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Mensaje de Navidad del Rey Felipe VI

Publicado 19/12/2014

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El discurso del Rey

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey 2014.

3 días antes. Grabación del mensaje.

Despacho del Rey Felipe VI.

-¿Pero papá, qué haces aquí?

-Pues esperando que me maquillen para lanzar mi mensaje de navidad.

-Padre, te recuerdo que el rey ahora soy yo, tú abdicaste en mi favor.

-¿Pero qué dices hijo, si yo sigo haciendo viajes oficiales? De hecho he ido al entierro de Fabiola como rey de España.

-Bueno, vale. Sal de aquí que vamos a grabar.

-No me da la gana, no me voy. Nuestros súbditos son tontos. ¿No querían república? Pues toma, moreno, doble monarquía jajaja, ay, que me meo.

-Padre, ya está bien, vete.

-Me voy, pero porque me da la gana y no porque tú lo digas. Todavía soy tu padre, mocoso.

Más tarde…Ya grabando.

-“Buenas noches. Como sabéis esta es mi primera felicitación navideña, el primer mensaje de navidad que expreso como Rey de España y quiero…”

-¿Cari…qué haces? Pregunta Letizia irrumpiendo en el despacho de Felipe VI.

-Corten, corten

-¿Pero qué cojones pasa, Letizia qué pasa ahora?

-No te consiento que me hables así por muy rey que seas, Felipe. No te veía y me he acercado a ver qué pasa.

-Vale, perdona, Leti. Estamos grabando mi primer mensaje navideño como rey.

-¡Ay, tremendo! Me cambio de ropa y vuelvo enseguida. No empecéis sin mí. ¿Qué ponen a las niñas, algo sencillo o que las vistan cual repollos?

-Leti, te repito, es mi mensaje de navidad y me dirijo a los españoles, solo, SOLO, como hacía mi padre.

-¡Uy! De eso nada, Felipe. Se tienen que notar los cambios en la casa real. Más acercamiento al pueblo y más familiaridad. Las niñas y yo vamos a estar.

-De ningún modo. Sal de aquí y déjanos trabajar. Luego nos  vemos.

-Qué te lo crees tú. Ahora vuelvo, maquillada y vestida para la ocasión.

El rey dirigiéndose a su secretario y en sordina.

-Acompañe a doña Leticia y con la excusa del maquillaje enciérrela en el primer baño que encuentre.

-Sí, majestad.

El rey hablando con el director.

-Podemos seguir, cuando guste.

-Maquilladora. Ponga unos polvos a don Felipe que tiene la frente perlada de sudor y salen brillos.

Un poco más tarde.

-Preparados cámara 1 y cámara 3…grabando y 3, 2, 1.

-“Buenas noches. Como sabéis esta es mi primera felicitación navideña, el primer mensaje de navidad que expreso como Rey de España y quiero mostrar mi voluntad de…”

-Papi, papi. Entran las dos princesas corriendo en el despacho.

-Corten, corten.

-Pero bueno ¿qué hostias pasa, no voy a poder grabar en paz mi primer mensaje navideño?

-Papá, no digas palabras malsonantes, somos niñas y princesas.

El rey hablando al oído de su secretario.

-Saque a las niñas de aquí y si es necesario las encierra junto a su madre en algún torreón, como ya hicieron con algunos de mis antepasados.

-No tenemos torreones, majestad.

-Pues los fabrican, pero quiero grabarrrrrrrrrrrr y cayó redondo.

Le dio un jamacuco y estuvo ingresado 3 días.

El rey Juan Carlos grabó su discurso, digo mensaje de navidad, más contento que unas pascuas, le acompañaron Letizia y las niñas, por supuesto.

…Y colorín colorado, este cuento ¿Se ha acabado?

Nieves Angulo

 

 

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¿En qué estaría yo pensando?

Publicado 28/07/2014

 

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Tengo que escribir esto para desahogarme, a modo de terapia, solo se me ocurre a mí hacer estas gilipolleces, solo se me ocurre a mí.

Comienzo…

El otro día salí a fumarme el pitillín de las 11:00 de la mañana y empecé a darle vueltas a la cabeza.  Últimamente mi santa y yo no follamos…digo…no hacemos el amor tan a menudo como antes, estaba concentrado en mis pensamientos y oigo a dos compañeras de curro hablando, una le decía a la otra que se había hecho las brasileñas y que su novio la follaba que daba gusto. Me acerqué y las pregunté ¿qué son las brasileñas? Yo he oído hablar de ello pero no sé muy bien en qué consiste, me dijeron que se trataba de depilarse el coño del todo o dejando solo una rayita de vello púbico.

¡Ya está, me dije todo contento!, como mi reina está de viaje y llega el viernes por la noche, por la tarde me afeito los cojones, preparo cenita y después el polvo de Otelo, que empiezas en la cama y acabas en el suelo, me relamía solo de pensarlo.

Para que no me llamase "rata"decidí no afeitarme con las bic de usar y tirar que son las que uso. Me compré una maquinilla de afeitar de esas que anuncian los famosos (que cuestan un huevo) y que trae no sé cuantas hojas, ¡vamos! que me iba a dejar los cojones como la carita de un bebé.

Bueno, pues el viernes nada más comer y con tiempo suficiente me puse a preparar todo y pensé,  ya que estoy lo grabo en vídeo para que vea mi princesa de lo que soy capaz por ella.

Me iba a afeitar  en el aseo, pero finalmente me fui al baño principal que es más grande para estar más cómodo, además podía colocar el vídeo en la estantería de las toallas y los potingues.

Una vez el vídeo en marcha hice recuento de todo lo necesario: espuma, maquinilla (que me costó un huevo) justo uno de los que me iba a afeitar en fin, comencé... 

Imágenes y audio del vídeo.

¡Va por ti cielo!

¡Joder!, pues si que corta esto, ya me he hecho el primer tajo, ¡vamos! que solo falta que me corte la polla y tenga que irme a urgencias a que me la cosan jajajaja, calma, que solo se trata de afeitar y lo haces todo los días, ¡claro! que es la cara, no los cojones, lo que voy a hacer es estirar bien la piel…así, eso es…bien.

Ya estoy, me voy a mirar al espejo grande de la habitación.

Solo audio…

¡¡¡Agggg!!!, ¿qué es esto? ¡qué asco! parezco un babuino solo que el rojo está delante, es que soy gilipollas, soy un tipo velludo y se me ve todo el cuerpo con pelo y justo una nube entre toda la mata, ya que estoy me voy a afeitar todo, tampoco es tanto y tengo tiempo.

Del vídeo…

Esto va bien, lo de las piernas es fácil, pero ahora tocan los muslos por detrás, ¡joder! ¿cómo lo hacen las tías, qué son, contorsionistas?, ¡coño!, tengo que hacer deporte, me duele todo de estar con medio cuerpo retorcido. Bueno, el pecho ya está también, me veo raro, me toco y me noto suave como la seda, jajajaja parece que estoy haciendo un anuncio.

Me voy a mirar al espejo del dormitorio.

Solo audio.

¡Joder!, voy a terminar por no mirarme al espejo, cada vez que me miro veo un sitio nuevo para afeitar, falta el culo.

Del vídeo.

Voy a poner una pierna en el bidé, no atino, así es que me voy a sentar y cojo el espejo de aumento de mi chica. ¿Pero cómo me voy a sentar si es el culo lo que tengo que rasurar? Vale, comienzo a afeitar el culo, otra vez una pierna en el bidé...¡Qué feo el jodio y más, visto con aumento, hola...tanto tiempo juntos y no he tenido el gusto jajajaja!!! Fuera gilipolleces que se me está haciendo tarde y me empieza a escocer todo el cuerpo, las ingles las tengo irritadas por el calor y me molesta el roce al andar. ¡Coño! ya me estoy arrepintiendo.

Se me acaba de ocurrir coger la satinelle de mi nena y terminar de afeitarme y de paso le doy un repasito a todo el cuerpo por si ha quedado algún pelo traicionero, además tengo que preparar la cena que se me echa la hora encima. ¡Ayyyyy! me cago en “tosusmuertos” si este artilugio no corta, aspira, succiona, ¡¡coño, qué dañoo!!! ¿pero cómo aguantan tanto dolor las mujeres?

Imágenes y audio del vídeo.

