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Ahora, llévenme a la cárcel

Publicado 01/10/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, maltrato machista, violencia de género, violencia machista, relatos cortos, escritura creativa, literatura, amor, violencia.

Diecinueve años, se dice pronto.

Diecinueve años de palizas, desprecios, humillaciones y un sin fin de “mierda” más en mi vida, por mi bien, porque me ama.

Pero ¿qué queréis? Soy responsable de 3 hijos, ellos no pidieron nacer, fue mi elección, yo los parí, yo los traje al mundo, es mi obligación estar con ellos y hacer su vida llevadera hasta su mayoría de edad, hasta que ellos sean capaces de pilotar su vida.

¡Claro! que no soy masoquista, en estos años con mi verdugo ha habido de todo.

Cuando me dio la primera bofetada dejé de hablarle...entonces me dio una paliza.

Cuando me dio la primera paliza no le dejé hacerme el amor...entonces me dio otra paliza....y así sucesivamente “acción/reacción”

Siempre en silencio, siempre sigilosamente, metódicamente, mis hijos nunca fueron testigos cuando eran niños. De adolescentes ya fue más difícil la ocultación y el disimulo.

La única alegría de mi vida era ver crecer a mis hijos, traté de educarles en igualdad, hecho que me ocasionó más de un golpe, pero aquí no transigí, fui inflexible, me negué a educar a la niña como niña y a los dos niños como tales, les enseñé a compartir todo y a jugar los mismos juegos, les obligué a hacer sus camas, recoger la mesa, limpiar sus habitaciones, a los tres por igual, no quería que en un futuro los dos chicos se creyesen superiores a su hermana por el mero hecho de ser varones.

Cuando el mayor tuvo 15 años decidí dejar a mi maltratador por primera vez, hablé con él una noche en el dormitorio. Delante de mis hijos nunca...nunca.

Como respuesta recibí un puñetazo en el hígado y al día siguiente cuando fui a sacar dinero de lo que yo creí la cuenta común para hacer la compra, no pude sacar nada, había sido anulada mi firma. Posteriormente me enteré que nunca estuvo la cuenta corriente a nombre de los dos, solo a nombre de él, pero me autorizaba a sacar dinero y esa mañana me desautorizó y abrió otra cuenta u otras a nombre de él. Le llamé por teléfono y me lo explicó añadiendo que ¿dónde iba a ir sin dinero?, me dijo que en el cajón de su mesilla de noche, encontraría dinero para la compra y que todos los días me dejaría una cantidad.

Empecé inmediatamente a preparar mi futuro, comencé la “sisa”

Abrí una cuenta corriente en otro banco con la pequeña cantidad de 15 €, todos los días ingresaba una cantidad, a veces solo 2 €, pero para mí, la cantidad era suficiente, iba sumando, de eso se trataba, de ir sumando.

Yo llevaba ausente del mercado laboral 16 años, no sabía de ordenadores, ni tenía currículo, seguí con mi plan de futuro, hablé con mi hijo mayor y empezó a darme clases de informática, yo por mi parte cuando supe usar lo suficiente el ordenador, comencé a dar clases on line de cursos de interés.

Mis hijos me dijeron que me separase, aunque de niños nunca habían sido testigos de los maltratos, por suerte para mí y por suerte para mis hijos el no ver a su padre como un salvaje, si empezaron a ver alguna que otra bofetada. Las palizas las dejaba para la intimidad de nuestro dormitorio.  Mi contestación fue que no tenía preparación para el mundo laboral y no contaba con dinero, tampoco tenía ganas de enfrentarme durante años en los tribunales con su padre.

El mayor, comenzó a tratar a su padre con frialdad, lo que ocasionó que una noche me diese una de las peores palizas que recibí en mi vida.

No le denuncié nunca, porque creo que ya en mi mente se estaba empezando a forjar lo que aconteció cuando se cumplieron los diecinueve años de matrimonio.

Mi personalidad en los años que conviví con el canalla fue cambiando, solo estaba alegre y feliz las horas que pasaba con mis hijos. No conservaba ninguna amistad, él acabó con todas y me aisló.

El día que mi hijo mayor cumplió 18 años, hablé con su padre sobre una separación por segunda vez, yo ya tenía una preparación, de hecho estaba buscando trabajo, también tenía unos ahorrillos debido a mis “sisas” diarias que llevaba años realizando.

Por desgracia mi maltratador ya no disimulaba y me pegaba delante de mis hijos, les decía que me lo merecía.

Un día mi hijo mediano se enfrentó a él y el maltratador  no le pegó, pero le empujó y yo me puse delante para evitar males mayores. Como reacción, el desgraciado castigó a mí hijo un mes sin salir. Me obligó a llevarle y traerle del instituto. Quise levantar el castigo a mi hijo, pero el pobre no se atrevió, me dijo que se podía enterar su padre y emprenderla conmigo.

Como decía, celebramos el cumpleaños de mi hijo como una familia “normal” hasta hubo risas. Ya en nuestra habitación le dije por segunda vez en mi vida que le dejaba, inmediatamente me dio una bofetada y me agarró del cuello con intención de ahogarme; pero yo, ya no era yo, alcé el brazo derecho e impedí otro golpe, me fui hacia un lado y cogí con fuerza una de las lámparas de mesa y comencé a golpearle la cabeza, una vez...y otra...y otra...solo paré cuando mi hija me quitó la lámpara de la mano, parece ser que yo gemía con cada golpe que le daba y mis hijos me oyeron.

Le maté y debo confesar que me oriné cuando me di cuenta de lo que había hecho, no fue por miedo, fue de satisfacción, de pura felicidad.

Mis hijos inmediatamente quisieron limpiar todo y hacer desaparecer el cuerpo y "aquí paz y después gloria”, no lo consentí, llamé a la policía y les conté lo que había pasado.

Ahora,  llévenme a la cárcel.

Estoy a la espera de  juicio, a mi favor tengo las muchas marcas que “adornan” mi cuerpo por las palizas recibidas durante años y la herida más reciente en el cuello que analizó el médico forense.

A mi favor tengo el amor y apoyo total de mis hijos, que entendieron, comprendieron el porqué y me siguen amando.

También cuento con la ayuda de una Asociación de mujeres maltratadas que me ha proporcionado un abogado de manera gratuita.

Y sobre todo, a mi favor está que el cabrón tenía dinero y me lo dejó todo a mí, "porque me amaba", algo bueno hizo el "capullo".

Todavía soy joven y tengo a mi familia, voy a salir de esta, voy a volver a vivir.

¿Será que la vida es bella después de todo?

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación.