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Yo le creí

Publicado 26/09/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos cortos, literatura, relatos, escritura creativa, celos, hombre engaña mujer, infidelidadNieves Angulo, nangulo.es, relatos cortos, literatura, relatos, escritura creativa, celos, hombre engaña mujer, infidelidadQue sabias son las madres y que poco hacemos caso de sus consejos. Cuando queremos remediar este error a veces es tarde.

Hay personas que no deberían formar una familia porque son incapaces de ser fieles, es superior a sus fuerzas, tienen que demostrar continuamente que saben seducir, necesitan seducir.

Me casé con el más guapo, el más popular y luego supe que el más vacío, cuando rascabas la superficie debajo no había nada de nada.

Que enamorada, que loca estaba por ese hombre.

Ahora que he obtenido el divorcio me empieza a llegar más información, el muy cabrón me puso los cuernos el mismo día de nuestra boda con una de mis primas, pero ya no duele.

Mi madre le vio el plumero en el segundo encuentro, la primera vez estuvo encantada, como todos, mi ex era encantador. Me lo advirtió: “hija ten cuidado es un hombre muy pagado de sí mismo, muy superficial”. Que sabrá ella, pensé, cuando les ven guapos enseguida dudan.

Su sonrisa podía haber anunciado el mejor dentífrico del mercado, él lo sabía, conocía muy bien sus armas de seducción y las utilizaba continuamente.

Mis 10 años de matrimonio fueron un verdadero calvario, una tortura. Cuando se habla de maltratos físicos no puedo remediar preguntar ¿y el maltrato psíquico qué? En los años que duró mi matrimonio fue maltratada mi psique de manera continuada, fui insultada y humillada. Me acusaba de ser una enferma celosa, me reiría si no fuese tan triste y patético. Nunca fui celosa, nunca, siempre estuve segura de mi misma, sabía que era un hombre hermoso pero no dudaba de su amor, que bien me supo engañar; celos, claro que los tuve, pero con motivos, le pillé en la cama con una de mis mejores amigas, ¡por favor!

Cometí muchos errores y el primero fue no ponerle de patitas en la calle cuando me enteré de que me ponía los cuernos. Estaba loca por él y me pidió perdón, hasta derramó unas lágrimas mientras me juraba que era la primera y última vez que eso iba a ocurrir...yo le creí ¡que insensata! ¿Cómo pude aguantar tanto?

No cumplió su palabra por supuesto, pero tuvo mucho cuidado, muchísimo cuidado y yo como todas las mujeres fui la última en enterarme, me llegaban rumores, “le he visto comiendo con una y sus manos no paraban de tocarla”, “ayer en la disco vi a tu marido con otra”. Le pedía explicaciones y me decía que era envidia, que si no hubiese contado por ahí su error con mi mejor amiga nadie me vendría con calumnias...yo le creí.

Llegó mi primer embarazo y su indiferencia, me decía que me quería muchísimo pero tenía miedo de tocarme no fuese a ser que dañásemos al bebé, ¡que considerado! Y yo que incauta. Hablé con mi ginecólogo y me dijo que eso eran pamplinas y mitos, que podíamos hacer el amor cuando quisiéramos, los últimos meses cuidando las posturas únicamente. Se lo dije, pero no me tocó durante la mitad del embarazo, a cambio me llenó la casa de flores y perfumes...yo le creí.

Tuvimos a nuestro hijo, una preciosidad de bebé, pero sobre todo sano y robusto, mi marido desde el principio se enamoró de él y no se separaba ni un momento de la cuna, cambiaba sus pañales y no le importaba levantarse entre toma y toma si lloraba o simplemente para verle, para contemplar su obra como decía. Respetó la cuarentena y comenzó de nuevo a hacerme el amor con un frenesí de loco enamorado, me decía que estaba orgulloso del niño que le había dado, que me amaba con locura...yo le creí.

La segunda vez que me fue infiel, bueno, que yo pensé que era la segunda vez yo estaba en un centro comercial comprando ropa para mi hijo y le vi de la mano con una mujer, se dirigían al parking, le seguí y le increpé, reconozco que me puse algo histérica, ahora siento vergüenza de mis gritos y sin embargo él ni parpadeó, me llamó loca y me mandó a la mierda. -Ya hablaremos en casa- me dijo. Me fui llorando y sintiéndome fatal. Por la noche apareció con champán y flores y me dijo que teníamos que brindar, que esa mujer era una clienta que le tiraba los tejos y él se había dejado “querer” para conseguir la cuenta y por supuesto la cuenta era suya, que solo se había dado un revolcón sin importancia...yo le creí.

Con mi segundo hijo mi vida cambió, fue un embarazo difícil y me empecé a cuestionar muchas cosas, pero sobre todo me empecé a querer de nuevo. Llevaba casi 9 años de matrimonio y me asustó no recordar cuando me reí por última vez con mi pareja, cuando salimos al cine o simplemente a tomar algo, cuando recibí el último besó apasionado o cuando me hizo el amor, con este nuevo embarazo me puso la misma excusa que con el primero, no quería dañar al bebé.

Una noche cuando quedaban apenas 2 semanas para parir le esperé despierta (llegaba siempre cuando estaba dormida) y hablé con él. Sin pensarlo le dije que ya no le quería y para mi asombro descubrí que era cierto, ya no sentía nada por él.

Me juró y perjuró que estaba loco por mí y qué iba a ser de él...esta vez no le creí.

 

Nieves Angulo

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, pero los canallas existen.