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No soy alcohólico

Publicado 26/09/2013

Nieves Angulo, nangulo.es, alcoholismo, alcohol, delírium trémens, borrachos, borracheras, consumo etílico, clínicas rehabilitación, relatos, post, blog, drogas, vicios, adicciones.

 

Llevo unos días atroces, sudoración, visiones repugnantes que además de causarme asco me aterrorizan. Tengo lagunas. Sé que son ellos, sé que tiene que ver con la medicación que me están dando. Ellos dicen que es el “delirium tremens” jaja qué sabrán…yo no soy alcohólico.

Me ha dicho mi terapeuta que escriba mis sensaciones. Que haga memoria, que intente plasmar en esta hoja en blanco cómo me siento ahora que llevo casi un mes sin beber.

No entiendo el porqué de esta terapia, yo no soy alcohólico, puedo dejar de beber cuando quiera, pero no me da la gana, me gusta beber y punto. No sé muy bien qué hago en este "Centro de Rehabilitación" ni quién me ha traído…No sé, no recuerdo.

Aunque llevo un mes entre estas paredes sigo vomitando, sigo con visiones terribles. Ellos quieren acabar conmigo. Todo el día con sensación de mareo. Es debido a lo que me inyectan, estoy seguro.

Seguiré el rollo al terapeuta y escribiré, si es lo que quiere y eso hace que pueda salir pronto de este antro.

Dice que narre mis recuerdos, que lo haga como si se tratase de un diario, que cuente cómo y cuando empecé a beber.

Lo cierto es que en los últimos tiempos cada vez son más frecuentes mis lagunas en cuanto a memoria se refiere, tengo muchísimos espacios en blanco. Mi familia, mis amigos, me cuentan cosas que dicen que hago y yo no recuerdo, verdaderas burradas. Creo que mienten, me noto acosado, perseguido, quieren acabar conmigo.

No puedo poner la excusa que aducen muchos compañeros en terapia, la timidez. Yo nunca he sido tímido, más bien todo lo contrario, soy muy extrovertido. No, no, la timidez no fue nunca un problema para mí.

Más bien diría que no fui nunca consciente de beber en exceso ya que desde muy pequeño beber en mi entorno era cotidiano, es lo que veía, con lo que crecí.

En casa todos bebían. Yo me tomé mi primera copa con apenas 11 años, recuerdo que fue en el cumpleaños de mi madre, en broma o no, de repente me vi con una copa de champán en la mano y después de esa primera, me bebí otras tres. No me gustó el champán, me producía gases y me hacía eructar, el sabor no era particularmente agradable, pero estaba frío, entraba con facilidad y yo me sentía muy adulto, haciendo cosas de mayores. Ese día enganché mi primera borrachera, pero fui feliz, mis padres, no solo no me regañaron, sino que les hizo mucha gracia verme en ese estado, simplemente me mandaron a la ducha y luego a la cama a dormir.

Se creen que estoy tonto, que no me entero, pero sé que ponen esos bichos y ese ruido ensordecedor para que pierda el norte, no sé con qué fin, pero ya lo averiguare, de momento les haré el caldo gordo.

Ahora escribiendo estas líneas, pienso que mis propios padres me dieron el pistoletazo de salida para mi carrera etílica.

Como ya he escrito, para mí, era normal beber, en casa lo hacían todos. Por supuesto después de esa primera borrachera, mis padres no me dieron más alcohol, yo les pedía un poco de vino en la comida y me decían que el día del cumpleaños fue un extra, pero que era muy niño para beber. Sin embargo, yo no entendía porqué no me dejaban beber aunque fuese un poquito, ellos bebían y mucho, una copa en el aperitivo, vino durante las comidas y otra copa para amenizar la sobremesa. A media tarde tomaban otra copa y durante la cena se repetía el ritual del mediodía. No debía ser tan malo cuando ellos lo hacían ¿no?

La verdad es que después de esa primera vez, ya no paré de beber, me gustaba, no tanto el propio sabor, como el hecho de hacerlo a escondidas, por rebelión y por hacer lo que ellos hacían. Los comienzos fueron divertidos, furtivamente me bebía todo lo que quedaba en el fondo de los vasos, apuraba las copas, sí, era divertido.

No soy alcohólico, yo controlo, yo no ando por la calle en estado de embriaguez y bebiendo cualquier cosa. Sé comportarme, aunque no es lo que me dicen, pero eso es para mantenerme aquí, encerrado,  dudo que sea cierto.

Aunque estas malditas lagunas en mi mente…no sé.

Mi mujer me ha dejado, dice que soy un mal ejemplo para nuestros hijos, todo el día bebiendo.

Ignoro quién me ha enviado a este Centro, pero casi estoy seguro que ha sido ella, esta bastarda, quiere quedarse con todo, la casa, el negocio, mis hijos.

¿Qué sabrá ella? Yo bebo lo normal, lo que bebe la gente, si acaso cuando salgo a tomar unas copas por la noche bebo un poco más, 5 o 6 Gin-Tonic, es mi bebida favorita, pero es normal cuando se sale ¿no? Yo aguanto bien.

A veces tengo problemas de concentración en el trabajo, pero es normal, hay mucho estrés.

Vuelvo a tener la mente en blanco ¿Esto lo he escrito yo? Me quieren volver loco.

¿Qué quieren de mí?

Yo no soy alcohólico. Yo controlo. Ahora me voy a la cama, vuelvo a estar mareado y no sé, no recuerdo bien cómo he llegado a esta sala.

¿Quién es usted, qué hago aquí, quién ha escrito esta sarta de mentiras?

Voy a vomitar…

 

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación. Pero si los adultos fuman y beben en exceso, como algo normal y cotidiano, delante de sus hijos ¿Con qué catadura moral van a exigir a sus vástagos que no lo hagan?