Ya está, me voy a poner papel higiénico en algunos cortes…y ahora hidratante, mi reina se la da y le queda una piel preciosa...¡hum! me pondré de este tarro que pone aloe vera ¡joder!, este aloe vera vale para todo, jajajaja.

Del vídeo.

¡¡¡Plaffff… a tomar por culo medio kilo de tarro de aloe vera!! Y me dijo que le costó un huevo. Qué manía he cogido con los huevos, bueno que la costó un riñón, hablando de riñones como me duelen los "hijoputa" con tanta posturita…voy a recoger este estropicio antes que se haga un pastel en el suelo ….¡¡¡¡Ayyyyy…qué hostiazo!!! me he patinado con la mierda esta, si al final me mato ….¿y eso que suena... no es la puerta????

¡Cariñoooooo, ya estoy en casa!

Al final preparamos la cena entre los dos, todos mis planes a tomar por culo, como mis pelos.

Cómo nos reímos visualizando el vídeo, aunque mi chica se enfadó conmigo, me dijo que parecía mentira que no la conociese, que a ella la encantan los tíos con pelo; encima llevo dos semanas sin echar un polvo, añadidas a las anteriores, principalmente porque a mi me escuece todo, parezco una quisquilla recién cocida, además, a mi princesa la daba grima verme y tocarme sin pelos, y después porque la pinchaba. He tenido la piel irritada y ahora me están saliendo granos, dice mi princesita que es por el poro del pelo, que quiere salir y algunos se enquistan, ¡qué asco! Por no hablar de lo que me pica el cuerpo mientras salen los jodidos pelos.

Si antes respetaba y admiraba a las mujeres, ahora esto se ha triplicado, son contorsionistas y atletas natas, soportan el dolor estoicamente y lo hacen para no tener vello ¿sexo débil? Me rio yo. Nosotros, los tíos, somos tan imbéciles que nos queremos depilar, lo dicho somos idiotas.

He aprendido una lección, que si la naturaleza quisiese que los humanos no tuviésemos pelo hubiésemos nacido sin folículos pilosos.

Vamos a volver a poner el vídeo para echarnos unas risas y si hay suerte, echaremos un casquete.

 

Nieves Angulo

 

Casualmente este post me lo inspiró un amigo que me preguntó entre risas ¿por qué no hacía las brasileñas a Ángel? Y para más casualidades cuando ya tenía el post terminado, recibí un mail muy similar (cosas del paralelismo), pero así es la vida, casual.

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Esto no es para mí

Publicado 02/07/2014

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Mirando mis papeles he encontrado una especie de diario jejeje y ni me acordaba, lo voy a compartir con vosotros, sobre todo si puede valer de ayuda a alguien esta experiencia.

Durante un tiempo fui a un gimnasio y escribí una especie de diario para plasmar en él mis avances, tampoco es algo que haya contado a nadie así es que hoy os haré partícipes de esta experiencia, creo que ha llegado el momento del desahogo, bueno...ha llegado el momento, porque coincide con que ya no tiemblo, ni me da la risa tonta cuando hablo de ello.

Como está escrito con borrones y en presente, lo pasaré a limpio y haré un documento nuevo, eso sí, sin omitir nada.

Me apunté al gimnasio para coger tono muscular y endurecer el cuerpo, los años no perdonan.

El gimnasio no estaba muy lejos de casa y tenía una oferta bastante tentadora, solo le vi un inconveniente, nada más quedaban plazas a las 7:30 de la mañana (cosa que me parece indecente), con lo cual, tenía que madrugar y la verdad no me gusta mucho levantarme temprano, si puedo evitarlo. 

Como soy positiva, la negatividad del madrugón la miré por el lado bueno y pensé que me vendrían bien unos cambios de hábitos.

El primer día me levanté a las 6:30 con la intención de darme una ducha tonificante y que me espabilase, por supuesto, estaba zombie, quería además tomar un desayuno frugal, normalmente mis desayunos suelen ser ligeros, este día lo aligeré un poco más no fuese a ser que me diese la paliza en el gimnasio y echase la pota como se llama vulgarmente a la acción de expulsar el vómito.

El paseo hasta el gimnasio me vino bien, conseguí llegar a la puerta aparentemente fresca y lozana, me terminé de espabilar cuando me atendió en recepción el que iba a ser desde ese instante mi monitor, lástima no tener foto de él porque la insertaría inmediatamente, alto, moreno, bien formado, requetebién formado..¡vamos...formadísimo!!! y con unos ojos como dos esmeraldas, no es que haya visto muchas esmeraldas en mi vida, pero suena poético y qué decir de la mandíbula...mejor lo dejo y vuelvo a la cuestión.

Después de mostrarme los aparatos y darme la tabla de ejercicios recomendada para iniciados o novatos, hicimos unos minutos de calentamiento...de ese no...del otro, seguidamente bicicleta, 3 minutitos (que me parecieron 15 posiblemente la tengan trucada), después me mandó ponerme en una colchoneta y él se tumbó en la de al lado para enseñarme la mejor forma de hacer abdominales...me sentí un poco acalorada...¡ay...que abdominales!, me debió notar algo porque inmediatamente me tomó el pulso, está algo acelerado - me dijo. No me extraña - pensé.

El segundo día me tuve que tomar casi un litro de café, me levanté con la hora pegada al culo y ni ducha ni nada, ya me ducharía allí después de los ejercicios. Esta vez me mandó hacer los ejercicios de calentamiento sola, él estaba muy entretenido enseñando a una “niñata” ejercicios de respiración. Yo por mi parte me entregué con ahínco a mi tarea, me vio tan entusiasmada que me mandó a la cinta, cuando no miraba, iba de lo más relajada, pero cuando volvía la cabeza y me sonreía dándome ánimos me lanzaba como una furia a correr. Por supuesto, como no podía ser de otra forma tuve un contratiempo, me empeñé tanto en quedar bien delante del monitor que aceleré en demasía y terminé en el suelo y con la mandíbula en la cinta, casi me sacan de la cinta en parihuelas, me hice un kilómetro (para mí es mucho) y me temblaban las piernas tanto que no podía andar, comprendí la frase del maestro Rambo“no siento las piernas”. Luis me felicitó (así se llama mi monitor) y me sonrió con una sonrisa cautivadora dándome ánimos, pensé que el esfuerzo mereció la pena.

El tercer día me dolía todo, incluso sitios de mi cuerpo que ignoraba que existieran hasta ese momento. Me levanté tan tarde que no tomé ni café. Llegué corriendo al gimnasio y estaba Luis en recepción.

La verdad es que mirándole mejor no está tan bueno, tiene cara de gilipollas, menos mal que estoy convencida de que este esfuerzo verá sus frutos, me sentiré fantástica, ahora desde luego que no. Luis es un cafre, me tuvo haciendo bicicleta más de 10 minutos, dijo que 3 eran pocos, me mandó luego a la cinta y después abdominales, le dije jadeando que no me iba a presentar a ningunas olimpiadas, se echó a reír, ya no me pareció cautivadora su sonrisa, de hecho tiene risita de hiena. Cuando me levanté de la colchoneta creo que me hernié, desde luego como me ocurra algo, les denuncio y el primero a Luis por imbécil y poco profesional.

Al día siguiente cogí el coche, era el cuarto día, solo pensar en ir andando al gimnasio me producía taquicardia, pero lo del coche al final no resultó buena idea, el mero hecho de dirigir las piernas hacia los pedales era un suplicio y extender los brazos para agarrar el volante, mejor no lo cuento.

Tengo claro que el ejercicio es para masoquistas.

Odio el gimnasio, odio a Luis, no me puedo ni vestir, ni calzar en condiciones, no puedo ni comer porque me duele la mandíbula del porrazo de la cinta ¿qué se han propuesto, acabar conmigo?

El quinto día no pude subir tan siquiera a la bicicleta y menos tumbarme en la colchoneta. Luis me dijo que no me esfuerzo lo suficiente, ¡asqueroso, mal parido!

El sexto día no fui al gimnasio, tampoco a trabajar, me quedé en la cama , creo que tengo el cuerpo roto, desmembrado. Logré dormir pese a los dolores y sonó el teléfono, era Luis para preguntar porqué no fui al gimnasio, colgué el artilugio y me volví a dormir mientras soñaba que me vengaba de él.

Estuve casi una semana sin ir al gimnasio y les dije que no volvería a no ser que fuesen más benévolos, que me diesen menos caña, Luis sonrió y me dijo que me habían exigido menos que a los demás debido a mi falta de preparación física, me di la media vuelta hacia la colchoneta por no darle una patada en los huevos ¡mamón! Dudo hasta de que tenga cojones.

