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¿Cuál era mi sorpresa? III

Publicado 07/01/2014

 

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, escritura creativa, humor, lord ingles, lacy inglesa, mansiones inglesas, inglaterra, río Severn.Capítulo III

 

(En la mansión)

 

Lady Emelinda terminó de desayunar y tras limpiarse las comisuras de los labios con una servilleta de lino hizo ademán de levantarse, inmediatamente, siempre presto, se acercó Bartholomew, el mayordomo y retiró su silla. Ella, apenas sin mirarle, le dio las gracias y le preguntó si se había levantado ya Lord Constantin y sí había regresado su hija después de ver su regalo. Bartholomew con una leve inclinación de cabeza, respondió que el señor seguía en sus dependencias y que Lady Cassandra había salido trotando montada en un poni que había delante de la fuente de Los Faunos, en el jardín.

Lady Emelinda volvió la cabeza con brusquedad y le preguntó al mayordomo qué hacía su hija montada en el poni que había comprado de regalo para su nieta Adele, le hizo ver su preocupación, pues su hija podía matar al pobre animal debido a su peso y estatura, también le preguntó dónde estaba el regalo de Lady Cassandra, la motocicleta ICON SHEENE 1400CC. Bartholomew, antes de abandonar el comedor de invierno, respondió que siguiendo las instrucciones dadas por Lord Constantin la noche anterior, la moto estaba en las dependencias de mantenimiento para ponerla un gran lazo dorado y rojo de regalo, de nuevo inclinó la cabeza y salió de la estancia. Lady Emelinda se quedó pensando y llegó a la conclusión de que su hija Cassandra cada día estaba peor. Encogiéndose de hombros se fue en busca de Lord Constantin, su hija pronto volvería, estaba empezando a llover.

¿Les daría tiempo a un revolcón mañanero? Jeje que pillina soy, pensó Lady Emelinda.

 

(Apoyada en el alcornoque)

 

Cada vez llovía más fuerte y tanto el pobre poni como yo, temblábamos de frío, además el poni resollaba ruidosamente, debía estar al borde de la extenuación, ¡pobre! Podía haber muerte aplastado bajo mi peso. Cómo fui tan inconsciente, me pregunté una vez más.

Seguíamos inmóviles ya que aún las abejas revoloteaban a nuestro alrededor incansablemente, algunas habían entrado en la colmena, pero otras parecían desorientadas y se acercaban peligrosamente a mi cara.

No te pongas nerviosa Cassandra, no te muevas y respira con normalidad, esto pasará y te reirás cuando lo cuentes.

Procuré relajarme un poco y cerré los ojos, ¡ojalá! me durmiera hasta que vengan en nuestra ayuda.

De repente sentí un aguijón en la mejilla izquierda, cerca del labio superior, de forma impulsiva di un manotazo al aire y como por ensalmo se recrudeció el zumbido de las jodidas abejas y varias empezaron a picarme con sus ponzoñosos aguijones. Me incorporé lo más rápido que pude y me dirigí atropelladamente hacia el río Severn, con las putas abejas detrás, no paraban de picarme en cualquier trozo de piel que tuviera descubierto, cara, pecho, manos ¡asquerosas, basta!!

Como era cuesta abajo iba a una velocidad bastante peligrosa, de hecho, me caí varias veces, por fin llegué al río donde me arrojé con tanta fuerza que mi estómago chocó contra el fondo, se me había olvidado que por este lado no había ni mucho caudal ni profundidad. Me hice un daño de la hostia, se me cortó la respiración y casi pierdo el sentido, pero al menos estaba a salvo de las abejas y sus picotazos infernales.

Por suerte no soy alérgica a sus picaduras, menos mal, pensé.

¡Por favor! Que esto sea un mal sueño, que esté todavía en mi cama protegida bajo el cobertor, por favor, por favor, grité desesperada.

Ya me empezaban a escocer las manos, la cara y el pecho, así es que me embadurné con arena del río, aunque estaba fangosa, sentí alivio casi de inmediato. No quería pensar la pinta que debía tener.

Salí del Severn empapada y ahí estaba en la orilla el poni, al verme emerger del río, el pobre animal lanzó un relincho, posiblemente asustado al verme. Por suerte ya no había ni rastro de las abejas.

Subimos la pendiente y nos dirigimos hacia otro alcornoque, pero primero me cercioré de que no hubiese ninguna colmena.

Yo estaba preocupada tanto por mi estado de salud, podía coger una puta pulmonía, como por el del pobre equino que seguía temblando y resollando.

Me senté de nuevo y el poni lo hizo a mi lado, le seguí acariciando acompasadamente y poco a poco se fue tranquilizando, su respiración ya estaba más normalizada.

Tenía que hacer algo, tenía que tomar una decisión, no podíamos seguir apoyados eternamente en un alcornoque, menos mal que había dejado de llover, pero seguíamos teniendo un frío del copón y temblando cual flanes.

Decidí quitarme la ropa y acurrucarme lo más cerca posible del poni, de esta manera nos daríamos calor mutuamente y la ropa no se secaría en mi cuerpo.

¡Madre mía! A finales de diciembre y yo en pelota picada en plena campiña, esto tiene que ser una broma, esto es una pesadilla.

Me adormecí y poco a poco empecé a soñar con Boris y sus fuertes manos acariciando mi piel. Otro problemón ¿cómo iba a decir a los clasistas de mis padres que estaba loca por el mozo de cuadra?

Si bien es cierto que Boris es mozo de cuadra, no es ningún zafio, pobre sí, pero no zafio, de hecho, trabaja para pagarse su carrera de medicina, aunque tiene una beca deportiva. Es alto, rubio, fuerte, delgado, es… ¡hum! Estoy entrando en calor pese al frío que tengo, bueno, el caso es que es un hombre pobre pero muy culto y lo dicho, aunque tiene una beca, trabaja en las caballerizas para no tener que pedir ayuda a su familia y así poder sustentarse, estoy loca por él y desde luego, en el momento que termine la carrera y tenga trabajo, yo quiero que abra una clínica privada en un buen barrio de Londres, nos casamos, se pongan como se pongan mis viejos, soy mayor de edad, me amenazarán con desheredarme, pero me importa una mierda, hablando de mierda, ¿pero esto que es? ¡Cochino, cerdo, guarro…aggg, que ascazo!, se ha cagado el puñetero poni. Otra vez al río a lavarme. No, si al final si no muero de una pulmonía lo haré atacada por una infección mierdera, estoy pringada. Me va a dar algo, a mí me da algo.

Salí despendolada hacia el río, tenía que limpiarme inmediatamente, no podía con el asco y las arcadas, solo imaginarme llena de mierda de poni, por no hablar del olor.

Me sumergí en las frías aguas del Severn y me limpié concienzudamente, al fin y al cabo estaba desnuda y se me podía haber metido la mierda del equino por cualquier parte del cuerpo ¡me muero de asco!

Pobre poni, seguro que se le ha soltado el esfínter debido al miedo y al frío, si le sucede algo no me lo voy a perdonar y mi sobrina Adele, menos.

Me volví a embadurnar con la arena cenagosa para aliviar el escozor que sentía debido a las muchas picaduras que tenía gracias a las putas abejas

Me recosté en el tronco del árbol y lo más cerca que pude del poni, pensando que cuando me secase y descansase un poco, emprendería el largo camino a casa. Me adormecí de nuevo con una tiritona que para qué.

¿Estaba soñando de nuevo o qué era ese ruido a lo lejos? Parecen ladridos.

 

Continuará…

 

Nieves Angulo

 

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