La versión de su navegador no está debidamente actualizada. Le recomendamos actualizarla a la versión más reciente.

Toda la verdad sobre Juana la loca (I)

Publicado 05/01/2016

Nieves Angulo, nangulo.es, biografias, Península Ibérica, Toledo, lenguas romances, reyes católicos, juana la loca, locura, amor, los austrias, España.

 

La reina Juana fue la tercera hija de Fernando II y de Isabel I, los Reyes Católicos.

Nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479 y fue bautizada con el nombre del santo patrón de su familia.

Demostró desde muy niña una inteligencia fuera de lo común, recibiendo a su vez una esmerada educación propia de una infanta.

Juana fue alumna aventajada en comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras y manejos propios de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música, entrenamiento como jinete y el conocimiento de lenguas romances propias de la península Ibérica.

Tuvo varios preceptores, pero destacaron dos principalmente, el sacerdote dominico Andrés de Miranda y la amiga y tutora de la reina Isabel, Beatriz Galindo, apodada «la Latina»; también se encargó de la educación de Juana su madre a tiempo parcial, ya que sus deberes de gobierno no pudieron dejar mucho tiempo para ocuparse de una hija a la que según se comentaba en la corte, «nunca llegó a entender y dirigir».

Así creció Juana, que además de inteligente era bellísima, según los cánones de belleza de la época.

Pronto, no obstante, se manifestó en Juana una vena mística que pretendió encauzar haciéndose monja; en cambio, los RRCC tenían distinto plan para la atractiva Juana, habían concertado un matrimonio de conveniencia para su hija.

Cuando Juana se enteró de que sus padres la iban a casar, aconteció lo que llamaron el primer ataque de locura. No fue tal, lo que tuvo fue un conato de ira, que dejó a los monarcas desubicados, ya que Juana, siempre había sido una niña modélica que no decía una palabra más alta que otra.

Es cierto que tiró afeites al suelo y otros utensilios de menaje de sus habitaciones, chilló y dio una bofetada a su preceptora Beatriz. Fue al salón del trono y pidió explicaciones a sus progenitores, pero una vez calmó su furia, volvió a ser la de siempre, pidió que la dejaran retirarse a sus aposentos para descansar y meditar sobre su futuro.

Una vez sola, dio rienda suelta a sus impulsos, siguió tirando frascos, almohadones y todo lo que iba encontrando a su paso mientras chillaba.

¿Cómo la podían hacer esto sus padres, cómo podían desposarla? Apenas tenía 16 años. No podía contraer esponsales con un desconocido, no y no, recapacitaba enfurecida.

Nadie sabía y sobre todo no podían saber que estaba locamente enamorada del chambelán Prudencio, ella no quería casarse, deseaba seguir de amoríos clandestinos  con su Pru, como le llamaba en la intimidad de sus dependencias, ¡pardiez!!!

Ella disimulando sus furores uterinos durante meses y meses delante de la corte, haciendo creer a todo el mundo que quería ser monja, cuando lo que realmente hacía era preparar su huída de palacio…y ahora…esto -pensó.

¿Qué podía hacer?

 

 Nieves Angulo

 

 

Enlace: (Introducción)

Los Austrias