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A la caza del cabrón (Fragmento de mi novela pendiente de publicación)

Publicado 13/10/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, venganza, muerte, abrecartas, asesinato, maltrato, violencia de género, violencia machista, violencia doméstica, literatura, escritura creativa.Nieves Angulo, nangulo.es, relatos, venganza, muerte, abrecartas, asesinato, maltrato, violencia de género, violencia machista, violencia doméstica, literatura, escritura creativa.

 

Una vez conseguido el domicilio del “cabrón”, me planté en una esquina de su calle, la más cercana posible a su portal.

Estuve días observándole, entradas, salidas, en fin, estudiando sus costumbres, que por cierto, las cambiaba poco, era un tipo bastante monótono.

Para que mi presencia no se le hiciese familiar, intercambiaba la vigilancia con otras dos compañeras y así, pasadas un par de semanas, tuvimos una idea bastante clara de la vida del “cerdo”.

Pude escoger el día para llevar a cabo mi misión. El mejor era sin duda el viernes y por la noche.

No obstante, aún así, tardé todavía otra semana más en preparar mi estrategia.

El viernes elegido, me arreglé con esmero, no soy lo que se dice guapa, pero soy atractiva y con un poco de maquillaje y la ropa adecuada, normalmente no hay tío que se me resista.

Como sabía dónde iba a estar él y la hora aproximada de su llegada, me dirigí ahí primero, para que me encontrase allí y no levantar sospechas.

Los viernes, después de cenar, se plantaba en un bar que solía transformarse en pub a partir de las 00:00 de la madrugada, se acodaba en la barra y tomaba un par de gin-tonic’s, lo dicho, era monótono y aburrido.

Cuando llegó ese viernes, yo ya me encontraba sentada en la barra, muy cerca de donde se sentaba él, era previsible hasta para eso, siempre en el mismo sitio, si no estaba ocupado.

Por supuesto no me quitaba los ojos de encima, pero como todos los de su calaña, era cobarde, así es que decidí darle un “empujoncito”.

-Qué noche más aburrida ¿verdad?...que poco ambiente-.

A partir de ahí todo fue como la seda, bebimos, charlamos y salimos juntos del bar, pero aún faltaba lo más importante, conseguir que él me invitase a su piso.

….Y subimos a su casa, un tercero sin ascensor, la vivienda era tétrica y olía a humedad, a viejo, como él, como el “bastardo”.

Me ofreció algo de beber y mientras se dirigía a la cocina, yo, muy despacio, fui sacando de mi bolso un pequeño abrecartas, me temblaban mucho las manos, tenía que calmarme, la puñalada tenía que ser certera y en el corazón, me habría encantado recrearme en su muerte, pero no había tiempo, tenía que ser algo rápido, me quedaba mucho trabajo por delante, mucha huella que borrar.

Salió con dos vasos en la mano, sonriendo y relamiéndose los labios, celebrando con su pobre imaginación la noche que iba a pasar conmigo...yo también me hubiese reído solo de pensar lo lejos que estaba él de adivinar lo que le esperaba, pero le odiaba demasiado para poder sonreír...

 

Nieves Angulo

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Sobrevivir

Publicado 10/10/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos cortos, abnegación, trombosis, sillas de ruedas, aor, desamor, malos tratos, violencia de género, violencia machista, violencia doméstica.

 

Le había visto varias veces y me gustaba, nos saludábamos, intercambiábamos algunas frases pero nada más, corrían los años 70, me enteré por unos conocidos que era Marino Mercante.

Seguimos viéndonos y el día que murió el dictador, yo tenía 23 años, comenzó nuestra relación, cenamos, tomamos una copa en su apartamento, una cosa llevó a la otra y terminamos en la cama, yo no tenía ninguna experiencia, fue mi primera vez.

Nos casamos en menos de dos años.

Yo estaba loca por él, también creía que él lo estaba por mí, pero qué equivocación.

Nos fuimos a vivir a una casa a las afueras de la ciudad, con jardín, pero a mí entender excesivamente grande y aislada, hasta para hacer la compra había que utilizar el coche, menos mal que sabía conducir. La casa pertenecía a su familia y fue el regalo de boda.

Empezó poco a poco, primero una mala contestación, después una humillación, un poco más tarde avergonzarme delante de los amigos, de sus amigos más bien porque me fue apartando de los míos, diciendo cosas como: - ¡Cierra la boca que tú de esto no entiendes y calladita estás más guapa! Me convertí en el hazmerreír de la familia y los amigos.

Me planteé abandonarle, me sentía desilusionada totalmente y me cuestionaba si aún le quería.

Mi madre y mi suegra me dijeron que tenía que aguantar, que él era el hombre y yo vivía de su sueldo; Yo, tonta de mí, había dejado mi empleo, tenían razón.

Ayudaba un poco a la convivencia el hecho de que él viajaba mucho debido a su profesión y yo me fui dando cuenta que no le echaba de menos y que estaba mejor sola. Llevábamos dos años de matrimonio y vivía con este señor al que ya no quería, así es que tomé la decisión de hablar con él para decirle que quería trabajar, su contestación fue: - ¿Dónde vas tú con tu preparación? Ese día ya me dio el primer empujón y me retorció el brazo, no fue la última vez, ahí comenzó el maltrato físico, no era gran cosa, una bofetada de vez en cuando como para mostrarme quién mandaba en casa. Decidí deshacer el matrimonio.

No pudo ser, a los pocos días sufrió una trombosis que le dejó en un estado medio paralizado y yo me entregué a su cuidado.

Durante un tiempo tuve la ilusión de que mi matrimonio empezaría a ir bien pues él se mostraba muy cariñoso y agradecido. Yo me sentí de nuevo enamorada, llena de esperanzas. El fue mejorando gracias a los ejercicios que hacía con él para recuperar la movilidad,  hacíamos más o menos una vida normal. De vez en cuando él volvía a tener un carácter rudo conmigo, pero enseguida reculaba y volvía a ser cariñoso.

Me quedé embarazada de mi preciosa hija y mi vida continuó entre los cuidados a mi marido y la crianza de mi niña.

Tuvo otra trombosis, esta vez más fuerte, quedó bastante tocado y aunque tenía algo de funcionalidad ya había que estar con él constantemente.  Enseguida sufrió otros ataques que le mermaron la poca salud que tenía y tuvo que empezar a utilizar una silla de ruedas.

Al igual que su carácter se dulcificó con la primera trombosis, con la segunda se volvió irascible, irritable, odioso y yo de nuevo empecé a desear la separación, había momentos que deseaba su muerte. ¿Qué podía hacer? En efecto dependía de él y tenía un bebé, por otro lado mi corazón no me permitía abandonarle es ese estado, era totalmente dependiente.