Tomé una decisión, pedí que me devolviesen el resto del mes y no volvería al gimnasio, por supuesto se quedaron con mi dinero. No se hacen devoluciones, política de empresa.

En este mundo tiene que haber de todo, gente musculada y gente normalita, prefiero ser de los segundos, antes que morir en el intento.

En cuanto a Luis, me duermo todas la noches soñando e ideando una vendetta al más puro estilo “El Padrino”, por supuesto no la llevaré a cabo, pero no veáis lo que me relaja el mero hecho de pensar en ello

Esto no es para mi.

 

 

Nieves Angulo

 

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, pero más real de lo que parece, os lo digo yo.

¿Cuál era mi sorpresa? Fin

Publicado 08/01/2014

 

Capítulo IVNieves Angulo, nangulo.es, caceria de zorros con perros, prohibicion caceria de zorros con perros en inglaterra y gales, gales, inglaterra, el fantasma de canterville, relatos, escritura creativa, blog, post, tony blair, valentino, moda, glamour.

 

Seguí durmiendo pese al ruido, que posiblemente solo estaba en mi cabeza, hasta que sentí un jaleo descomunal a mi alrededor y noté un roce en el muslo derecho.

Abrí los ojos de golpe y di un grito desgarrador, esta vez no me rodeaba un enjambre de abejas, sino seis o siete sabuesos y uno de ellos tenía su húmedo hocico pegado a mi muslo, por este motivo desperté.

Me incorporé a toda leche y de repente recordé que por estas fechas mi padre y mi hermano suelen salir de cacería, bueno, mas bien simulan que cazan, siguen todos los rituales, se visten, preparan a los perros, en fin, toda la parafernalia. Antes cazaban zorros, pero en el 2004 o el 2005, ahora no recuerdo bien, el Gobierno del primer ministro, Tony Blair, respaldado por La Cámara de los Comunes del Reino Unido, prohibió la práctica de la caza del zorro con perros en Inglaterra y Gales. Desde entonces, todos los años llevan a cabo este pequeño simulacro y se lo pasan de miedo, vuelven a casa cansados y felices, no han matado a ningún animal, pero han disfrutado como niños. Algunas personas y pese a la prohibición, salen a cazar caiga quien caiga todos los 26 de diciembre, por tradición. Mi padre y mi hermano, ya no quieren matar animales, pero les gusta disfrutar de un día de trote por la campiña y escuchar los ladridos de los sabuesos cuando ven un conejo e incluso un zorro, además en vez de salir el día 26 como manda la tradición, ellos se adelantan un día.

Con la mayor celeridad posible busqué mi ropa para vestirme ya que se oían voces cada vez más cercanas.

Los perros saltaban a mi alrededor con una gran algarabía, pues todos me conocían. Mi ropa no aparecía y de repente vi que uno de los sabuesos se había hecho con ella y jugueteando la estaba haciendo jirones. Me acerqué al perro para quitarle la ropa y poder vestirme pero el maldito hijo de su madre no la soltaba, debía pensar (si es que los perros piensan) que o bien era un presa, o que estábamos jugando.

Grité pidiendo al perro mi ropa, mi ropa, dame la ropa…

 

…OOO…

 

La ropa, seguí murmurando mientras alguien me tocaba suavemente el hombro.

Abrí los ojos y vi a Liberty, mi doncella que me llamaba para bajar a desayunar y me advertía de que ya estaban esperando mis padres en el comedor de invierno.

Pregunté a la doncella que dónde estaba mi ropa mojada y quién me había llevado a casa y la pobre mujer me miraba como si yo fuese una desquiciada, tardé unos segundos, los justos mientras me espabilaba del todo, en comprender que se había tratado de un sueño. Devolví la mirada a Liberty que tenía la boca abierta un palmo y me reí a carcajadas. Estoy segura que pensaba que estaba loca de atar.

Me acercó la bata, me dijo que la ducha estaba a la temperatura adecuada y qué ropa sacaba de mi vestidor. Sonriendo aún, la dije que ropa de montar, pensaba trotar con un poni jaja siguió mirándome como si yo fuese " El fantasma de Canterville" jaja. Aún con una sonrisa asomando a mis labios me dirigí a la ducha.

Lady Emelinda y Lord Constantin, mis padres, me reprendieron, pero con mucho cariño, por hacerles esperar para desayunar y me recordaron que era ese desayuno, uno de los pocos que podíamos disfrutar juntos.

Desayunamos en silencio, no nos gustaba a ninguno hablar mientras comíamos, pero una vez terminado el desayuno, mi madre me preguntó si me daban ya los regalos de Papá Nöel o esperábamos a que regresara de mi paseo matinal a caballo.

Sonreí y les dije que montaría mas tarde y les empecé a narrar mi sueño, omitiendo muy hábilmente mi relación con Boris.

Ambos disfrutaron de mi narración, a mi padre le lloraban los ojos de la risa, decía que no se podía imaginar mi envergadura encima de un pobre poni y lo mal que lo debí pasar con las picaduras de las abejas. A mi madre la hizo gracia todas las zambullidas que me tuve que dar en el río Severn. Los dos, con su mente lógica y analítica inglesa, me hicieron ver que se notaba que era un sueño, pues les extrañaba a ambos que el pobre poni con el estrés que había sufrido, se tumbase a mi lado en total relax. Les hice ver que en efecto, era lo bueno de los sueños, que cosas ilógicas se hacían de lo más real.

Mi madre me dijo que si no iba a montar, porqué no me cambiaba de ropa ya que esperábamos a una persona para el almuerzo. Asentí, pero antes de subir a cambiarme, les pregunté por mis regalos y les dije que los suyos, como siempre, estaban a los pies del árbol. Me contestaron que los míos también y hacia el árbol nos dirigimos los tres entre risas y bromas sobre mi sueño.

Aunque me reía con ellos, realmente todavía se me aceleraba el pulso cuando recordaba el sueño con tanto detalle, cosa rara, normalmente se me olvidan los sueños a los pocos segundos de levantarme, creo, que como a la mayoría de la gente.

Abrimos los regalos, este año eran menos costosos y más austeros y es que la crisis mundial se notaba también en nuestras arcas. Mi madre comentó que la moto no se la pasó por la imaginación habida cuenta de que yo no montaba en moto, pero que si hubiese habido mas presupuesto, no le parecía mala idea lo del poni para Adele.

Subí a mi habitación y llamé por el móvil a Boris pero me salía el buzón de voz, me pareció un tanto extraño.

El sueño que tuve con Boris, era más real de lo que parecía. Aunque no proviene de una  familia tan humilde, su madre es periodista y su padre banquero, sí es cierto que tiene media beca deportiva. En efecto está de mozo de cuadra en mis caballerizas, él me rogó ese trabajo para pasar más tiempo juntos, porque le encantan los animales y porque no le gusta pedir a sus padres dinero para sufragar sus gastos. Le conocí en la Universidad de Medicina, yo también estoy cursando estudios médicos, quiero ser pediatra, me encantan los niños. Le busqué el trabajo en mis cuadras por medio de una amiga de ambos, fue su recomendación, para poder mantener en secreto nuestro idilio y por supuesto es cierto que nos queremos casar, pero todavía falta mucho tiempo, ambos debemos terminar la carrera y empezar a ganar dinero. No creo que mis padres aprueben nuestra relación, pero me da igual, nos casaremos igualmente.

Terminé de vestirme y salí a leer al jardín, hacía un día fabuloso para ser 25 de diciembre.

A las 12:45 subí de nuevo a cambiarme, normalmente en estos días de fechas tan señaladas, nos gustaba arreglarnos, me preguntaba mientras me maquillaba los ojos ¿quién vendría a almorzar?

Me puse un vestido rojo de Valentino, siempre me gusta ponerme algo rojo en Navidad y bajé las escaleras. Al entrar en el comedor pude ver que ya estaban mis padres, mi hermano, mi cuñada, mi sobrina Adele y tres personas más que no ubicaba ya que estaban de espaldas.

Me acerqué con ánimo de saludar a nuestros invitados y me pareció extraño que me hubiesen dicho que teníamos un invitado cuando en realidad eran tres.

Al aproximarme a la figura que me pareció mas joven, mis pulso empezó a latir, ese pelo, esa nuca, me eran muy, pero que muy familiares.

