada para iniciados o novatos, hicimos unos minutos de calentamiento...de ese no...del otro, seguidamente bicicleta, 3 minutitos (que me parecieron 15 posiblemente la tengan trucada), después me mandó ponerme en una colchoneta y él se tumbó en la de al lado para enseñarme la mejor forma de hacer abdominales...me sentí un poco acalorada...¡ay...que abdominales!, me debió notar algo porque inmediatamente me tomó el pulso, está algo acelerado - me dijo. No me extraña - pensé.

El segundo día me tuve que tomar casi un litro de café, me levanté con la hora pegada al culo y ni ducha ni nada, ya me ducharía allí después de los ejercicios. Esta vez me mandó hacer los ejercicios de calentamiento sola, él estaba muy entretenido enseñando a una “niñata” ejercicios de respiración. Yo por mi parte me entregué con ahínco a mi tarea, me vio tan entusiasmada que me mandó a la cinta, cuando no miraba, iba de lo más relajada, pero cuando volvía la cabeza y me sonreía dándome ánimos me lanzaba como una furia a correr. Por supuesto, como no podía ser de otra forma tuve un contratiempo, me empeñé tanto en quedar bien delante del monitor que aceleré en demasía y terminé en el suelo y con la mandíbula en la cinta, casi me sacan de la cinta en parihuelas, me hice un kilómetro (para mí es mucho) y me temblaban las piernas tanto que no podía andar, comprendí la frase del maestro Rambo“no siento las piernas”. Luis me felicitó (así se llama mi monitor) y me sonrió con una sonrisa cautivadora dándome ánimos, pensé que el esfuerzo mereció la pena.

El tercer día me dolía todo, incluso sitios de mi cuerpo que ignoraba que existieran hasta ese momento. Me levanté tan tarde que no tomé ni café. Llegué corriendo al gimnasio y estaba Luis en recepción.

La verdad es que mirándole mejor no está tan bueno, tiene cara de gilipollas, menos mal que estoy convencida de que este esfuerzo verá sus frutos, me sentiré fantástica, ahora desde luego que no. Luis es un cafre, me tuvo haciendo bicicleta más de 10 minutos, dijo que 3 eran pocos, me mandó luego a la cinta y después abdominales, le dije jadeando que no me iba a presentar a ningunas olimpiadas, se echó a reír, ya no me pareció cautivadora su sonrisa, de hecho tiene risita de hiena. Cuando me levanté de la colchoneta creo que me hernié, desde luego como me ocurra algo, les denuncio y el primero a Luis por imbécil y poco profesional.

Al día siguiente cogí el coche, era el cuarto día, solo pensar en ir andando al gimnasio me producía taquicardia, pero lo del coche al final no resultó buena idea, el mero hecho de dirigir las piernas hacia los pedales era un suplicio y extender los brazos para agarrar el volante, mejor no lo cuento.

Tengo claro que el ejercicio es para masoquistas.

Odio el gimnasio, odio a Luis, no me puedo ni vestir, ni calzar en condiciones, no puedo ni comer porque me duele la mandíbula del porrazo de la cinta ¿qué se han propuesto, acabar conmigo?

El quinto día no pude subir tan siquiera a la bicicleta y menos tumbarme en la colchoneta. Luis me dijo que no me esfuerzo lo suficiente, ¡asqueroso, mal parido!

El sexto día no fui al gimnasio, tampoco a trabajar, me quedé en la cama , creo que tengo el cuerpo roto, desmembrado. Logré dormir pese a los dolores y sonó el teléfono, era Luis para preguntar porqué no fui al gimnasio, colgué el artilugio y me volví a dormir mientras soñaba que me vengaba de él.

Estuve casi una semana sin ir al gimnasio y les dije que no volvería a no ser que fuesen más benévolos, que me diesen menos caña, Luis sonrió y me dijo que me habían exigido menos que a los demás debido a mi falta de preparación física, me di la media vuelta hacia la colchoneta por no darle una patada en los huevos ¡mamón! Dudo hasta de que tenga cojones.

Tomé una decisión, pedí que me devolviesen el resto del mes y no volvería al gimnasio, por supuesto se quedaron con mi dinero. No se hacen devoluciones, política de empresa.

En este mundo tiene que haber de todo, gente musculada y gente normalita, prefiero ser de los segundos, antes que morir en el intento.

En cuanto a Luis, me duermo todas la noches soñando e ideando una vendetta al más puro estilo “El Padrino”, por supuesto no la llevaré a cabo, pero no veáis lo que me relaja el mero hecho de pensar en ello

Esto no es para mi.

 

 

Nieves Angulo

 

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, pero más real de lo que parece, os lo digo yo.