En fin, tengo que ser breve y no extenderme más de lo necesario. Comenzó a tener ataques de epilepsia. Yo a mi vez vivía en un estado de sufrimiento e impotencia. Solo era feliz abrazando y cuidando de mi hija.

Cuando llegué a la cincuentena me encontré cuidando indiferente de un enfermo que ya apenas era un ser humano, ya no hablaba, no conocía a nadie, era dependiente totalmente, había que asearle, darle de comer, etcétera. A esas alturas ya no le deseaba  ni tan siquiera la muerte. Sentía siempre su mirada de odio clavada en mí., como si yo fuese la culpable de su desgracia y no él de la mía. Ya no le quería, pero no tenía fuerzas para abandonarle a su suerte en algún Centro de Asistencia hasta que muriera, si no moría yo antes. Me consideraba una mujer joven pero no salía  a la calle excepto para asuntos domésticos, tanto por falta de tiempo como por desgana. A veces, me obligaba a tomar un café rápido, un cigarrillo y un vistazo a la prensa y a casa. Solo vivía para un hombre que no me quiso ni me quería y al que yo no amaba desde hacía mucho tiempo, pero al que me sentía incapaz de abandonar.

Mi hija creció sin saber lo que era tener un padre. En los pocos momentos de lucidez que él tenía, la emprendía a gritos con mi hija y conmigo. Mi hija terminó por pasar de él, intentaba no cruzarse en su camino.

Pasaron los años y él murió, aunque parezca mentira, me quedé en estado de shock, porque con el paso de los años bloqueé mi mente y mi vida giró alrededor de él. No conocí otra manera de vivir, mi rutina consistía en levantarme, asearme, después asear a mi marido, tarea nada fácil porque era un peso muerto, preparar su desayuno y dejarle si hacía buen tiempo en el jardín y si llovía, en una parte de la casa donde viese el exterior y lo más cómodo posible. Después iba a despertar a mi hija, la arreglaba y desayunábamos juntas, después la llevaba hasta la puerta de casa donde paraba el bus escolar. Toda esta rutina  hasta que mi niña fue lo suficientemente mayor para valerse por sí misma. El resto de la jornada, tareas domésticas, ejercicios con mi marido, cambiarle el pañal y lavarle cuando se ensuciaba. Salía si había que hacer algo de compra y vuelta a empezar. Estaba sola y aislada.

A día de hoy, no coordino muy bien, mi hija está preocupada por si tengo alguna enfermedad  neurológica, yo creo que simplemente estoy perdida, no sé qué hacer con mi vida, porque no conozco otra forma de vivir.

No tengo un diagnóstico firme aún, pero lo cierto es que recuerdo nombres, sin embargo confundo hechos de mi vida, fechas y mezclo vivencias, descartan que padezca Alzheimer.

Quizá tardé mucho en tomar la decisión de separarme. Quizá si hubiese hecho caso a las recomendaciones que me hacían las personas cercanas a mí y le hubiese llevado a algún centro,  ahora no nos hubiésemos muerto, porque yo estoy tan muerta como él.

Mi hija que ya estaba emancipada, se ha tenido que venir a vivir conmigo, requiero cuidados y esto me entristece. ¿Arruinaré la vida de mi hija cómo su padre arruinó la mía? No quiero esta vida para mi hija, no la quiero.

Una querida amiga me dijo un día, discutiendo si debería o no ingresar a mi marido en algún Sanatorio especializado: “Ten en cuenta que por la caridad entra la peste”.

Ahora no me cabe la menor duda que es cierto, mi caridad me llevó a vivir en el centro de la peste más corrosiva.

 

 

Nieves Angulo

 

Se lo dedico a una mujer muy especial (no sabe ella cuanto) y a todas aquellas que viven una situación similar en el anonimato. Sois una fuente de inspiración.

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¿Mis padres me querían?

Publicado 06/10/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, obesidad infantil, obesidad mórbida, nutrición, padres, anorexia, bulimia, relatos, escritura creativa, narración, endocrinologia.Nieves Angulo, nangulo.es, obesidad infantil, obesidad mórbida, nutrición, padres, anorexia, bulimia, relatos, escritura creativa, narración, endocrinologia.

Esta es la pregunta que llevo haciéndome desde hace años y que me hago ahora cuando estoy a punto de morir.

Sí, los médicos me desahucian, dicen que si yo no colaboro poco pueden hacer ellos.

Soy anoréxica  y bulímica desde mi adolescencia, ahora tengo 21 años y ningunas ganas de seguir viviendo.

Dicen que cuando te vas, que cuando mueres, la vida pasa ante ti. Mi vida lleva pasando ante mí desde el momento que tomé la decisión de dejar de comer.

Crecí oyendo a mi madre decir que era la niña más guapa del universo, que era preciosa y yo me lo creí ¿Quién no cree a su madre? Una madre no te miente, eso se da por hecho.

Sin embargo mis compañeros de colegio no opinaban igual, me llamaban gorda, me apartaban de sus juegos, no me invitaban a cumpleaños, en fin, que tuve muy pocos amigos, que yo recuerde dos niñas, casualmente igual de gordas que yo. Por supuesto no era amistad, simplemente nos hacíamos compañía.

A los 8 años empecé a mirarme en el espejo y a dudar de mi madre. Me veía a través de los ojos de mis compañeros de colegio, me veía gorda. ¿De verdad era la niña más guapa del universo, de verdad era preciosa? Lo que me devolvía el reflejo del espejo era una imagen que no parecía yo, no me identificaba con ese pequeño monstruo de cuerpo desfigurado debido a la obesidad mórbida y de cara hinchada por la gordura. Pero mi madre no podía mentirme ¿no?

Soy hija de separados y con los años he comprendido que mis padres, por conseguir su parcela de afecto, me daban todo lo que pedía si estaba a su alcance, con lo cual yo siempre me salía con la mía. Si iba a casa de papá, me atiborraba de todo aquello que me gustaba: Chuches, pastelería industrial, pizzas, perritos calientes, hamburguesas, patatas fritas, palomitas y un largo etcétera. Si estaba con mamá, ídem de ídem. No recuerdo haber llevado una alimentación sana, de hecho, ahora de adulta, no puedo comer verduras sin vomitar y no solo por la bulimia, sino porque me dan asco.

A los 8 años, como digo, me miraba y no me gustaba lo que veía y se lo decía a mamá. “Me llaman gorda y me miro al espejo y me veo así, mami, pero tú dices que soy preciosa”.  Mi madre: “No hagas caso, hija. En el mundo tiene que haber de todo, tú estás un poco más llenita, pero no importa, ya adelgazarás de forma natural, eres mi preciosa niña, la niña de mamá”.