Boris se volvió a mirarme con ojos sonrientes y me dijo que estaba preciosa, después me estampó un beso en la boca que me dejó sin aliento y al que yo correspondí con avidez pero un tanto confusa.

Mis padres sonreían y yo me preguntaba si seguía soñando.

Lord Constantin se aproximó a mí me entrelazó los dedos y me dijo que me iba a presentar a los padres de Boris.

Mientras tomábamos una copa de champagne, me explicaron que sabían desde hacía tiempo que estábamos enamorados, que había miradas que no se podían disimular, que hablaron con Boris hacía una semana y decidieron que este sería mi regalo de Papá Nöel, pero arrancaron una promesa a Boris y es que nos tomaríamos con calma nuestro compromiso, al fin y al cabo éramos jóvenes, con mucha vida por delante y mucho que hacer y ofrecer al mundo.

Los padres de Boris resultaron ser unas personas excelentes, se les veía encantados viendo a su hijo tan feliz.

Durante la comida y hasta los postres, mi cara no dejó de reflejar sorpresa y felicidad.

Después de todo, Papá Nöel, este año me dejó un maravilloso regalo.

 

FIN

 

Nieves Angulo

 

Enlace: Capítulo I

            Capítulo II

            Capítulo III

 

 

 

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¿Cuál era mi sorpresa? III

Publicado 07/01/2014

 

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(En la mansión)

 

Lady Emelinda terminó de desayunar y tras limpiarse las comisuras de los labios con una servilleta de lino hizo ademán de levantarse, inmediatamente, siempre presto, se acercó Bartholomew, el mayordomo y retiró su silla. Ella, apenas sin mirarle, le dio las gracias y le preguntó si se había levantado ya Lord Constantin y sí había regresado su hija después de ver su regalo. Bartholomew con una leve inclinación de cabeza, respondió que el señor seguía en sus dependencias y que Lady Cassandra había salido trotando montada en un poni que había delante de la fuente de Los Faunos, en el jardín.

Lady Emelinda volvió la cabeza con brusquedad y le preguntó al mayordomo qué hacía su hija montada en el poni que había comprado de regalo para su nieta Adele, le hizo ver su preocupación, pues su hija podía matar al pobre animal debido a su peso y estatura, también le preguntó dónde estaba el regalo de Lady Cassandra, la motocicleta ICON SHEENE 1400CC. Bartholomew, antes de abandonar el comedor de invierno, respondió que siguiendo las instrucciones dadas por Lord Constantin la noche anterior, la moto estaba en las dependencias de mantenimiento para ponerla un gran lazo dorado y rojo de regalo, de nuevo inclinó la cabeza y salió de la estancia. Lady Emelinda se quedó pensando y llegó a la conclusión de que su hija Cassandra cada día estaba peor. Encogiéndose de hombros se fue en busca de Lord Constantin, su hija pronto volvería, estaba empezando a llover.

¿Les daría tiempo a un revolcón mañanero? Jeje que pillina soy, pensó Lady Emelinda.

 

(Apoyada en el alcornoque)

 

Cada vez llovía más fuerte y tanto el pobre poni como yo, temblábamos de frío, además el poni resollaba ruidosamente, debía estar al borde de la extenuación, ¡pobre! Podía haber muerte aplastado bajo mi peso. Cómo fui tan inconsciente, me pregunté una vez más.

Seguíamos inmóviles ya que aún las abejas revoloteaban a nuestro alrededor incansablemente, algunas habían entrado en la colmena, pero otras parecían desorientadas y se acercaban peligrosamente a mi cara.

No te pongas nerviosa Cassandra, no te muevas y respira con normalidad, esto pasará y te reirás cuando lo cuentes.

Procuré relajarme un poco y cerré los ojos, ¡ojalá! me durmiera hasta que vengan en nuestra ayuda.

De repente sentí un aguijón en la mejilla izquierda, cerca del labio superior, de forma impulsiva di un manotazo al aire y como por ensalmo se recrudeció el zumbido de las jodidas abejas y varias empezaron a picarme con sus ponzoñosos aguijones. Me incorporé lo más rápido que pude y me dirigí atropelladamente hacia el río Severn, con las putas abejas detrás, no paraban de picarme en cualquier trozo de piel que tuviera descubierto, cara, pecho, manos ¡asquerosas, basta!!

Como era cuesta abajo iba a una velocidad bastante peligrosa, de hecho, me caí varias veces, por fin llegué al río donde me arrojé con tanta fuerza que mi estómago chocó contra el fondo, se me había olvidado que por este lado no había ni mucho caudal ni profundidad. Me hice un daño de la hostia, se me cortó la respiración y casi pierdo el sentido, pero al menos estaba a salvo de las abejas y sus picotazos infernales.

Por suerte no soy alérgica a sus picaduras, menos mal, pensé.

¡Por favor! Que esto sea un mal sueño, que esté todavía en mi cama protegida bajo el cobertor, por favor, por favor, grité desesperada.

Ya me empezaban a escocer las manos, la cara y el pecho, así es que me embadurné con arena del río, aunque estaba fangosa, sentí alivio casi de inmediato. No quería pensar la pinta que debía tener.

Salí del Severn empapada y ahí estaba en la orilla el poni, al verme emerger del río, el pobre animal lanzó un relincho, posiblemente asustado al verme. Por suerte ya no había ni rastro de las abejas.

Subimos la pendiente y nos dirigimos hacia otro alcornoque, pero primero me cercioré de que no hubiese ninguna colmena.

Yo estaba preocupada tanto por mi estado de salud, podía coger una puta pulmonía, como por el del pobre equino que seguía temblando y resollando.

Me senté de nuevo y el poni lo hizo a mi lado, le seguí acariciando acompasadamente y poco a poco se fue tranquilizando, su respiración ya estaba más normalizada.

Tenía que hacer algo, tenía que tomar una decisión, no podíamos seguir apoyados eternamente en un alcornoque, menos mal que había dejado de llover, pero seguíamos teniendo un frío del copón y temblando cual flanes.

Decidí quitarme la ropa y acurrucarme lo más cerca posible del poni, de esta manera nos daríamos calor mutuamente y la ropa no se secaría en mi cuerpo.

¡Madre mía! A finales de diciembre y yo en pelota picada en plena campiña, esto tiene que ser una broma, esto es una pesadilla.

Me adormecí y poco a poco empecé a soñar con Boris y sus fuertes manos acariciando mi piel. Otro problemón ¿cómo iba a decir a los clasistas de mis padres que estaba loca por el mozo de cuadra?

Si bien es cierto que Boris es mozo de cuadra, no es ningún zafio, pobre sí, pero no zafio, de hecho, trabaja para pagarse su carrera de medicina, aunque tiene una beca deportiva. Es alto, rubio, fuerte, delgado, es… ¡hum! Estoy entrando en calor pese al frío que tengo, bueno, el caso es que es un hombre pobre pero muy culto y lo dicho, aunque tiene una beca, trabaja en las caballerizas para no tener que pedir ayuda a su familia y así poder sustentarse, estoy loca por él y desde luego, en el momento que termine la carrera y tenga trabajo, yo quiero que abra una clínica privada en un buen barrio de Londres, nos casamos, se pongan como se pongan mis viejos, soy mayor de edad, me amenazarán con desheredarme, pero me importa una mierda, hablando de mierda, ¿pero esto que es? ¡Cochino, cerdo, guarro…aggg, que ascazo!, se ha cagado el puñetero poni. Otra vez al río a lavarme. No, si al final si no muero de una pulmonía lo haré atacada por una infección mierdera, estoy pringada. Me va a dar algo, a mí me da algo.

Salí despendolada hacia el río, tenía que limpiarme inmediatamente, no podía con el asco y las arcadas, solo imaginarme llena de mierda de poni, por no hablar del olor.

Me sumergí en las frías aguas del Severn y me limpié concienzudamente, al fin y al cabo estaba desnuda y se me podía haber metido la mierda del equino por cualquier parte del cuerpo ¡me muero de asco!

Pobre poni, seguro que se le ha soltado el esfínter debido al miedo y al frío, si le sucede algo no me lo voy a perdonar y mi sobrina Adele, menos.

