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Amor maduro

Publicado 24/09/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, amor maduro, amor, madurez, comprensión, afecto, sexo.Se conocieron cuando ambos habían rebasado la cincuentena.

Los dos con experiencias amatorias, él más que ella. Él siempre fue un seductor. Ella divorciada, el marido se largó con una mujer más joven, más lozana.

Ella en un principio no salía mucho, todavía estaba impactada por el abandono, pero con el paso de los meses, de algunos años, volvió a retomar viejas amistades y empezó a salir, sobre todo los fines de semana. Teatro, cenas, pub, cine.

En una de esas incursiones de fin de semana le conoció a él.

Comenzaron a salir, primero con amigos comunes, luego llegaron las citas a solas, deseaban estar solos para conocerse mejor.

Y fue surgiendo la chispita, porque al principio era eso, una chispita, apenas un amago de atracción y desde luego más que atracción física, era atracción en general.

Se entendían, se reían bastante y aunque los dos sabían que eran distintos, fueron viendo que se complementaban bastante bien.

Besos, caricias y llegó el momento del algo más…de en tu casa o en la mía.

Ella estaba nerviosa de ese primer contacto físico.

Comenzaron sus inseguridades.

No logré perder la tripa después de los embarazos.

Ninguna crema ha conseguido hacer desaparecer las estrías.

Mis pechos no están firmes y algo…qué digo, bastante caídos.

¡Ay mi dios y esta celulitis!

¿Qué dirá?

Seguro que sale por piernas.

No me desnudaré y desde luego la luz apagada, que palpe.

Sí, estaba muy nerviosa.

Por otro lado pensó que él la demostraba de mil maneras diferentes que la quería, que ya la amaba un poco, que estaba a gusto, que deseaba ese paso más.

A ella no le importaba el físico de él. Seguro que de joven había sido muy atractivo, incluso guapo, ahora, con el paso de los años, se le veía un hombre maduro, con el pelo bastante cano, que empezaba a escasear en la coronilla y en la frente, tenía tripa y algún kilo de más, sus carnes tampoco tenían mucha firmeza que se diga.

Se miró por última vez en el espejo de forma muy analítica y llegó a la conclusión de que no debía ser tan dura consigo  y si a ella no le importaba el físico de él, no veía porqué él rechazaría el suyo.

Se vieron en casa de ella que preparó cena, tomaron una copa, escucharon música pero no llegaba el relax y entonces él la besó, la abrazó, la condujo de la mano al dormitorio, la quitó el sujetador y ella se dejó hacer porque él besó sus senos, besó las estrías de su vientre que no desaparecieron después de los embarazos, tocó sus muslos y ella loca de alegría hizo todo lo posible por relajarle a él, que debido a su nerviosismo tardaba en alcanzar la erección…y fue sublime, porque la experiencia de ambos, la paciencia, el amor, suplió con creces esos ardores juveniles.

Ambos alcanzaron el clímax, no copularon simplemente, hicieron el amor, porque era amor lo que les unió esa primera noche, amor verdadero, amor maduro.

Ambos comprendieron que el amor maduro va más allá del enamoramiento que al fin y al cabo es una conjunción física y ardiente pero con fecha de caducidad y en su caso surgió después.

Ambos se amaron y se aman.

Ella goza tocando la tripa blanda y prominente de él, besando sus sienes y las arrugas de su rostro.

Ella goza cuando él la vuelve loca besando cada recoveco de su maduro e imperfecto cuerpo

¿Pero a quién le importa?

A ellos no, ellos se aman.

 

Nieves Angulo