Al cumplir los 10 años, ya no hacía deporte, me cansaba y no jugaba a nada que no fuesen juegos didácticos.

A los 12 años me bajó el periodo y mi cuerpo sufrió algunos cambios, pero seguía sin perder peso de “forma natural”, de hecho, seguía engordando. También cambié de colegio.

Si con 8 años los compañeros de clase me llamaban gorda, en el nuevo colegio simplemente no me miraban, me hicieron el vacío, no tuve ni un solo amigo y decidí acabar con mi gordura; porque no estaba “llenita” como decía mamá, estaba obesa y mi cuerpo no tenía formas, parecía un saco. Me pasaba el día llorando, pero no delante de mis padres.

Dejé de comer, sin más. Eso sí, hablé con mamá y la dije que no me trajese más comida basura a casa que yo por mi parte tampoco la probaría fuera.

Mamá obedeció y comenzó a traer más pescado, verduras y frutas, pero ya era tarde, no me gustaba casi nada de lo que traía, llevaba desde niña comiendo cosas apetitosas, pero grasientas y dulces en exceso.

De cara a mis padres comía, pero cuando terminaba me iba al váter y vomitaba. Como al rato tenía hambre, empecé a tomar barritas de las que sacian y era prácticamente de lo que me alimentaba. Granos en la cara, más llanto y soledad.

Llegó un momento que no me contentaba con vomitar, dejé de comer, así de simple. No tenía hambre y según me contaban perdía peso, estaba muy delgada, yo me veía igual de horrorosa y desde luego ni preciosa ni guapa. Sí me daba cuenta de la pérdida de pelo, a veces me quedaban mechones en las manos o en el cepillo al peinarme. Los dientes oscurecían y me dolían las encías. En fin, no sigo. Diagnóstico: Anorexia y bulimia.

Recuerdo mi vida entre la adolescencia y el inicio de la edad adulta viviendo en soledad, sin amigos, no quería amigos. Estudiando a duras penas para sacar lo justo y pasar al siguiente  curso, no quise ir a la universidad, aunque hubiese podido, tampoco quería trabajar, les pedí a mis padres algo de tiempo. Me ingresaron varias veces, pero yo seguía erre que erre, no quería comer. Me alimentaron sí o sí mediante sondas, no le deseo esto ni a mi peor enemigo.

Empecé a pasar de mis padres, sobre todo de mi madre, me había mentido desde mi infancia.

Ahora, al borde de la muerte, mi madre llora, mi padre también y yo les culpo a ellos por no frenar a tiempo mi obesidad, por consentir que comiese cosas nefastas, por engañarme y engañarse diciendo que era preciosa, cuando la realidad era lo contrario. Papá no me llamaba preciosa, ni guapa, pero le culpo igualmente por omisión y su pasividad.

Unos padres no aman más a sus hijos por consentirlos, todo lo contrario, harán de ellos personas con problemas, como es mi caso. Su deber, su muestra de amor, hubiese sido no llevarme a la obesidad y desde luego, frenarla, ser objetivos y no ciegos.

Quizá algún día les perdone, imagino que me quieren, pero su ayuda llegó tarde.

Analizando una vez más creo que me debo otra oportunidad, la que mis padres no me dieron. Me debo la oportunidad de amarme, de adelgazar de manera sana y ser feliz. Pero primero coger peso, es la prioridad.

Llamo al médico. Ya no quiero morir y sí colaborar. Sé que será duro, pero aún soy joven, aún tengo mucho que dar y que recibir.

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación y ha sido inspirado por mi preocupación al ver la obesidad mórbida en una niña pequeña debida a la nefasta alimentación y no por otros problemas.

 

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Extraños

Publicado 03/10/2014

 

Nieves Angulo, nangulo.es, amor, desamor, odio, indiferencia, parejas, relatos, escritura creativa, literatura, disimulo, rencor, libertad, risa, humor, drama.Nieves Angulo, nangulo.es, amor, desamor, odio, indiferencia, parejas, relatos, escritura creativa, literatura, disimulo, rencor, libertad, risa, humor, drama.

Estaban sentados uno enfrente del otro, como siempre, como hacía quizá, demasiado tiempo.

Ella observaba como él se llevaba una cucharada de sopa a la boca y como se iba vertiendo el contenido poco a poco mientras le manchaba la ropa porque estaba llena en exceso. Una vez llegaba la cuchara a su destino, él sorbía ruidosamente el resto que quedaba a salvo. Era molesto, bastante molesto y ella sospechaba que él lo hacía adrede. 

Ella continuó observándole en silencio durante el tiempo que duró la comida.

Seguían sentados uno enfrente del otro saboreando sus tazas de café, ella interrumpió el gesto de llevarse la taza a los labios y le miró, un pequeño estremecimiento la recorrió el cuerpo al observar a su marido, no le reconoció, se daba cuenta que tenía enfrente de sí a un extraño.

Sonrió enigmáticamente y él alzó la mirada y preguntó - ¿por qué sonríes?

Ella sin contestar volvió a concentrarse en su taza de café, pero no se le iba de la cabeza el descubrimiento que acababa de hacer y la decisión que acababa de tomar.

Se preguntó por millonésima vez en esos años ¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo dejó de amar a ese hombre, es más, le amó alguna vez?

Rememoró sutilmente el proceso, primero el desamor, después, a la desilusión por el descubrimiento, le siguieron días de odio o quizá rencor y luego nada, solo indiferencia.

Posiblemente, aunque a ella la parecía que había ocurrido en ese instante, la decisión se llevaba gestando meses, quizá años...y volvió a sonreír.

Se sintió libre, viva y sobre todo resuelta, audaz.

El seguía observándola en silencio sin entender muy bien las sonrisas que de vez en cuando se dibujaban en los labios de ella.

Volvió a mirarle mientras se servía otra taza de café y sé pregunto de nuevo ¿Cuándo ocurrió? ¿Cuándo dejó de amar a ese hombre ¿Desde cuándo vivía con un extraño?

No reconocía sus facciones, señal inequívoca de que hacía tiempo que no le veía, le miraba, pero no le veía.

Fue hoy, en una milésima de segundo cuando fue consciente al 100 % de su decisión porque al fin se enfrentó a sus sentimientos, sin miedo, sin censuras, desprovista de toda emoción, fría, así tenía que ser.

No recordaba cuándo hicieron el amor por última vez, ni cuándo recibió el último beso en los labios, sin embargo si recordaba la frialdad e indiferencia en el gesto.

Mientras paladeaba el café se siguió haciendo preguntas, se interrogaba sin descanso.

¿Cuándo dejé de reír?

¿Cuándo dejé de mirarme al espejo y arreglarme como una autómata para salir a la calle?, sin ninguna ilusión, ni de verme, ni de que me vieran.

¿Cuándo dejaron de hacerme “gracia” sus comentarios?

¿Cuándo dejé de soportar sus defectillos, antes pasables y ahora insoportables.

¿Desde cuándo vivo con un extraño?

….Y volvió a sonreír porque acababa de tomar una decisión.

Volvería a salir a la calle después de contemplarse detenidamente al espejo, para gustarse, para gustar.

Volvería a salir a la calle en busca de sus risas, antaño perdidas y ahora olvidadas.

Volvería a buscarse, para descubrir que la mujer que fue, aún estaba ahí, esperando a ser encontrada de nuevo

Dejaría de hacer un papel de secundaría en la obra de teatro que es la vida.

Tomaría de nuevo las riendas de su vida, pero para ello tenía que volver a encontrar a esa mujer agazapada y escondida.

...Y sonrió de nuevo al futuro que se abría ante ella.

Su marido la miraba y pensaba...

¿Desde cuándo estoy con esta extraña?

¿Cuándo empezó a aburrirme?

¿Cuándo dejó de importarme?

¿Cuándo dejé de amarla?

Ella depositó despacio la taza en el platillo y abandonó el comedor.

Se arregló con esmero, como no lo había hecho en mucho tiempo, tomó su bolso, miró que llevase algo de dinero y las tarjetas de crédito, llenó un pequeño neceser con lo más imprescindible para su aseo personal.

- Me voy - le dijo.

- ¿Volverás muy tarde? - preguntó él.

- No volveré - respondió ella dando media vuelta.

Pero un día volvería para hablar, para formalizar ciertos trámites...pero ahora no, de momento no, tenía mucho que hacer, tenía que descubrirse y volverse a querer.

Cuando ella abandonó la casa....

...ambos sonreían.

Se habían quitado un peso de encima, el peso del disimulo, se sentían libres.

 

Nieves Angulo

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Ella y él, él y ella

Publicado 02/10/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, madres, hijos, parálisis cerebral, amor fraternal, artrosis, artritis, hernia discal, relatos, escritura  creativa.Nieves Angulo, nangulo.es, madres, hijos, parálisis cerebral, amor fraternal, artrosis, artritis, hernia discal, relatos, escritura creativa.

Ella parió en casa como se hacía entonces, al marchar la comadrona ya notó algo en él.

Él nació con daño de parto.

Ella a los tres meses de parir comprobó que el niño no actuaba con normalidad. No se sentaba y si lo hacía se iba hacía un lado, no tenía estabilidad.

Él intentaba mover el bracito derecho y la piernecita derecha, pero solo le respondía la parte izquierda.

Ella le llevó al médico y éste le dijo que el niño no estaba bien y  mandó que lo llevara a la Calle Reina Victoria en Madrid, a la Cruz Roja a hacer gimnasia y fortalecer sus pequeños miembros.

Él estuvo yendo en los brazos de mamá a la Cruz Roja desde los tres meses a los dos años y medio aproximadamente, le dolía y le cansaba, pero mamá lo llevaba.

Ella estaba exhausta porque además de llevar la casa, cargar con su niño, que ya iba pesando lo suyo, también era sastra pantalonera.

El médico la dijo que creía que no podían hacer mucho más por él, pero que le iba a hacer un test mental junto con otros niños que más o menos tenían unas dolencias similares a las de su hijo.

Él hacía los test que le ponían sin ninguna dificultad, colocaba sus piezas, ponía sus colores correspondientes, no tenía ningún problema, es más, tampoco tenía paciencia al ver lo torpes que eran los otros niños y les hacía los test, tenía entonces dos añitos y medio, casi tres, era muy listo.

Ella esperó ansiosa los resultados. Diagnóstico: Parálisis Cerebral. Paradójicamente esta enfermedad, te merma físicamente pero la inteligencia está intacta, el médico  dijo que ellos no podían hacer mucho más por su hijo, era inteligente y mucho, pero que por la parte física no podían hacer más, la recomendó que lo llevase al Hospital Puerta de Hierro en Madrid.

Él seguía yendo en los brazos de mamá y se daba cuenta que pesaba. En el sitio nuevo le hicieron muchas pruebas y ejercicios, de hecho a los cinco años logró caminar un poco, unos cinco metros y sin caerse, pero al final cayó.

Ella escolarizó a su hijo, por supuesto, le llevaba a un colegio del barrio de Vallecas que era y es donde viven, que estaba aproximadamente a medio kilómetro de su domicilio, en brazos, por esos tiempos no tenía silla de ruedas, ni existían ayudas sociales, tampoco había ningún autobús que la dejase cerca, así es que…

Él tiene un carácter abierto y sociable, en el colegio no tuvo ningún problema, los compañeros le querían y le quieren.

Ella asistió dolorosamente a las operaciones que hicieron a su hijito, que fueron muchas, pero no consiguió andar.

Él es tauro, empecinado y trabajador, así es que se propuso jugar al fútbol y a los catorce años lo hacía pero de rodillas, menudo era él.

Ella veía con orgullo que a su hijo le querían los compañeros y cuando iba a llevarle al colegio o bien a buscarle, todos la querían ayudar, cargaban con Juan que así se llama mi héroe, mi amigo. Los compañeros fueron cogiendo confianza y ya no le soltaban hasta dejarle en casa, ella se emocionaba, había gente buena después de todo.

Ella se llama Pepi y tuve el placer de conocerla en Canarias, la admiré y la quisé según la ví tirando de la silla de ruedas de Juan, sin quejarse, con valentía y saliendo a todos los sitios, a todas las excursiones, a la playa, a la piscina.

Para mí, Pepi es algo así como una maestra, alguien de quien aprender. Cuando en este país apenas había divorcios o separaciones, ella dio puerta a su marido (ludópata él) que se jugaba hasta lo que no tenían, prescindió del poco dinero que aportaba o que le quedaba después de jugar y se quedó ella con sus tres hijos.

Pepi luchó para conseguir ayudas para taxis, una silla de ruedas mejor y automática y un largo etcétera… no para ella, sino para Juan, su hijo, su vida.

Pepi tiene una artritis o artrosis, siempre me lío con estas enfermedades, pero tiene dolores y más dolores, sin embargo su cara se ilumina en una ancha sonrisa cuando habla de su vida y su hijo y cuando la conoces te enamoras de ella, es irremediable. Ha superado un cáncer. Tiene dolores continuos de espalda debido al arrastre de 3 hernias discales y aunque es valiente y mucho, tiene miedo a quedarse, debido a sus dolencias, en silla de ruedas y no poder atender a Juan. Me comenta por teléfono; "imagina, Nieves, los dos en silla de ruedas". Yo la respondo que sus hijas y sus yernos no les abandonarían, ella lo sabe, pero no la consuela. ¡Animo, Pepi!

Cuando escribo este relato, Pepi tiene 75 años, me dice que quiere vivir hasta los 103 jajajaja, ha criado a tres hijos, Juan y dos hijas a las cuales no ha desatendido en ningún momento y ahora, me dice orgullosa, cuido de mis nietas y se ríe, ¿cómo no quererla?

Su ex volvió años más tarde a sus vidas en un estado deplorable y ella aunque no había amor, lo dejó quedarse en casa porque tiene un inmenso corazón. Su ex, estuvo ingresado en un Hospital de Cercedilla donde le amputaron un talón y luego el otro. En la actualidad está en una residencia y en silla de ruedas. Sigue sin preguntar por su hijo, como si Juan no existiese, le desprecia.

Juan tiene 50 años, un humor fino e irónico, parecido al mío, cuando hablamos ponemos a parir a la Casa Real y los políticos en general entre risas y más risas. Juan no da lástima ni quiere darla, tiene amigos entre los que me encuentro, es una amistad la nuestra de no vernos todos los días, pero cuando hablamos, parece que seguimos la conversación que habíamos dejado solo media hora antes, cómoda y sin disimulos, así es nuestra amistad. Puedes hablar con él de su dolencia, incluso gastar bromas y chanzas, él es el primero en hacerlas, en abrir la veda. Es aleccionador

Juan me escribe con su mano “buena”, con dificultad pero con tesón que de eso anda sobrado.

Pepi y Juan, Juan y Pepi, os quiero y admiro.

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Antes de publicar este relato les he pedido permiso para dar sus nombres y poner una foto de Juan, les he mandado una copia y esta es la respuesta textual de Juan.

“eh dice esta mujer que le ha gustado mucho. yo creo que esto como guion de hollywod no tiene precio. ya me veo en L.A. viendo como recojes el oscar al mejor guion. jjeejeee

nos gusto muchoooooooooo. besoos.”,

Insisto ¿no es para quererlo?

Este es mi humilde homenaje a dos de las personas más maravillosas que he tenido el inmenso placer de conocer y contar con su amistad.

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Ahora, llévenme a la cárcel

Publicado 01/10/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, maltrato machista, violencia de género, violencia machista, relatos cortos, escritura creativa, literatura, amor, violencia.

Diecinueve años, se dice pronto.

Diecinueve años de palizas, desprecios, humillaciones y un sin fin de “mierda” más en mi vida, por mi bien, porque me ama.

Pero ¿qué queréis? Soy responsable de 3 hijos, ellos no pidieron nacer, fue mi elección, yo los parí, yo los traje al mundo, es mi obligación estar con ellos y hacer su vida llevadera hasta su mayoría de edad, hasta que ellos sean capaces de pilotar su vida.

¡Claro! que no soy masoquista, en estos años con mi verdugo ha habido de todo.

Cuando me dio la primera bofetada dejé de hablarle...entonces me dio una paliza.

Cuando me dio la primera paliza no le dejé hacerme el amor...entonces me dio otra paliza....y así sucesivamente “acción/reacción”

Siempre en silencio, siempre sigilosamente, metódicamente, mis hijos nunca fueron testigos cuando eran niños. De adolescentes ya fue más difícil la ocultación y el disimulo.

La única alegría de mi vida era ver crecer a mis hijos, traté de educarles en igualdad, hecho que me ocasionó más de un golpe, pero aquí no transigí, fui inflexible, me negué a educar a la niña como niña y a los dos niños como tales, les enseñé a compartir todo y a jugar los mismos juegos, les obligué a hacer sus camas, recoger la mesa, limpiar sus habitaciones, a los tres por igual, no quería que en un futuro los dos chicos se creyesen superiores a su hermana por el mero hecho de ser varones.

Cuando el mayor tuvo 15 años decidí dejar a mi maltratador por primera vez, hablé con él una noche en el dormitorio. Delante de mis hijos nunca...nunca.

Como respuesta recibí un puñetazo en el hígado y al día siguiente cuando fui a sacar dinero de lo que yo creí la cuenta común para hacer la compra, no pude sacar nada, había sido anulada mi firma. Posteriormente me enteré que nunca estuvo la cuenta corriente a nombre de los dos, solo a nombre de él, pero me autorizaba a sacar dinero y esa mañana me desautorizó y abrió otra cuenta u otras a nombre de él. Le llamé por teléfono y me lo explicó añadiendo que ¿dónde iba a ir sin dinero?, me dijo que en el cajón de su mesilla de noche, encontraría dinero para la compra y que todos los días me dejaría una cantidad.

Empecé inmediatamente a preparar mi futuro, comencé la “sisa”

Abrí una cuenta corriente en otro banco con la pequeña cantidad de 15 €, todos los días ingresaba una cantidad, a veces solo 2 €, pero para mí, la cantidad era suficiente, iba sumando, de eso se trataba, de ir sumando.

Yo llevaba ausente del mercado laboral 16 años, no sabía de ordenadores, ni tenía currículo, seguí con mi plan de futuro, hablé con mi hijo mayor y empezó a darme clases de informática, yo por mi parte cuando supe usar lo suficiente el ordenador, comencé a dar clases on line de cursos de interés.

Mis hijos me dijeron que me separase, aunque de niños nunca habían sido testigos de los maltratos, por suerte para mí y por suerte para mis hijos el no ver a su padre como un salvaje, si empezaron a ver alguna que otra bofetada. Las palizas las dejaba para la intimidad de nuestro dormitorio.  Mi contestación fue que no tenía preparación para el mundo laboral y no contaba con dinero, tampoco tenía ganas de enfrentarme durante años en los tribunales con su padre.

El mayor, comenzó a tratar a su padre con frialdad, lo que ocasionó que una noche me diese una de las peores palizas que recibí en mi vida.

No le denuncié nunca, porque creo que ya en mi mente se estaba empezando a forjar lo que aconteció cuando se cumplieron los diecinueve años de matrimonio.

Mi personalidad en los años que conviví con el canalla fue cambiando, solo estaba alegre y feliz las horas que pasaba con mis hijos. No conservaba ninguna amistad, él acabó con todas y me aisló.

El día que mi hijo mayor cumplió 18 años, hablé con su padre sobre una separación por segunda vez, yo ya tenía una preparación, de hecho estaba buscando trabajo, también tenía unos ahorrillos debido a mis “sisas” diarias que llevaba años realizando.

Por desgracia mi maltratador ya no disimulaba y me pegaba delante de mis hijos, les decía que me lo merecía.