Me volví a embadurnar con la arena cenagosa para aliviar el escozor que sentía debido a las muchas picaduras que tenía gracias a las putas abejas

Me recosté en el tronco del árbol y lo más cerca que pude del poni, pensando que cuando me secase y descansase un poco, emprendería el largo camino a casa. Me adormecí de nuevo con una tiritona que para qué.

¿Estaba soñando de nuevo o qué era ese ruido a lo lejos? Parecen ladridos.

 

Continuará…

 

Nieves Angulo

 

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¿Cuál era mi sorpresa? (II)

Publicado 24/12/2013

Capítulo IINieves Angulo, nangulo.es, poni, estibador, el hombre que susurraba a los caballos, Londres, equitación, abejas, relatos humor, escritura creativa, post, blog, alcornoque, humor, inglaterra, caza mayor.

 

Una vez llegué a la conclusión de que el equino no era mi regalo, no sé cómo pude pensar que lo era, lo achacaré a que aún estaba medio dormida, mi preocupación era como frenar al poni y su carrera alocada.

Cruzó el río a todo galope, menos mal que lo hizo por una parte donde el Severn no tenía mucho caudal, el agua apenas me cubrió las piernas que a aquellas alturas había dejado en su posición normal y las seguía llevando a rastras.

Me dolía todo, estaba helada de frío y no me hacía con el maldito poni. Recordé la célebre frase de la película Rambo “no siento las piernas”, era exactamente lo que me sucedía. Ojalá no sintiese tampoco el culo que me palpitaba y escocía, el jodido, como si hubiese metido en el ano una cayena.

Me prometí una vez más que iría al médico y me operaría de las dichosas almorranas que me daban, y nunca mejor dicho, por el culo.

A punto de cruzar el río, cuando creí que estaba a salvo y el poni más tranquilo, el cabronazo me tiró, debió tropezar con el fondo arenoso y fui a parar al agua que estaba helada, por cierto. Me cagué en todos los muertos del poni y en su puta madre, hablando de madres, si me oyese este soez lenguaje mi madre Lady Emelinda, se moría.

Normalmente cuando me enfado o estoy nerviosa mi vocabulario no se distingue apenas del de un estibador.

El poni siguió con su carrera infernal y me llevó arrastras, pues se me había quedado el pie izquierdo enganchado en el estribo. Salió del río y siguió galopando como un loco. Gloucester está a 180 kilómetros al oeste-noroeste de Londres y hacia allí enfilaba el equino. Elevé la vista al cielo y también elevé mis preces, aunque no soy muy religiosa, encontré consuelo en orar y rogar para que terminase esta odisea.

Imagino que debido a mis gritos, o bien porque el pobre equino no podía aguantar el esfuerzo que le suponía tirar de mí, ya que precisamente no soy un peso pluma, el poni se fue sosegando y yo pude levantarme, tuve que volver a ponerme encima de él para sacar el pie del estribo, pues de pie no me sostenía bien ya que temblaba y el poni no paraba de moverse. Hablé con calma al poni, le susurré al oído, en una peli vi que a Robert  Redford le daba resultado, le acaricié y cuando casi había conseguido liberar el pie, el hijo de puta cabrón se lanzó de nuevo al galope. ¡Dios, esto no puede estar ocurriendo!!

No maltrato jamás a los animales, pero reconozco que estaba tan frenética que no paraba de arrearle patadas en los lomos, lamenté no llevar espuelas porque juro que se las hubiese clavado hasta el fondo. No había manera de frenarle, no sé qué le pasaba, seguía galopando como un loco y de vez en cuando corcoveaba, cuando lo hacía tenía que agarrarme fuerte de las bridas para no caer, aunque no sé si sería lo mejor. De hecho, seguía pensando seriamente en tirarme en marcha, pero era una locura, debido a mi estatura, me podía hacer mucho daño dada la velocidad del poni.

De repente el poni dio un giro de 180 grados y se dirigió desenfrenadamente hacia la zona boscosa y montañosa, hacia las colinas de Cotswolds.

Según nos íbamos acercando a las montañas empezó a llover de forma copiosa, yo seguía tiritando de frío, mis pantalones aún no se habían secado y no llevaba más que una fina chaqueta de ante, pues mi intención cuando salí esta mañana no era ni mucho menos correr un derby con el mamón del poni.

Solo me mantenía un poco más serena el pensar que en casa se habrían dado cuenta de mi ausencia y de la del poni y que con la que estaba cayendo (ya era una lluvia torrencial) alguien saldría en nuestra búsqueda.

Me fui sosegando cuando noté que el caballo iba frenando poco a poco, por fin paró y me pude bajar a toda hostia no fuera que empezase de nuevo con su loco galope. 

Yo Temblaba de frío y nervios. Corrí para protegerme de la lluvia, me apoyé en el tronco de un alcornoque. Papá tenía alcornocales debido a que una de sus empresas se dedicaba al corcho. Por suerte el árbol tenía una copa bastante frondosa y apenas me llegaba la lluvia, me senté y no me importó empapar más mis pantalones, a estas alturas nada me importaba. 

Para mi sorpresa el poni empezó a acercarse a mí en busca de caricias, yo estaba alucinada y llegué a la conclusión de que el pobre equino no podía conmigo, pues además de medir 1,80 peso 70 Kg. Existe una regla orientativa, según la cual el caballo no debe llevar encima a un jinete cuyo peso rebase el 15 por 100 del peso del equino.

El pobre poni, como todos los de su raza, tiene un aire salvaje pero la realidad es que es un buenazo, amable y juguetón. Lo dicho, no sé qué me ha pasado esta mañana para cometer tantos errores de cálculo. Me monto en un pobre animal que no puede conmigo  y casi nos mato a los dos, a él reventado y yo, descoyuntada.

En estas divagaciones me hallaba cuando empecé a escuchar a mi alrededor un ruido sordo, una especie de zumbido y al pronto me encontré rodeada de un enjambre de abejas, que se querían guarecer de la lluvia en su jodida colmena que por casualidad estaba en el mierdoso alcornoque. ¡Coño! ¿Es que he pisado mierda esta mañana? Las abejas no suelen picar, a no ser que la colonia tome una aptitud defensiva o estén irritadas, en este caso seguro que lo estaban ya que seguía lloviendo y esto las sensibiliza bastante, normalmente en días nublados o tormentosos no conviene acercarse a las colmenas y aquí estaba yo, debajo de una.

¡¡Por favor, que alguien me ayude!! Grité mirando a los negros cielos. El poni se tumbó a mi lado y yo le acaricié sus blancas crines y el hocico.

Continuará...

 

Nieves Angulo

 

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¿Cuál era mi sorpresa?

Publicado 23/12/2013

N.Angulo, Nieves Angulo,  nangulo.es,  humor,  ponys,  relatos,  cuentos,  inglaterra, papa noel, santa claus. navidad, caballos, equinos, ríos, Times

 

Capítulo I

Este año Papá Nöel me dejó un precioso poni con el pelaje alazán y las crines blancas, en mi casa de Gloucester, al suroeste de Inglaterra, casi lindando con Gales.

Debido a mis 1,85 metros estatura (descalza) pude montarlo sin saltar, apenas sin esfuerzo, solo tuve que subir ligeramente mi pierna izquierda y asentarme cómodamente en su lomo.

Le di un suave toque para que trotase y al punto obedeció.

Yo iba incómoda porque me arrastraban los pies, iba dejando unos feos surcos en la hierba con las botas.

El poni no iba más cómodo que yo, de hecho, estaba nervioso y movía la cabeza de un lado a otro, como un péndulo, parecía como si algo, para mí invisible, le molestase.

Del trote y sin ninguna orden por mi parte, pasó al galope de manera desenfrenada.

Me fui poniendo nerviosa porque a mi derecha estaba el río Severn y mi poni iba a toda hostia hacia él.

Yo seguía dejando unas hendiduras tremendas en la tierra con mis botas y a veces se me quedaba atascado uno de mis pies.

Decidí encoger las piernas todo lo que pude de tal manera que mis rodillas casi rozaban mi cara.

Me empezaron a doler ambas rodillas y el culo, primero debido al galope del poni que iba, el muy hijo de puta, desenfrenado y después por las jodidas almorranas.

Yo le gritaba que parase y él empecinadamente galopaba hacia el río.

El dolor de mis posaderas era infernal y las almorranas me escocían que daba gusto.

Estaba tan desesperada que tuve tentaciones de tirarme a tierra en plena galopada, pero no tenía todas conmigo de que no me partiese el cuello, no debido a la alzada del equino, sino a la velocidad que podía alcanzar mi propio cuerpo debido a la inercia mecánica del mismo, unida a la velocidad del propio poni.

