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El bombero

Publicado 16/12/2010

 

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, humor, bomberos, el bombero, gatos, post, blog. streaper, streptease, hombres, amor, incendios, árboles.

 

 Le veía casi todos los días en el autobús, alto, moreno, con un cuerpo de infarto, alguna vez me senté a su lado y él muy despacio se apartaba un poquito mientras me sonreía, como excusándose por el roce, yo también le sonreía, pero no me apartaba ni un ápice.

Nos bajábamos en la misma parada ya que vivía en mi misma calle, en concreto en el portal nº 8, éramos vecinos...¡qué bien, los dioses existen!

Yo hacía footing todos los días, iba a un parque cercano, pero empecé a correr por la calle por si tenía suerte y le veía, algunos vecinos ya me miraban de manera extraña, de hecho una anciana me dijo con bastante sorna: - Hija, ¿no correrás mejor por el parque, no es más sano para ti que correr por el asfalto?-  Menuda entrometida.

Mi esfuerzo se vio recompensado al cuarto día, casi me dí de bruces con él cuando pasaba por delante de su portal y encima también iba a correr, ¡qué suerte la mía!... -Buenos días -le saludé- ¿vas al parque a correr?  Me contestó afirmativamente con una gran sonrisa, ¡dios qué guapo, qué dientes!

Me preguntó si íbamos juntos y yo asentí. Desde entonces corrimos todos los días, nos presentamos formalmente, se llamaba Jerónimo, como el jefe indio...¡ufff...qué sofocón!, me lo imaginaba vestido de indio con plumas y todo y...bueno que desvarío, era bombero me contó.

Me tenía loquita y reconozco que algo obsesionada, mis amigas se reían y hacían chistes a mi costa y Jerónimo, “qué cómo era la manguera, que si apagaba bien el fuego”... qué gamberras.

Hicimos footing durante 20 días y de repente dejó de venir, llamé al portero automático de su portal un par de veces y finalmente  me di por aludida. Estaba claro que no quería saber nada de mí,  me ponía excusas absurdas, posiblemente estaba casado y no quería murmuraciones o era gay ya que yo no soy mal parecida y él no había hecho ningún avance, ni intención de quedar para tomar algo durante esos días.

Cuando llevaba unos días sin verle empecé a desesperarme e hice indagaciones por el barrio sobre él, pero la verdad es que la gente no sabia gran cosa, supe que era soltero, educado y amable, fueron los únicos comentarios que saqué a dos vecinas de su bloque.

Entonces a la desesperada empecé a elucubrar planes para poder verle, se me ocurrieron unos cuantos y un día puse en práctica el primero.

Era mediodía, me metí en la cocina, regué la placa con aceite y prendí fuego, no sin antes mojar bien las esquinas con agua para evitar un incendio de grandes proporciones, cuando vi que empezaban las primeras llamas, corrí como una desesperada a su casa y timbré una y otra vez, lo único que conseguí, fueron los gritos de los vecinos diciéndome que iba a fundir el portero automático. Tenía claro que Jerónimo no estaba en casa, corriendo de nuevo como una posesa, menos mal que practicaba footing todos los días, me fui a casa y pude apagar el fuego que ya empezaba a comerse las cortinas y manchar de hollín los muebles.

Me dí cuenta que fui un poco descerebrada y que mi segundo plan tenía que planificarlo mejor.

Enfrente de mi bloque hay un gran árbol, casualmente sus ramas rozan la ventana de mi habitación, a veces me cabreo porque en días ventosos dan unos golpecitos que me desquician, entonces llamo al Ayuntamiento rogando que poden el dichoso árbol, pero el día que llevé a cabo mi segundo plan, agradecí que las ramas entrasen casi en mi casa.

Primero me agencié un gato callejero, había muchos por la calle porque la vieja metijona que me increpaba por correr por la calle, les ponía comida en latitas de conserva. Después busqué el teléfono del bombero, o sea Jerónimo, una vez con el teléfono en mi poder, llamé a su casa para ver si estaba y sí, allí estaba él, por supuesto no dije nada y colgué el teléfono.