Un día mi hijo mediano se enfrentó a él y el maltratador  no le pegó, pero le empujó y yo me puse delante para evitar males mayores. Como reacción, el desgraciado castigó a mí hijo un mes sin salir. Me obligó a llevarle y traerle del instituto. Quise levantar el castigo a mi hijo, pero el pobre no se atrevió, me dijo que se podía enterar su padre y emprenderla conmigo.

Como decía, celebramos el cumpleaños de mi hijo como una familia “normal” hasta hubo risas. Ya en nuestra habitación le dije por segunda vez en mi vida que le dejaba, inmediatamente me dio una bofetada y me agarró del cuello con intención de ahogarme; pero yo, ya no era yo, alcé el brazo derecho e impedí otro golpe, me fui hacia un lado y cogí con fuerza una de las lámparas de mesa y comencé a golpearle la cabeza, una vez...y otra...y otra...solo paré cuando mi hija me quitó la lámpara de la mano, parece ser que yo gemía con cada golpe que le daba y mis hijos me oyeron.

Le maté y debo confesar que me oriné cuando me di cuenta de lo que había hecho, no fue por miedo, fue de satisfacción, de pura felicidad.

Mis hijos inmediatamente quisieron limpiar todo y hacer desaparecer el cuerpo y "aquí paz y después gloria”, no lo consentí, llamé a la policía y les conté lo que había pasado.

Ahora,  llévenme a la cárcel.

Estoy a la espera de  juicio, a mi favor tengo las muchas marcas que “adornan” mi cuerpo por las palizas recibidas durante años y la herida más reciente en el cuello que analizó el médico forense.

A mi favor tengo el amor y apoyo total de mis hijos, que entendieron, comprendieron el porqué y me siguen amando.

También cuento con la ayuda de una Asociación de mujeres maltratadas que me ha proporcionado un abogado de manera gratuita.

Y sobre todo, a mi favor está que el cabrón tenía dinero y me lo dejó todo a mí, "porque me amaba", algo bueno hizo el "capullo".

Todavía soy joven y tengo a mi familia, voy a salir de esta, voy a volver a vivir.

¿Será que la vida es bella después de todo?

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación.

 

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Yo le creí

Publicado 26/09/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, relatos cortos, literatura, relatos, escritura creativa, celos, hombre engaña mujer, infidelidadNieves Angulo, nangulo.es, relatos cortos, literatura, relatos, escritura creativa, celos, hombre engaña mujer, infidelidadQue sabias son las madres y que poco hacemos caso de sus consejos. Cuando queremos remediar este error a veces es tarde.

Hay personas que no deberían formar una familia porque son incapaces de ser fieles, es superior a sus fuerzas, tienen que demostrar continuamente que saben seducir, necesitan seducir.

Me casé con el más guapo, el más popular y luego supe que el más vacío, cuando rascabas la superficie debajo no había nada de nada.

Que enamorada, que loca estaba por ese hombre.

Ahora que he obtenido el divorcio me empieza a llegar más información, el muy cabrón me puso los cuernos el mismo día de nuestra boda con una de mis primas, pero ya no duele.

Mi madre le vio el plumero en el segundo encuentro, la primera vez estuvo encantada, como todos, mi ex era encantador. Me lo advirtió: “hija ten cuidado es un hombre muy pagado de sí mismo, muy superficial”. Que sabrá ella, pensé, cuando les ven guapos enseguida dudan.

Su sonrisa podía haber anunciado el mejor dentífrico del mercado, él lo sabía, conocía muy bien sus armas de seducción y las utilizaba continuamente.

Mis 10 años de matrimonio fueron un verdadero calvario, una tortura. Cuando se habla de maltratos físicos no puedo remediar preguntar ¿y el maltrato psíquico qué? En los años que duró mi matrimonio fue maltratada mi psique de manera continuada, fui insultada y humillada. Me acusaba de ser una enferma celosa, me reiría si no fuese tan triste y patético. Nunca fui celosa, nunca, siempre estuve segura de mi misma, sabía que era un hombre hermoso pero no dudaba de su amor, que bien me supo engañar; celos, claro que los tuve, pero con motivos, le pillé en la cama con una de mis mejores amigas, ¡por favor!

Cometí muchos errores y el primero fue no ponerle de patitas en la calle cuando me enteré de que me ponía los cuernos. Estaba loca por él y me pidió perdón, hasta derramó unas lágrimas mientras me juraba que era la primera y última vez que eso iba a ocurrir...yo le creí ¡que insensata! ¿Cómo pude aguantar tanto?

No cumplió su palabra por supuesto, pero tuvo mucho cuidado, muchísimo cuidado y yo como todas las mujeres fui la última en enterarme, me llegaban rumores, “le he visto comiendo con una y sus manos no paraban de tocarla”, “ayer en la disco vi a tu marido con otra”. Le pedía explicaciones y me decía que era envidia, que si no hubiese contado por ahí su error con mi mejor amiga nadie me vendría con calumnias...yo le creí.

Llegó mi primer embarazo y su indiferencia, me decía que me quería muchísimo pero tenía miedo de tocarme no fuese a ser que dañásemos al bebé, ¡que considerado! Y yo que incauta. Hablé con mi ginecólogo y me dijo que eso eran pamplinas y mitos, que podíamos hacer el amor cuando quisiéramos, los últimos meses cuidando las posturas únicamente. Se lo dije, pero no me tocó durante la mitad del embarazo, a cambio me llenó la casa de flores y perfumes...yo le creí.

Tuvimos a nuestro hijo, una preciosidad de bebé, pero sobre todo sano y robusto, mi marido desde el principio se enamoró de él y no se separaba ni un momento de la cuna, cambiaba sus pañales y no le importaba levantarse entre toma y toma si lloraba o simplemente para verle, para contemplar su obra como decía. Respetó la cuarentena y comenzó de nuevo a hacerme el amor con un frenesí de loco enamorado, me decía que estaba orgulloso del niño que le había dado, que me amaba con locura...yo le creí.

La segunda vez que me fue infiel, bueno, que yo pensé que era la segunda vez yo estaba en un centro comercial comprando ropa para mi hijo y le vi de la mano con una mujer, se dirigían al parking, le seguí y le increpé, reconozco que me puse algo histérica, ahora siento vergüenza de mis gritos y sin embargo él ni parpadeó, me llamó loca y me mandó a la mierda. -Ya hablaremos en casa- me dijo. Me fui llorando y sintiéndome fatal. Por la noche apareció con champán y flores y me dijo que teníamos que brindar, que esa mujer era una clienta que le tiraba los tejos y él se había dejado “querer” para conseguir la cuenta y por supuesto la cuenta era suya, que solo se había dado un revolcón sin importancia...yo le creí.