De repente el poni empezó a corcovear, no le era suficiente con galopar a toda leche y oscilar su cabezota, no, tenía que dar saltos y encorvar el lomo, parecía que estaba teniendo un ataque de epilepsia, lo cual me hizo preguntarme (no paro de hacerme preguntas aunque mi vida peligre), si los equinos tenían estos ataques, sé que los perros si pueden padecerlos, pero los caballos…no sé, me estoy yendo por las ramas y como este cabrón no frene, además de comerme unas cuantas, lo que me voy es al río de cabeza ¿Será cabrón?

Tiré de las bridas, pero no había manera de frenarle y seguía galopando como loco hacia el río.

Empecé a insultarle a grito pelado: "Hijo puta, cabrón, enano de los cojones, acémila, mala mula, mula parda, mala bestia"; ¡dios! si mi padre me oyese...

Mi cerebro no descansaba, al igual que el poni y me pregunté ¿a quién se le ocurrió la idea de regalarme un poni, si mido 1,85 m. de estatura?

Rememoré mis pasos esa mañana. Bajé a desayunar y ya estaba en el comedor de invierno mi madre, a la que di un beso de buenos días. Mi padre, seguramente, seguiría en la cama, desde que se retiró de la política no le gustaba madrugar. También estaba Bartholomew, el mayordomo, presto para servirme el desayuno, esperé a que me retirase la silla, le pedí solo huevos revueltos, tostadas, mermelada, zumo de pomelo y té, no me apetecía bacón.

Mi madre levantó la vista del Times y me preguntó si ya había visto los regalos, contesté que algunos de ellos y me dijo que me esperaba una sorpresa en el jardín.

Realmente es algo más que un jardín lo que rodea nuestra mansión, es un terreno de no sé cuantas hectáreas con pista de tenis, piscina, caballerizas, un pequeño campo de golf, un lago y no sigo que me agoto.

Terminé el desayuno y salí a buscar mi sorpresa. No vi nada y seguí caminando un trecho hasta que tropecé con el poni de lo cojones.

Me extrañó el regalo pero aún así, gilipollas de mí, monté en él.

Ya estoy temiéndome que el dichoso poni no fuera mi regalo, sino para mi sobrina Adele…

…¿Entonces, cuál era mi sorpresa?

 

Nieves Angulo

 

 

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Una maravillosa tarde de Junio

Publicado 03/06/2011

 

Nieves Angulo, nangulo.es, N.Angulo, relatos cortos, relato de humor, gafe, una maravillosa tarde de junio, gaviotas, playa, La Coruña, smartphone, youtube, música.

 

¡Ah! qué sol más rico y qué calorcillo, cuando termine de comer me bajo a la cala.

Estoy feliz, hoy me ha dado un respiro el mal tiempo, sinceramente este clima no parece de primero de Junio sino de finales de Septiembre.

Acabo de comer y me lavo el “patio de butacas”, o sea dientes para los que no sean tan chulos como yo.

Me cambio de ropa y me pongo unos pantalones holgados de algodón y una camiseta a juego, eso si, aunque sea para la playa voy monísima y conjuntada siempre, nunca se sabe quién te puede estar mirando.

He recuperado unos cascos para mi smartphone porque los auriculares me resultan molestos, se me salen de las orejas al dos por tres así es que aquí voy yo con mis cascos grandes, muy grandes, parezco la hormiga atómica y además he notado que el otro día cuando los probé se pelaban porque tenía las orejas, el pelo y los hombros con restos plastificados negros, los terminaré de pelar yo en la playa.

Cojo mi bolsón y meto el smartphone, los cascos, kleenex, las llaves, gafas de sol (hay que evitar los gallineros ojeriles, patas de gallo para los finos), un libro que nunca leo en la playa o casi nunca porque me da resol y me molestan los ojos, pero lo bajo por si acaso, y el cojín para apoyar la cabeza que me compré en un chino hace tiempo para hacer ejercicios con la rodilla en casa, es muy pequeño y hortera, viene dibujado Shin Chan, unos dibujos animados que nunca he visto pero sé que existen por los zapping.

¡Hala! ya estoy, al banco. Sí, yo me pongo en un banco porque la arena me es incómoda y las rocas también, así es que me tumbo en uno cualquiera al lado de la cala y pasando de todo.

Me imagino a los que pasean por mi lado diciendo ¿y eso? Pues eso soy yo, por supuesto, tumbada al sol como un lagarto y llevando el ritmo de la música con los pies, los hombros, la cabeza y lo que se precie, pero no me importa, debe ser la edad, alcanzas un puntito en que te importa realmente poco o nada que te miren o lo que piensen los demás, sobre todo si son desconocidos ; hablando de música, tengo que renovar el álbum musical del smartphone porque llevo meses oyendo lo mismo y estoy tomando manía a Amy Winehouse y Robbie Williams, hoy escucharé directamente de la red.

Cierro los ojos, relax, sol, ritmito, calorcito....¡Aggghhh!!, ¿qué es esto?, siento un peso en el estómago y humedad, sensación entre caliente y fría, he oído o más bien sentido un ¡PLAFF! abro los ojos, me incorporo y… ¡qué asco!, me ha cagado una gaviota, o una docena porque el tamaño es importante. Mamá no me regañes, ya sé que hace años hubiese dicho “me ha defecado una gaviota”, pero te puedes imaginar que después de vivir tantos años con un malhablado y aunque me sigue sonando fatal la palabra “cagar”(lo que es la educación), pues digo que me ha cagado una put… puñetera gaviota, ¡qué olor!, ¿qué hago? Si, si, si, un kleenex, bueno más bien cuatro y esto no sale y huelo que apesto.

Me acerco a la ducha de la playita, con los cascos colgando, el cojín de un brazo y el bolsón al hombro, abro la ducha y ¡halaaaaa! agua por todo el cuerpo menos en el kleenex que he puesto debajo de la ducha, ¡joder! (perdón mami, te juro que no digo un taco más), esto no me puede estar pasando estoy empapada de agua y cag.. bueno defecada por un pajarraco abominable.

Los pájaros de este tamaño deberían tener váter aparte; tomen nota señores del Ayuntamiento para poner cagaderos públicos de gaviotas o en su defecto regalar parasoles a los viandantes o paracagadas.

Nada, esto no sale y huelo fatal, además de tanto restregar con los kleenex tengo rojo el estómago ¿o puede ser que me esté haciendo una reacción la dichosa mierda del pajarraco? Vaya usted a saber lo que echan estos bichos por sus anos. Desde luego la ropa la decoloran y los coches, he oído que hasta salta la pintura ¿será verdad? Bueno, no me importa, me voy a subir a casa, menos mal que solo son 60 pasos que los contó mi chico un día, bueno, 60 suyos y 150 míos que parezco una china andando cuando la vendan los pies, tengo el pasito muy corto pero qué queréis si mido 1’50 escasos.

Me paro en el semáforo y la verdad es que la gente me mira y yo que creía que pasaba de todo gracias a mi edad y no me importaba nada de nada. Me siento de lo más humillada y expuesta, pero saco pecho, más, levanto la cabeza y así, erguida, subo los pocos metros que me separan de mi portal.

¡Joder! (perdón), ahora me tropiezo con una baldosa y ¡uff qué susto! no me he caído, menos mal, que ya llevo mucho tiempo sin besar el suelo, qué taquicardia.

Sigo andando pero algo va mal. ¡Joder! de nuevo, digo “narices” se me ha roto una alpargata de esparto con el tropezón y llevo medio pie fuera y ¡claro! arrastrándolo para no volver a tropezar, pero ¡coño! digo, ¡qué mala suerte!, parece que me ha mirado un tuerto.

Nada Nievitas, vuelve a sacar pecho, vuelve a erguir la cabeza y continúa hasta casa, eso si, con unos cascos que parecen dos ensaimadas, parezco la puñetera Dama de Elche, mojada por la ducha, con el estómago con una cagada  caca imposible y maloliente y arrastrando un pie para que no se me salga del todo la alpargata y perderla por el camino.

¡¡¡Vamos!!, unos metros más, que tú puedes, de peores situaciones has salido.

Tú, si tú, no te rías, esto es parte de vivencias escalonadas e imaginación, pero te podía haber pasado a ti ¿o no?.

