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Extraños

Publicado 03/10/2014

 

Nieves Angulo, nangulo.es, amor, desamor, odio, indiferencia, parejas, relatos, escritura creativa, literatura, disimulo, rencor, libertad, risa, humor, drama.Nieves Angulo, nangulo.es, amor, desamor, odio, indiferencia, parejas, relatos, escritura creativa, literatura, disimulo, rencor, libertad, risa, humor, drama.

Estaban sentados uno enfrente del otro, como siempre, como hacía quizá, demasiado tiempo.

Ella observaba como él se llevaba una cucharada de sopa a la boca y como se iba vertiendo el contenido poco a poco mientras le manchaba la ropa porque estaba llena en exceso. Una vez llegaba la cuchara a su destino, él sorbía ruidosamente el resto que quedaba a salvo. Era molesto, bastante molesto y ella sospechaba que él lo hacía adrede. 

Ella continuó observándole en silencio durante el tiempo que duró la comida.

Seguían sentados uno enfrente del otro saboreando sus tazas de café, ella interrumpió el gesto de llevarse la taza a los labios y le miró, un pequeño estremecimiento la recorrió el cuerpo al observar a su marido, no le reconoció, se daba cuenta que tenía enfrente de sí a un extraño.

Sonrió enigmáticamente y él alzó la mirada y preguntó - ¿por qué sonríes?

Ella sin contestar volvió a concentrarse en su taza de café, pero no se le iba de la cabeza el descubrimiento que acababa de hacer y la decisión que acababa de tomar.

Se preguntó por millonésima vez en esos años ¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo dejó de amar a ese hombre, es más, le amó alguna vez?

Rememoró sutilmente el proceso, primero el desamor, después, a la desilusión por el descubrimiento, le siguieron días de odio o quizá rencor y luego nada, solo indiferencia.

Posiblemente, aunque a ella la parecía que había ocurrido en ese instante, la decisión se llevaba gestando meses, quizá años...y volvió a sonreír.

Se sintió libre, viva y sobre todo resuelta, audaz.

El seguía observándola en silencio sin entender muy bien las sonrisas que de vez en cuando se dibujaban en los labios de ella.

Volvió a mirarle mientras se servía otra taza de café y sé pregunto de nuevo ¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo dejó de amar a ese hombre ¿Desde cuándo vivía con un extraño?

No reconocía sus facciones, señal inequívoca de que hacía tiempo que no le veía, le miraba, pero no le veía.

Fue hoy, en una milésima de segundo cuando fue consciente al 100 % de su decisión porque al fin se enfrentó a sus sentimientos, sin miedo, sin censuras, desprovista de toda emoción, fría, así tenía que ser.

No recordaba cuándo hicieron el amor por última vez, ni cuándo recibió el último beso en los labios, sin embargo si recordaba la frialdad e indiferencia en el gesto.

Mientras paladeaba el café se siguió haciendo preguntas, se interrogaba sin descanso.

¿Cuándo dejé de reír?

¿Cuándo dejé de mirarme al espejo y arreglarme como una autómata para salir a la calle?, sin ninguna ilusión, ni de verme, ni de que me vieran.

¿Cuándo dejaron de hacerme “gracia” sus comentarios?

¿Cuándo dejé de soportar sus defectillos, antes pasables y ahora insoportables.

¿Desde cuándo vivo con un extraño?

….Y volvió a sonreír porque acababa de tomar una decisión.

Volvería a salir a la calle después de contemplarse detenidamente al espejo, para gustarse, para gustar.

Volvería a salir a la calle en busca de sus risas, antaño perdidas y ahora olvidadas.

Volvería a buscarse, para descubrir que la mujer que fue, aún estaba ahí, esperando a ser encontrada de nuevo

Dejaría de hacer un papel de secundaría en la obra de teatro que es la vida.

Tomaría de nuevo las riendas de su vida, pero para ello tenía que volver a encontrar a esa mujer agazapada y escondida.

...Y sonrió de nuevo al futuro que se abría ante ella.

Su marido la miraba y pensaba...

¿Desde cuándo estoy con esta extraña?

¿Cuándo empezó a aburrirme?

¿Cuándo dejó de importarme?

¿Cuándo dejé de amarla?

Ella depositó despacio la taza en el platillo y abandonó el comedor.

Se arregló con esmero, como no lo había hecho en mucho tiempo, tomó su bolso, miró que llevase algo de dinero y las tarjetas de crédito, llenó un pequeño neceser con lo más imprescindible para su aseo personal.

- Me voy - le dijo.

- ¿Volverás muy tarde? - preguntó él.

- No volveré - respondió ella dando media vuelta.

Pero un día volvería para hablar, para formalizar ciertos trámites...pero ahora no, de momento no, tenía mucho que hacer, tenía que descubrirse y volverse a querer.

Cuando ella abandonó la casa....

...ambos sonreían.

Se habían quitado un peso de encima, el peso del disimulo, se sentían libres.

 

Nieves Angulo