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Emociones

Publicado 05/01/2015

 

Nieves Angulo, nangulo.es, Bee Gees, fiebre del sabado noche, grease, juventud, adolescencia, música, discos vinillos, emoción.

Me he levantado como cada mañana y después de tomarme un café, no sé por qué, he sacado del baúl de los recuerdos de “You tube”, las primeras canciones del grupo Bee Gees, magníficas y éxito asegurado en las listas musicales del mundo, cada vez que sacaban un vinilo de 45 rpm.

Este acto tan simple, ha sido el inspirador del post de hoy y mientras lo escribo, párrafo a párrafo, recuerdo a recuerdo, voy oyendo las canciones de este grupo tan ligado a mi infancia y adolescencia.

No he podido remediar o tal vez no he querido remediarlo, el ponerme nostálgica, han surgido como por ensalmo recuerdos del pasado; cuando los domingos por la mañana, mientras ayudábamos a mi madre a recoger y limpiar nuestra pequeña casa, poníamos el tocadiscos, regalo de “Reyes” que nos hicieron nuestros padres; me imagino, que consideraban que lo merecíamos y de paso ellos, también lo disfrutaban, les encantaba la música.

Normalmente, no comprábamos el LP de ningún grupo o cantante, a veces no nos gustaban todas las canciones que contenía el disco y no estábamos para tirar el poco dinero que teníamos; entonces recurríamos a los vinilos de 45 rpm que traía dos canciones.

Los domingos por la mañana mi casa era una fiesta, menos mi padre, que trabajaba, estábamos todos en casa.

En el edificio donde se encontraba mi piso, había una tahona, de hecho el edificio pertenecía a los dueños de la panadería. El domingo que coincidía con primero de mes, desayunábamos más caprichosamente; éramos cinco hermanos y echábamos a suerte, quién bajaba los cinco pisos corriendo, a por ensaimadas recién hechas, o suizos, o cualquier bollo y lo tomábamos con leche fresca, ya fuese invierno o verano, la leche tenía que estar fría, sino, no nos gustaba a ninguno. Este era uno de los pocos gustos que teníamos en común, cinco hermanos y todos muy distintos.

Después del desayuno como ya he dicho, zafarrancho en la casa, escuchando a The Bee Gees u otro grupo o cantante cualquiera y mis hermanas y yo, cantando sus canciones a voz en grito en un inglés incomprensible,  luego, mientras mi madre hacía la comida, nos íbamos a la calle hasta la hora de comer, eso sí, cada uno por su lado, cada cual con sus amistades.

The Bee Gees me acompañaron en mi infancia y durante los primeros años de mi adolescencia.

Bailando lentito sus canciones, me enamoré infinidad de veces, sentí los primeros labios extraños en los míos y las primeras caricias tímidas, de otro adolescente tan avergonzado como yo, por estas novedades de los sentidos.

Antiguamente los discos estaban en las listas de éxitos mucho tiempo. También se daba la circunstancia de que una canción alcanzaba el éxito en EEUU, por ejemplo, un año y el disco, no se publicaba en España, al menos hasta dos años después de ser un boom en otros países.

Como la música siempre ha sido una de mis pasiones, iba a la búsqueda de emisoras de radio, donde pusiesen éxitos extranjeros, era fenomenal, a veces oía canciones que nunca se publicaban en España. Había una emisora, que era mi preferida, dónde te informaban de tiendas de discos en las que se vendía música de ediciones limitadas, es decir, cuando se acabasen esos discos, no se encontrarían más en el país; gracias a esta emisora, me hice con una discografía que posiblemente hoy, algún coleccionista “mataría” por tener.

Nunca me gustaron los 40 principales a día de hoy, tampoco.

Hoy mis ojos se han humedecido un poco, embargados por los recuerdos y la nostalgia, aquí estoy, con mi depresión crónica, llora que te llora.

Mi madre, de nuevo, como cada día, ha estado presente en ellos.

Las viejas canciones de este grupo me han traído; sabores, a bollería recién horneada, de desayunos dominicales, a panecillos tiernos, para la merienda; olores, a tortilla de patatas, con un toque de cebolla, recién hecha, pimientos, cocido madrileño y sobre todo recuerdos familiares e inocentes, de cuando las únicas lágrimas vertidas, se debían a la emoción de escuchar una canción de The Bee Gees o de cualquier otro artista, a alguna regañina por parte de mis padres o profesores por mi mal comportamiento, a carreras por el pasillo de casa, con mis muletas y el pesado aparato ortopédico que abrazaba mi pierna izquierda...son, en fin, tantos y tantos recuerdos.

Hoy, tantos años después, he vuelto a escuchar a The Bee Gees y he vuelto a llorar silenciosamente con sus canciones, más bien, por el sonido de sus voces e instrumentos; porque mi inglés, sigue siendo una asignatura pendiente, que creo que seguirá pendiente por los siglos de los siglos.

Hoy, he vuelto a ser una niña feliz.

 

Nieves Angulo

Enlace: Kilburn Towers-Gee Gees