 

 

Nieves  Angulo

 

Enlace: Definición de gafe

 

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El bombero

Publicado 16/12/2010

 

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, humor, bomberos, el bombero, gatos, post, blog. streaper, streptease, hombres, amor, incendios, árboles.

 

 Le veía casi todos los días en el autobús, alto, moreno, con un cuerpo de infarto, alguna vez me senté a su lado y él muy despacio se apartaba un poquito mientras me sonreía, como excusándose por el roce, yo también le sonreía, pero no me apartaba ni un ápice.

Nos bajábamos en la misma parada ya que vivía en mi misma calle, en concreto en el portal nº 8, éramos vecinos...¡qué bien, los dioses existen!

Yo hacía footing todos los días, iba a un parque cercano, pero empecé a correr por la calle por si tenía suerte y le veía, algunos vecinos ya me miraban de manera extraña, de hecho una anciana me dijo con bastante sorna: - Hija, ¿no correrás mejor por el parque, no es más sano para ti que correr por el asfalto?-  Menuda entrometida.

Mi esfuerzo se vio recompensado al cuarto día, casi me dí de bruces con él cuando pasaba por delante de su portal y encima también iba a correr, ¡qué suerte la mía!... -Buenos días -le saludé- ¿vas al parque a correr?  Me contestó afirmativamente con una gran sonrisa, ¡dios qué guapo, qué dientes!

Me preguntó si íbamos juntos y yo asentí. Desde entonces corrimos todos los días, nos presentamos formalmente, se llamaba Jerónimo, como el jefe indio...¡ufff...qué sofocón!, me lo imaginaba vestido de indio con plumas y todo y...bueno que desvarío, era bombero me contó.

Me tenía loquita y reconozco que algo obsesionada, mis amigas se reían y hacían chistes a mi costa y Jerónimo, “qué cómo era la manguera, que si apagaba bien el fuego”... qué gamberras.

Hicimos footing durante 20 días y de repente dejó de venir, llamé al portero automático de su portal un par de veces y finalmente  me di por aludida. Estaba claro que no quería saber nada de mí,  me ponía excusas absurdas, posiblemente estaba casado y no quería murmuraciones o era gay ya que yo no soy mal parecida y él no había hecho ningún avance, ni intención de quedar para tomar algo durante esos días.

Cuando llevaba unos días sin verle empecé a desesperarme e hice indagaciones por el barrio sobre él, pero la verdad es que la gente no sabia gran cosa, supe que era soltero, educado y amable, fueron los únicos comentarios que saqué a dos vecinas de su bloque.

Entonces a la desesperada empecé a elucubrar planes para poder verle, se me ocurrieron unos cuantos y un día puse en práctica el primero.

Era mediodía, me metí en la cocina, regué la placa con aceite y prendí fuego, no sin antes mojar bien las esquinas con agua para evitar un incendio de grandes proporciones, cuando vi que empezaban las primeras llamas, corrí como una desesperada a su casa y timbré una y otra vez, lo único que conseguí, fueron los gritos de los vecinos diciéndome que iba a fundir el portero automático. Tenía claro que Jerónimo no estaba en casa, corriendo de nuevo como una posesa, menos mal que practicaba footing todos los días, me fui a casa y pude apagar el fuego que ya empezaba a comerse las cortinas y manchar de hollín los muebles.

Me dí cuenta que fui un poco descerebrada y que mi segundo plan tenía que planificarlo mejor.

Enfrente de mi bloque hay un gran árbol, casualmente sus ramas rozan la ventana de mi habitación, a veces me cabreo porque en días ventosos dan unos golpecitos que me desquician, entonces llamo al Ayuntamiento rogando que poden el dichoso árbol, pero el día que llevé a cabo mi segundo plan, agradecí que las ramas entrasen casi en mi casa.

Primero me agencié un gato callejero, había muchos por la calle porque la vieja metijona que me increpaba por correr por la calle, les ponía comida en latitas de conserva. Después busqué el teléfono del bombero, o sea Jerónimo, una vez con el teléfono en mi poder, llamé a su casa para ver si estaba y sí, allí estaba él, por supuesto no dije nada y colgué el teléfono.

 

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, humor, bomberos, el bombero, gatos, post, blog. streaper, streptease, hombres, amor, incendios, árboles.

 

Puse al gato en una de las ramas del árbol y le entretuve con unos menudillos, le coloqué en una rama lo suficientemente apartada de la ventana para que yo, debido a mi estatura, no pudiese llegar; el cabrón del gato se revolvía furioso y me arañaba una y otra vez, la verdad es que las pasé putas, lo cuento rápido, pero me tuve que subir a una escalera y casi me despanzurro a la calle porque no la abrí bien y se cerró de golpe, así es que di con mi cuerpo serrano en el parquet, fue difícil, tenía que colocar al gato, evitar sus arañazos, poner la comida en las ramas y evitar perder el equilibrio, uno odisea.

Cuando el gato estaba en plena faena culinaria, salí corriendo a la calle y timbré al portero automático de Jerónimo, al oír su voz, le grité con voz desesperada que mi gato estaba en un árbol que no podía bajar, que el pobre estaba asustado y maullaba aterrorizado y que pensé en él porque era bombero. Jerónimo por su parte me puso una y mil excusas, “no tengo el uniforme, no tengo no sé qué, llama a los bomberos, etc...”, pero tras mucho rogarle, accedió y vino conmigo a mi piso, por el camino le fui contando que había intentado coger al gato desde mi dormitorio pero que no llegaba. Ya en casa, le indiqué el dormitorio, se encaramó a la ventana y empezó a llamar al gato,-¡ psss..psss!- la verdad me pareció una aptitud rara para un bombero, me había imaginado que eran más aguerridos.

Jerónimo subido al borde de la ventana se estiraba todo lo que podía hacia el gato y el dichoso animal le enseñaba los colmillos y le arañaba una y otra vez las manos. Pregunté a Jerónimo si quería una escalera y para mi extrañeza me dijo que tenía vértigo ¿¿¿??? Se estiró otro poco mientras yo le sujetaba por las caderas, a todo esto el gato cada vez se iba más lejos y Jerónimo cada vez se estiraba más, como era alto al final le venció el cuerpo y cayó hacia adelante, se sujetó como pudo a las ramas pero éstas cedieron y Jerónimo fue a parar a la calle acompañado del gato al que llevaba asido por una pata. Fue un escándalo, entre los maullidos desesperados del gato, los gritos de Jerónimo al caer...ufff menos mal que vivo en un primero, si no, se mata mi bombero.

A Jerónimo no le pasó nada, un moratón en un codo y varios arañazos por la cara, cuello y manos, ya que el gato mientras caían se volvió loco y la emprendió con el pobre Jerónimo.

Pasó el tiempo y seguí sin verle, parecía que se le hubiese tragado la tierra, mientras tanto yo ideaba mi tercer plan que era prender mi casa, no solo la cocina y avisar a mi bombero.

Llegó el día de mi cumpleaños, yo estaba desanimada, pero mis amigas me dieron una fiesta sorpresa, fuimos a cenar y luego a un garito de streaper masculino y allí estaba yo, intentando pasármelo bien para no decepcionar a mis amigas, que se habían tomado tantas molestias por mí.

Se apagaron las luces y se encendió solamente una que caía directamente sobre el escenario...redoble de tambores...música estruendosa y....allí, bajo el foco de luz, estaba mi bombero, en el escenario, con el uniforme que le quedaba de maravilla y su hermosa y blanca sonrisa, dispuesto a deleitarnos con su streptease...o sea, después de todo era bombero, tomé en mi mano un billete de 20 € dispuesta a introducirlos por...donde pudiese, mientras él, me miraba avergonzado.

Llevamos juntos tres meses.

Me contó que estaba en trámites de divorcio y enamorado de mí, pero que no quería decirme nada hasta que no estuviese todo solucionado, era aparejador y tuvo que buscar este segundo empleo para pagar a los abogados.

Os juro que es el mejor streaper del mundo y me lo demuestra en la intimidad.

Jajaja...todavía nos estamos riendo por mis hazañas para conquistarle y hemos adoptado al gato.

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

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Inspector, empezó ella

Publicado 14/12/2010

 

Nieves Angulo, nangulo.es, inspector empezó ella, relatos cortos, blog, post, escritura creativa, rebajas, ropa, moda, Roberto Verino, El corte inglés, vestidos.