 

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, humor, bomberos, el bombero, gatos, post, blog. streaper, streptease, hombres, amor, incendios, árboles.

 

Puse al gato en una de las ramas del árbol y le entretuve con unos menudillos, le coloqué en una rama lo suficientemente apartada de la ventana para que yo, debido a mi estatura, no pudiese llegar; el cabrón del gato se revolvía furioso y me arañaba una y otra vez, la verdad es que las pasé putas, lo cuento rápido, pero me tuve que subir a una escalera y casi me despanzurro a la calle porque no la abrí bien y se cerró de golpe, así es que di con mi cuerpo serrano en el parquet, fue difícil, tenía que colocar al gato, evitar sus arañazos, poner la comida en las ramas y evitar perder el equilibrio, uno odisea.

Cuando el gato estaba en plena faena culinaria, salí corriendo a la calle y timbré al portero automático de Jerónimo, al oír su voz, le grité con voz desesperada que mi gato estaba en un árbol que no podía bajar, que el pobre estaba asustado y maullaba aterrorizado y que pensé en él porque era bombero. Jerónimo por su parte me puso una y mil excusas, “no tengo el uniforme, no tengo no sé qué, llama a los bomberos, etc...”, pero tras mucho rogarle, accedió y vino conmigo a mi piso, por el camino le fui contando que había intentado coger al gato desde mi dormitorio pero que no llegaba. Ya en casa, le indiqué el dormitorio, se encaramó a la ventana y empezó a llamar al gato,-¡ psss..psss!- la verdad me pareció una aptitud rara para un bombero, me había imaginado que eran más aguerridos.

Jerónimo subido al borde de la ventana se estiraba todo lo que podía hacia el gato y el dichoso animal le enseñaba los colmillos y le arañaba una y otra vez las manos. Pregunté a Jerónimo si quería una escalera y para mi extrañeza me dijo que tenía vértigo ¿¿¿??? Se estiró otro poco mientras yo le sujetaba por las caderas, a todo esto el gato cada vez se iba más lejos y Jerónimo cada vez se estiraba más, como era alto al final le venció el cuerpo y cayó hacia adelante, se sujetó como pudo a las ramas pero éstas cedieron y Jerónimo fue a parar a la calle acompañado del gato al que llevaba asido por una pata. Fue un escándalo, entre los maullidos desesperados del gato, los gritos de Jerónimo al caer...ufff menos mal que vivo en un primero, si no, se mata mi bombero.

A Jerónimo no le pasó nada, un moratón en un codo y varios arañazos por la cara, cuello y manos, ya que el gato mientras caían se volvió loco y la emprendió con el pobre Jerónimo.

Pasó el tiempo y seguí sin verle, parecía que se le hubiese tragado la tierra, mientras tanto yo ideaba mi tercer plan que era prender mi casa, no solo la cocina y avisar a mi bombero.

Llegó el día de mi cumpleaños, yo estaba desanimada, pero mis amigas me dieron una fiesta sorpresa, fuimos a cenar y luego a un garito de streaper masculino y allí estaba yo, intentando pasármelo bien para no decepcionar a mis amigas, que se habían tomado tantas molestias por mí.

Se apagaron las luces y se encendió solamente una que caía directamente sobre el escenario...redoble de tambores...música estruendosa y....allí, bajo el foco de luz, estaba mi bombero, en el escenario, con el uniforme que le quedaba de maravilla y su hermosa y blanca sonrisa, dispuesto a deleitarnos con su streptease...o sea, después de todo era bombero, tomé en mi mano un billete de 20 € dispuesta a introducirlos por...donde pudiese, mientras él, me miraba avergonzado.

Llevamos juntos tres meses.

Me contó que estaba en trámites de divorcio y enamorado de mí, pero que no quería decirme nada hasta que no estuviese todo solucionado, era aparejador y tuvo que buscar este segundo empleo para pagar a los abogados.

Os juro que es el mejor streaper del mundo y me lo demuestra en la intimidad.

Jajaja...todavía nos estamos riendo por mis hazañas para conquistarle y hemos adoptado al gato.

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.