Con mi segundo hijo mi vida cambió, fue un embarazo difícil y me empecé a cuestionar muchas cosas, pero sobre todo me empecé a querer de nuevo. Llevaba casi 9 años de matrimonio y me asustó no recordar cuando me reí por última vez con mi pareja, cuando salimos al cine o simplemente a tomar algo, cuando recibí el último besó apasionado o cuando me hizo el amor, con este nuevo embarazo me puso la misma excusa que con el primero, no quería dañar al bebé.

Una noche cuando quedaban apenas 2 semanas para parir le esperé despierta (llegaba siempre cuando estaba dormida) y hablé con él. Sin pensarlo le dije que ya no le quería y para mi asombro descubrí que era cierto, ya no sentía nada por él.

Me juró y perjuró que estaba loco por mí y qué iba a ser de él...esta vez no le creí.

 

Nieves Angulo

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación, pero los canallas existen.

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Amor maduro

Publicado 24/09/2014

Nieves Angulo, nangulo.es, amor maduro, amor, madurez, comprensión, afecto, sexo.Se conocieron cuando ambos habían rebasado la cincuentena.

Los dos con experiencias amatorias, él más que ella. Él siempre fue un seductor. Ella divorciada, el marido se largó con una mujer más joven, más lozana.

Ella en un principio no salía mucho, todavía estaba impactada por el abandono, pero con el paso de los meses, de algunos años, volvió a retomar viejas amistades y empezó a salir, sobre todo los fines de semana. Teatro, cenas, pub, cine.

En una de esas incursiones de fin de semana le conoció a él.

Comenzaron a salir, primero con amigos comunes, luego llegaron las citas a solas, deseaban estar solos para conocerse mejor.

Y fue surgiendo la chispita, porque al principio era eso, una chispita, apenas un amago de atracción y desde luego más que atracción física, era atracción en general.

Se entendían, se reían bastante y aunque los dos sabían que eran distintos, fueron viendo que se complementaban bastante bien.

Besos, caricias y llegó el momento del algo más…de en tu casa o en la mía.

Ella estaba nerviosa de ese primer contacto físico.

Comenzaron sus inseguridades.

No logré perder la tripa después de los embarazos.

Ninguna crema ha conseguido hacer desaparecer las estrías.

Mis pechos no están firmes y algo…qué digo, bastante caídos.

¡Ay mi dios y esta celulitis!

¿Qué dirá?

Seguro que sale por piernas.

No me desnudaré y desde luego la luz apagada, que palpe.

Sí, estaba muy nerviosa.

Por otro lado pensó que él la demostraba de mil maneras diferentes que la quería, que ya la amaba un poco, que estaba a gusto, que deseaba ese paso más.

A ella no le importaba el físico de él. Seguro que de joven había sido muy atractivo, incluso guapo, ahora, con el paso de los años, se le veía un hombre maduro, con el pelo bastante cano, que empezaba a escasear en la coronilla y en la frente, tenía tripa y algún kilo de más, sus carnes tampoco tenían mucha firmeza que se diga.

Se miró por última vez en el espejo de forma muy analítica y llegó a la conclusión de que no debía ser tan dura consigo  y si a ella no le importaba el físico de él, no veía porqué él rechazaría el suyo.

Se vieron en casa de ella que preparó cena, tomaron una copa, escucharon música pero no llegaba el relax y entonces él la besó, la abrazó, la condujo de la mano al dormitorio, la quitó el sujetador y ella se dejó hacer porque él besó sus senos, besó las estrías de su vientre que no desaparecieron después de los embarazos, tocó sus muslos y ella loca de alegría hizo todo lo posible por relajarle a él, que debido a su nerviosismo tardaba en alcanzar la erección…y fue sublime, porque la experiencia de ambos, la paciencia, el amor, suplió con creces esos ardores juveniles.

Ambos alcanzaron el clímax, no copularon simplemente, hicieron el amor, porque era amor lo que les unió esa primera noche, amor verdadero, amor maduro.

Ambos comprendieron que el amor maduro va más allá del enamoramiento que al fin y al cabo es una conjunción física y ardiente pero con fecha de caducidad y en su caso surgió después.

Ambos se amaron y se aman.

Ella goza tocando la tripa blanda y prominente de él, besando sus sienes y las arrugas de su rostro.

Ella goza cuando él la vuelve loca besando cada recoveco de su maduro e imperfecto cuerpo

¿Pero a quién le importa?

A ellos no, ellos se aman.

 

Nieves Angulo

 

 

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No soy alcohólico

Publicado 26/09/2013

Nieves Angulo, nangulo.es, alcoholismo, alcohol, delírium trémens, borrachos, borracheras, consumo etílico, clínicas rehabilitación, relatos, post, blog, drogas, vicios, adicciones.

 

Llevo unos días atroces, sudoración, visiones repugnantes que además de causarme asco me aterrorizan. Tengo lagunas. Sé que son ellos, sé que tiene que ver con la medicación que me están dando. Ellos dicen que es el “delirium tremens” jaja qué sabrán…yo no soy alcohólico.

Me ha dicho mi terapeuta que escriba mis sensaciones. Que haga memoria, que intente plasmar en esta hoja en blanco cómo me siento ahora que llevo casi un mes sin beber.

No entiendo el porqué de esta terapia, yo no soy alcohólico, puedo dejar de beber cuando quiera, pero no me da la gana, me gusta beber y punto. No sé muy bien qué hago en este "Centro de Rehabilitación" ni quién me ha traído…No sé, no recuerdo.

Aunque llevo un mes entre estas paredes sigo vomitando, sigo con visiones terribles. Ellos quieren acabar conmigo. Todo el día con sensación de mareo. Es debido a lo que me inyectan, estoy seguro.

Seguiré el rollo al terapeuta y escribiré, si es lo que quiere y eso hace que pueda salir pronto de este antro.

Dice que narre mis recuerdos, que lo haga como si se tratase de un diario, que cuente cómo y cuando empecé a beber.

Lo cierto es que en los últimos tiempos cada vez son más frecuentes mis lagunas en cuanto a memoria se refiere, tengo muchísimos espacios en blanco. Mi familia, mis amigos, me cuentan cosas que dicen que hago y yo no recuerdo, verdaderas burradas. Creo que mienten, me noto acosado, perseguido, quieren acabar conmigo.

No puedo poner la excusa que aducen muchos compañeros en terapia, la timidez. Yo nunca he sido tímido, más bien todo lo contrario, soy muy extrovertido. No, no, la timidez no fue nunca un problema para mí.