 

Siempre me he considerado una mujer educada y tranquila, no me gusta la violencia en ningún sentido, ya sea física o verbal, sin embargo, he de decir, que lo acontecido el día de autos, me descolocó totalmente, no esperaba esa reacción por mi parte.

No quiero, no obstante, adelantar acontecimientos así es que empezaré por el principio.

Debido a la crisis que sufre el país, miro bastante mis gastos, digamos que me he vuelto más austera, pero tampoco me gusta renunciar a las cosas buenas de la vida.

En noviembre del año pasado, había echado el ojo a un vestido precioso, atemporal, como suele ser mi estilo en el vestir, el problema es que costaba una pequeña fortuna que no estaba en disposición de gastar, entonces pensé esperar a las rebajas. Normalmente en esa boutique no vendían mucho debido a los elevados precios, así es que me la jugué.

El día que vi por primera vez el vestido, a mi lado había otra mujer mirándolo también y me comentó lo precioso que era; no suelo hablar con desconocidos, soy bastante reservada, pero como estaba ensimismada y embelesada mirando el escaparate, respondí de modo automático confirmándola con mi respuesta que efectivamente era una maravilla de vestido. Seguimos ambas un rato más mirando el escaparate y al irse la mujer, la oí decir, habrá que esperar a las rebajas. Este comentario me cabreó un poco y la dirigí una mirada asesina que ella afortunadamente no vio.

Curiosamente, como la boutique me pillaba de paso en mi ruta habitual hacia mis obligaciones, paré varias veces a mirar el escaparate, la verdad es que me empezaba a obsesionar el dichoso vestido, también coincidí un par de veces con la mujer del primer día y terminamos por saludarnos con amabilidad. Empezaba a sospechar si no me estaría siguiendo la “dichosa” señora, ¡pues qué fastidio!, ¿no tiene otra cosa qué hacer?

...Y por fin llegó el gran día, pusieron los carteles anunciadores en el escaparate la noche antes y nada más y nada menos que comenzaban con un 50% de rebaja o más en algunas prendas, me sentía dichosa, el vestido seguía en el escaparate, iba a ser mío, mío, mío.

Ahí estaba yo, en la entrada de la tienda antes de que abrieran sus puertas, quería ser la primera, estaba emocionada, excitada. Con la vista recorrí la calle, al mirar ligeramente a mi derecha, vi en el portal de al lado una cara que me pareció conocida, era la mujer que miraba conmigo el escaparate desde noviembre, ambas nos reconocimos e hicimos un pequeño movimiento con la cabeza en señal de saludo, francamente se me empezaba a atragantar la susodicha, tenía cara de arpía.

Eran las diez y dos minutos cuando la encargada de la boutique abrió las puertas, debo reconocer que ahí me pase un pelín, ya que la dí un empujón para quitarla de en medio y apenas la saludé, solamente emití una especie de gruñido, pero conseguí entrar la primera y me dirigí directamente a los colgadores de los vestidos, enganché el mío, miré la talla y perfecto, este era....¡al probador!.

La dependienta amablemente me iba preguntando si necesitaba ayuda y yo dirigiéndome al probador, negué con la cabeza, mientras tanto la arpía buscaba el vestido de su talla...jejejejeje, busca, asquerosa, busca, yo ya tengo el mío.

Me desnudé con rapidez y me enfundé el vestido, había tomado la precaución de llevar en una bolsa unos zapatos de tacón para ver el efecto...¡ohhhhh...quedaba fabuloso!! realmente el vestido parecía hecho para mí, mientras me miraba al espejo de manera critica por delante, por detrás, de perfil...oí un pequeño ruido en el probador de al lado, parecía una especie de jadeo, no le dí la menor importancia y seguí con mi minuciosa inspección...

...Y ahí empezó todo, de repente saltó algo por encima de mi cabeza, parecía un gato grande u otro tipo de animal, me dejó medio grogui y me hizo perder el equilibrio, caí por efecto de la embestida quedando tirada en el suelo del probador y dándome con la silla; saliendo poco a poco del aturdimiento inicial, pude ver con asombro que lo que me había saltado encima era nada más y nada menos que la arpía, había volado prácticamente de su probador al mío por arriba, francamente no me lo podía creer, mientras recuperaba poco a poco la conciencia, oí gritos fuera y dentro del probador, los de fuera los profería la dependienta que me preguntaba una y otra vez qué había sido ese ruido y si necesitaba ayuda, los de dentro, más que gritos, eran una especie de gruñidos o jadeos y los emitía la loca arpía y asquerosa, compañera de escaparate. Intenté levantarme, pero me puso un pie en el estómago y me dijo que me desnudara, que ese vestido era suyo, que llevaba su nombre, yo ya había salido totalmente de mi aturdimiento inicial y la contesté que había otros vestidos y que estaba loca, -no hay otros- me contestó gritando enfurecida, - no de mi talla, es este el que llevas puesto y me lo vas a dar.

Mientras esto acontecía dentro de mi probador, la tienda se fue llenando de clientas y se oían murmullos y risas nerviosas por lo que ocurría dentro.

Me incorporé furiosa y al hacerlo, debido a que la orate tenía su pie en mi estómago, perdió el equilibrio y salió prácticamente volando, dando con su cabeza en la puerta del probador, yo por mi parte empecé a gritar como una loca -¡¡¡socorro, me quiere quitar mi vestido, llamen a la policía!!!.

La dependienta por su parte quería entrar en el probador, pero no podía, se lo impedía el cuerpo de la ladrona de vestidos, -abran la puerta señoras, por favor, abran la puerta- y yo por mi parte seguía gritando como una histérica, se oían porrazos en la puerta y la loca del suelo se iba incorporando poco a poco, me miraba con ojos furiosos y desequilibrados, hasta creo que la bizqueaban un poco y juraría que babeaba.

Me levanté de la silla con rapidez y aprovechando un pequeño espacio que dejó la esquizofrénica al levantarse, corrí a la puerta del probador y pude abrirla, entraron en tropel la dependienta, la encargada y dos clientas, esto se iba pareciendo cada vez más a la escena del camarote de los hermanos Marx, no me lo podía creer, esto no me podía estar pasando a mí.

La dependienta por su parte nos dijo que había llamado a la policía y que estaban a punto de llegar.

Yo me senté fuera, jadeando, algo aturdida y muy avergonzada.

La esquizoide por su parte salió despacio del probador y de nuevo se abalanzó sobre mi, esta vez no me pilló con la guardia baja, la enganché de los pelos y tiré con todas mis fuerzas, ella mientras tanto me daba tirones al vestido mientras gritaba, -mío, es mío, cabrona, lleva mi nombre, desgraciada, dámelo.

Por supuesto el vestido no aguantó estos embates y cedió por las costuras de las axilas, la perturbada se quedó con la manga derecha del precioso vestido, mi vestido.

Entre la encargada y una clienta nos separaron y en ese instante llegó la policía.

Nunca me he sentido tan desprotegida, nos condujeron a comisaria ya que en la tienda no se aclaraban a través de tanto grito y algarabía. Íbamos la cabrona y yo sentadas en la parte de atrás del vehículo policial y esposadas, nos dábamos empujones con los hombros y yo iba gritando "inspector, empezó ella". los polis me mandaban callar y me decían que no eran inspectores.

No quiero contar al detalle por toda la humillación que pasé, el desamparo que sentí ante esta rocambolesca situación, solo narraré lo más importante: El vestido no estaba rebajado, (50% de rebaja o más en algunas prendas), nos tocó pagar a partes iguales la dichosa prenda y los desperfectos que habíamos ocasionado en la boutique, más una multa por escándalo, me tuvo que ir a buscar mi hijo pequeño y pagar una fianza, mi marido estaba trabajando.

Han pasado tres meses desde este suceso, estoy yendo a un psicólogo, tengo unos pequeños tics y pesadillas donde sueño que soy atacada por un gran oso blanco, mi marido no me habla, mis vecinos se ríen de mi, se creen que lo hacen a mis espaldas, pero yo les oigo y sufro una barbaridad, pero esto no es lo peor, he tenido que pedir una orden de alejamiento ya que la arpía me seguía a todas partes...aún así, de vez en cuando la veo, por el rabillo del ojo la veo, acechándome y la oigo gruñir... os lo juro, la oigo gruñir.

Yo no fui, empezó ella ¿o no???

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, cualquier suceso parecido es pura coincidencia.

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