Más bien diría que no fui nunca consciente de beber en exceso ya que desde muy pequeño beber en mi entorno era cotidiano, es lo que veía, con lo que crecí.

En casa todos bebían. Yo me tomé mi primera copa con apenas 11 años, recuerdo que fue en el cumpleaños de mi madre, en broma o no, de repente me vi con una copa de champán en la mano y después de esa primera, me bebí otras tres. No me gustó el champán, me producía gases y me hacía eructar, el sabor no era particularmente agradable, pero estaba frío, entraba con facilidad y yo me sentía muy adulto, haciendo cosas de mayores. Ese día enganché mi primera borrachera, pero fui feliz, mis padres, no solo no me regañaron, sino que les hizo mucha gracia verme en ese estado, simplemente me mandaron a la ducha y luego a la cama a dormir.

Se creen que estoy tonto, que no me entero, pero sé que ponen esos bichos y ese ruido ensordecedor para que pierda el norte, no sé con qué fin, pero ya lo averiguare, de momento les haré el caldo gordo.

Ahora escribiendo estas líneas, pienso que mis propios padres me dieron el pistoletazo de salida para mi carrera etílica.

Como ya he escrito, para mí, era normal beber, en casa lo hacían todos. Por supuesto después de esa primera borrachera, mis padres no me dieron más alcohol, yo les pedía un poco de vino en la comida y me decían que el día del cumpleaños fue un extra, pero que era muy niño para beber. Sin embargo, yo no entendía porqué no me dejaban beber aunque fuese un poquito, ellos bebían y mucho, una copa en el aperitivo, vino durante las comidas y otra copa para amenizar la sobremesa. A media tarde tomaban otra copa y durante la cena se repetía el ritual del mediodía. No debía ser tan malo cuando ellos lo hacían ¿no?

La verdad es que después de esa primera vez, ya no paré de beber, me gustaba, no tanto el propio sabor, como el hecho de hacerlo a escondidas, por rebelión y por hacer lo que ellos hacían. Los comienzos fueron divertidos, furtivamente me bebía todo lo que quedaba en el fondo de los vasos, apuraba las copas, sí, era divertido.

No soy alcohólico, yo controlo, yo no ando por la calle en estado de embriaguez y bebiendo cualquier cosa. Sé comportarme, aunque no es lo que me dicen, pero eso es para mantenerme aquí, encerrado,  dudo que sea cierto.

Aunque estas malditas lagunas en mi mente…no sé.

Mi mujer me ha dejado, dice que soy un mal ejemplo para nuestros hijos, todo el día bebiendo.

Ignoro quién me ha enviado a este Centro, pero casi estoy seguro que ha sido ella, esta bastarda, quiere quedarse con todo, la casa, el negocio, mis hijos.

¿Qué sabrá ella? Yo bebo lo normal, lo que bebe la gente, si acaso cuando salgo a tomar unas copas por la noche bebo un poco más, 5 o 6 Gin-Tonic, es mi bebida favorita, pero es normal cuando se sale ¿no? Yo aguanto bien.

A veces tengo problemas de concentración en el trabajo, pero es normal, hay mucho estrés.

Vuelvo a tener la mente en blanco ¿Esto lo he escrito yo? Me quieren volver loco.

¿Qué quieren de mí?

Yo no soy alcohólico. Yo controlo. Ahora me voy a la cama, vuelvo a estar mareado y no sé, no recuerdo bien cómo he llegado a esta sala.

¿Quién es usted, qué hago aquí, quién ha escrito esta sarta de mentiras?

Voy a vomitar…

 

 

Nieves Angulo

 

NOTA: Este relato es fruto de mi imaginación. Pero si los adultos fuman y beben en exceso, como algo normal y cotidiano, delante de sus hijos ¿Con qué catadura moral van a exigir a sus vástagos que no lo hagan?

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El último beso

Publicado 05/09/2012

N.Angulo,  nangulo.es,  relato,  drama,  amor,  muerte,  soledad,  pareja, besar.

 

Anoche nos enfadamos por una minucia, por tonterías y además por algo que realmente no nos concernía, por terceras personas. 

Anoche no nos dimos un beso de “buenas noches”…y me duele. 

Cuando comenzamos como pareja nos prometimos evitar irnos a la cama enfurruñados y aunque estuviésemos mosqueados, aún así, besarnos. 

Esta mañana todavía teníamos el ceño fruncido y por supuesto apenas nos hemos dirigido la palabra. 

Esta mañana no nos hemos dado un beso… 

…Y no ha sido el último beso, porque no hubo beso.

A las doce de la mañana han llamado a la puerta, dos hombres han preguntado por mí y se han presentado como   policías. Inmediatamente me he puesto a temblar y me he temido lo peor. 

Y lo peor ha ocurrido. Mi amor ha fallecido…en un accidente. 

Han pasado unos meses desde su fallecimiento y en este tiempo he reflexionado y he aprendido una lección. No me gusta esta manera de aprender lecciones, tan dura, pero al menos, he aprendido. 

…He aprendido que nunca, y digo bien, nunca, debemos acostarnos con nuestra pareja sin dar y recibir un beso de “buenas noches”. 

…He aprendido que nunca, y digo bien, nunca, debemos despedir a nuestra pareja en la puerta sin un hasta luego y sin un beso de despedida…porque… 

…Porque puede ser el último beso. 

Lloro todos los días, a todas horas, a cada minuto, a cada segundo y me retuerzo de remordimientos por no haber dado a mi pareja un beso de despedida. Por no haber abrazado su cuerpo por la noche y no haber dado en su boca ese beso de “buenas noches”. 

Lloro porque nuestro último día juntos fue atroz, porque nuestra última mirada estaba llena de resentimiento…porque no nos besamos, porque no nos perdonamos, porque no nos reímos de esos enfados tan estúpidos. 

…He aprendido que pase lo que pase, debemos besar a la persona que amamos. A la persona que elegimos y nos eligió para caminar juntos, para formar un hogar, una familia. Demostrarle a cada segundo, si, ya sé, un segundo es muy efímero ¿Pero no lo es la muerte también? Digo… demostrarle a cada segundo la intensidad de nuestro amor. 

…¿Y cómo? Con gestos, con palabras, con miradas, con “toques”, pero sobre todo con un beso… 

…Porque no sabemos si será el último beso. 

Y así, nuestra conciencia no nos jugará malas pasadas. Nuestra mala conciencia por no habernos despedido con un beso lleno de amor, no nos impedirá conciliar el sueño. 

Siempre, siempre, besa a tu pareja. 

Siempre, siempre, demuestra tu amor.

Siempre, siempre besa como si fuese la última vez. 

No sabes cuando puede convertirse ese gesto… 

…En el último beso.

  

Nieves Angulo

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